Fernando Ónega
Opinión

Una mujer de 95 años

Fernando Ónega
pepita
Onega Fogonazos

 

No sé si han dicho su nombre, pero no me importa. Me importa que es una mujer que he visto en televisión. Una mujer de 95 años. El personal sanitario del Hospital Puerta de Hierro la despedía entre aplausos de celebración porque a su edad había superado la enfermedad. Le había ganado al coronavirus. Una gran victoria que yo también quiero celebrar con entusiasmo. He ahí la noticia humana que desmiente todas las teorías de que los mayores caen de forma inevitable. He ahí a la anciana –con 95 años se es una anciana– que sobrevivió y se curó. Me quedo con ganas de salir a la calle a gritar que no hay derecho a esas prácticas que afirman que quien tiene pocas esperanzas de vida no deben ser atendidos en las UCI. Me quedo con ganas de ponerme a la puerta de todos los hospitales con una pancarta que proclame el derecho a la atención médica de personas que otras personas dan por desahuciadas. Me quedo con ganas de escribir en el Boletín Oficial del Estado un ¡Viva la vida! sobre todos los diagnósticos pesimistas, agoreros y contagiosos. La vida existe. Incluso para esa señora de 95 años que no sé muy bien si sobrevivió o resucitó. Pero vive.

 

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