Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

Cuando la compra se hace vicio

Ramón Sánchez-Ocaña
Pareja de compras

Existe una compra convulsiva y sin duda, se puede constatar una auténtica adicción a la compra. Los especialistas dicen que el comprador convulsivo tiene "una dependencia, una necesidad de comprar superior a su voluntad y es incapaz de controlarse". El problema suele estar asociado a un cuadro de ansiedad o problemas de adaptación. El 80 por 100  de los casos de compras compulsivas se da en mujeres, amas de casa de entre 40 y 60 años, que han perdido la motivación y suelen padecer un trastorno obsesivo.

Por su parte, el prof. Alonso-Fernández, incluye la compra compulsiva  entre las “adicciones sin droga” junto al alimento, el trabajo, el sexo o el juego.

¿Y cuándo llega a ser un problema la compra? Los especialistas lo tienen claro: cuando se depende de ello, aunque no se reconozca.

Porque en ocasiones la compra se convierte en la recompensa ante algún sufrimiento y se llega a considerar lo que se compra como una gratificación por el sufrimiento o como recurso defensivo. Otras veces aparece una “necesidad irresistible” de poseer un objeto, que se vive con nerviosismo cuya tensión aumenta si no se compra y que se calma al adquirirlo.

El hombre también lo padece. Lo que ocurre es que son distintos los objetivos de unos y otros. Si es varón, no se le ocurrirá llenar la bolsa de cosméticos; pero es posible que compre discos que ya tiene o aparatos electrónicos que no entiende, pero que ya entenderá, o accesorios para el coche. Cada uno tiene “su” manía.

Entre los adictos se produce con mayor incidencia la cleptomanía, es decir que se lo llevan por las buenas. Y si no, van a esas tiendas de “todo a cien” o esos bazares chinos en donde los compradores compulsivos pueden, por poco dinero, adquirir  muchas cosas.

El retrato robot de quien padece este problema es: mujer, de 35 a 40 años, de cualquier nivel social. Puede tener problemas de integración en la familia (cansancio, monotonía, rutina, frustración, fatiga...).

Y estos son los síntomas: Deseo incontrolado de adquisición de ropa y complementos en cantidad y precio exagerado; adquiere objetos superfluos e innecesarios; tiene la compra como un consuelo y en consecuencia tiene un culto desmedido a marcas.

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