Joaquín Ramos López
Opinión

Agradecer, una empatía de ida y vuelta

Joaquín Ramos López
Gracias

Camino con frecuencia, casi a diario, salvo inclemencias o achaques esporádicos. Practico así un ejercicio físico saludable y necesario que me compensa y evita la aburrida gimnasia activa. De paso, me entretengo cavilando con mi pensamiento y hasta ideo lo que puedo decir en el blog.

Precisamente caminando durante uno de mis paseos urbanos, alguien me espetó un "¿qué hora es?". Fue a una cierta distancia, ni siquiera se acercó. Me ‘desconecté’ y le miré, dudé dos segundos si le respondía, pero decidí hacerlo informándole tras consultar el reloj. Y se fue, sin más.

La secuencia no me resultaba nueva. En poco tiempo me han consultado cosas por la calle varias veces, quizás por casualidad. Me parece bien normalmente y respondo lo que sé con satisfacción.

Unas veces se trata de saber la hora o de una dirección urbana, otras de un lugar singular o sobre una curiosidad a la vista. Y cierto es que respondo también, para negar lo solicitado, a otro tipo de peticiones que ‘circulan’ cada día más.

La gente pregunta, necesitan saber y eso está bien, pero pregunta mal. Quiere saber lo que le interesa pero le importa un comino quién le informa. Ni saluda al ‘entrar’ ni lo pide educadamente y, satisfecho o no, se va sin despedirse.

Yo me quedo preguntándome ¿qué se ha hecho del hola, por favor; gracias, adiós? o algo similar. ¿Qué ha pasado con esa costumbre de buena educación, que debiera ir pareja con la solidaridad humana? Ya no parecen convenirnos tanto.

Aquel “buenos días, por favor, ¿tiene usted hora?” de mi infancia, que limitaba poseer reloj de pulsera hasta recibir el primer sueldo, es ahora un rara avis, incluso un riesgo de sentirte mal ubicado socialmente; una extrañeza para quien pudiendo quiere contestar. Y después está la retirada con un “puedo, vale”. No se sabe si le gusta la hora, si tiene suficiente, ni tampoco si procede decir “adiós, muchas gracias”.

Agradecer y sentirse agradecido; dar y recibir las gracias resultará normalmente causa y razón de empatía. Porque tan importante es estar agradecido y decirlo a quien las mereció por la ayuda recibida como de éste verse satisfecho con el reconocimiento del favorecido.

Gracias es una palabra que puede usarse con frecuencia y resulta fácil hacerlo en cualquier parte, pues se encuentra entre las primeras que aprendemos en otros idiomas al viajar a otros territorios y hasta incorporamos su traducción como nota simpática de nuestro coloquio.

Me gusta distinguir entre varias circunstancias u ocasiones en las que cabe darse las gracias:

1 - Unas gracias educadas: si pedimos la hora, si nos ceden el paso, si nos ayudan con el peso, si nos ofrecen el asiento en el autobús,…

2 - Unas gracias públicas: al final de un espectáculo, tras recibir el discurso de un conferenciante, como premio a una demostración,…

3- Unas gracias cumplidas: a modo de saludo, de despedida, de respuesta al interés prestado,…

Y también diferencio tipos de agradecimiento:

1 - De quien, desde el escenario, el atril, el estrado, devuelve a su público el aplauso u ovación que está recibiendo.

2 - El que siente que prestó un favor relevante en particular ayuda y el favorecido asume la humildad de agradecérselo sinceramente.

3 - El reconocimiento colectivo por salir bien de una mala situación global, dedicando a quienes facilitaron un resultado feliz o minimizaron la desgracia, agradeciendo sus demostraciones de afecto y satisfacción.

Por último, debo referirme a la gratitud. La que la especie humana debemos a la vida y todo lo que nos rodea. Pero, en este caso no haré mi reflexión, sino que le ofrezco amigo lector, acceda y escuche, cuando menos empezar y decidir según considere seguir viendo este vídeo, que recibí en un chat -gracias estimada Ana E. Lladó- y encontrarás aquí:

También sugiero escuchar esta bonita canción de Pablo Alborán:


Joaquín Ramos López es abogado y autor del blog Mi rincón de expresión​.