Las olas de calor en las personas mayores

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Las olas de calor en las personas mayores Miia

En un artículo firmado por la periodista Laura Paddinson, de la CNN, el calor récord que ha azotado Europa esta semana en junio habría sido “prácticamente imposible” hace tan sólo unas décadas, y la crisis climática provocada por el ser humano es “inequívocamente culpable”. 

La actual ola de calor es la “más severa jamás registrada en la región”, según un estudio publicado el viernes 26 de junio por World Weather Attribution, una red científica que analiza el papel del cambio climático en la generación de fenómenos meteorológicos extremos.

Gran parte de Europa se ha visto asfixiada por una persistente cúpula de calor que cubre el continente, atrapando el aire caliente y provocando un calor y una humedad extremos y peligrosos.

Según los científicos, el mundo se ha calentado casi 2 grados Fahrenheit (1,1 grados Celsius) en los últimos 50 años, lo que ha aumentado enormemente las probabilidades de que se produzcan olas de calor extremas.

En España, más de 200 personas han fallecido a causa de la ola de calor en tan solo cuatro días, según estimaciones del sistema de seguimiento de la mortalidad del país, publicadas el jueves. Pero, ¡alerta al dato!: 200 de las defunciones calculadas por el MoMo (Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria) para este periodo se han dado en personas mayores de 65, sobre todo en las de más de 85, grupo que suma 148.

La pregunta que nos hemos de plantear es la siguiente: ¿por qué los mayores somos más vulnerables al calor?

Antes de responder la pregunta es preciso señalar que esas cifras de mortalidad constituyen un fenómeno complejo y la complejidad no admite respuestas simples. 

No obstante, creo que se pueden desglosar tres grandes grupos de factores. 

En primer lugar, las condiciones en las que viven muchas de las personas mayores de 65 años. Aquí hay que incluir la pensión de jubilación que, en la actualidad, es de 1572,8 euros mensuales.  El gasto medio mensual de un hogar formado por jubilados mayores de 65 años en España se sitúa entre 1.300 y 1.600 euros (unos 16.500€ anuales. El paquete de vivienda, agua y energía es el que representa el mayor desembolso, alcanzando entre un 35% y un 45% del presupuesto doméstico. Otro dato es el que se refiere al porcentaje de viviendas lideradas por mayores de 65 años que disponen de aire acondicionado: Según datos del INE es del 35,5 %. Es decir, que un 65% de hogares de jubilados mayores de 65 años ni dispone de aire acondicionado. 

Ese es un dato que nos indica la vulnerabilidad derivada de las condiciones de la vivienda. 

En segundo lugar, los factores de mayor vulnerabilidad que influyen en las personas mayores son:

  • La disfunción del sistema termorregulador. El centro termorregulador se encuentra situado en un núcleo del cerebro, el hipotálamo. Este núcleo recibe información de los termorreceptores de la piel y de los órganos internos. Si la temperatura se desvía del rango ideal (36°C a 37.5°C), el hipotálamo activa mecanismos automáticos para disipar o conservar el calor. Con la edad, la activad de este núcleo se ralentiza y ello provoca una menor percepción de los cambios de temperatura así como una menor reacción y respuesta ante ellos. 
  • Alteración del centro regulador del equilibrio hidro-electrolítico y menor percepción de la sensación de sed. La sed es regulada principalmente por el hipotálamo, que actúa como un termostato de líquidos. Detecta la concentración de sales y la disminución del volumen de agua en la sangre, enviando señales inmediatas de alerta para ingerir líquidos y restablecer el equilibrio. Con el paso de los años se enlentece el sistema y no cumple de manera adecuada su función, disminuyendo la sensación de sed y la necesidad de beber, incluso cuando el proceso de deshidratación ya ha comenzado. 

En tercer lugar, nos encontramos con un factor que incide de una manera considerable en las personas mayores: la polimedicación. En efecto, muchos de los medicamentos consumidos por las personas mayores pueden alterar la regulación térmica del organismo y agravar los efectos del calor. Veamos cuáles son estos medicamentos. 

  1. Medicamentos cardiovasculares. Se trata de fármacos que se prescriben para la tratar la hipertensión arterial, prevenir los coágulos sanguíneos y facilitar la función de bombeo del corazón. En este grupo se encuentran: los diuréticos (furosemida, hidroclorotiazida), los betabloqueantes (atenolol), los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (enalapril), los bloqueadores de los receptores de la angiotensina II (losartán) y los antiplaquetarios. 
  2. Los psicofármacos. Se trata de medicamentos utilizados para el tratamiento de la depresión, la ansiedad y los trastornos psicóticos. En el grupo de los antidepresivos destacan los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (fluoxetina, paroxetina, sertralina y citalopram). Dentro de los antipsicóticos destacan la risperidona, que se utiliza también para tratar las complicaciones psiquiátricas de las demencias, la quetiapina y la olanzapina. Estos fármacos dificultan el control de la temperatura.  
  3. Los anticolinérgicos. Prescritos para el tratamiento de la enfermedad de Parkinson. Estos medicamentos inhiben la sudoración. 
  4. Los antihistamínicos. Utilizados para el tratamiento de las alergias y las picaduras de insectos. 

Debe señalarse que se trata de fármacos muy usados por las personas mayores; en ocasiones, de manera combinada, lo que acentúa el riesgo de sufrir un golpe de calor. 

Para resumir, las personas mayores son especialmente vulnerables al calor debido a múltiples factores: sociales, económicos, fisiológicos y farmacológicos. Los sociales y los económicos se pueden combatir, entre otros medios, con los refugios climáticos (bibliotecas, centros cívicos, parques con sombra); los fisiológicos, con medidas que favorezcan la hidratación (beber agua aunque no se tenga sed), utilizar ropas ligeras, usar gorras, evitar las horas más calurosas. Los farmacológicos, quizá los más complejos, ya que no se pueden dejar de tomar; sin embargo, hay que ser muy cuidados en las indicaciones, las dosis y las interacciones farmacológicas. 

Al igual que ocurre en otros ámbitos, la lucha contra los efectos de las olas de calor, que serán cada vez más frecuentes, exige esfuerzos a las administraciones, pero también apunta a la responsabilidad de toda la ciudadanía, incluidos los mayores. 

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