Martín Berasategui revela su truco para que la salsa de tomate no quede ácida
El chef cree que la clave está en la cocción
La salsa de tomate es una de las preparaciones más habituales en las cocinas españolas, pero también una de las que más problemas da cuando queda demasiado ácida. Para evitarlo, muchas personas recurren al azúcar o a la harina, dos ingredientes que alteran el sabor original y no siempre son la opción más saludable.
El chef Martín Berasategui, uno de los grandes referentes de la gastronomía española, propone una solución mucho más sencilla y natural: confiar en el propio tomate y en una cocción adecuada.
Según explica el chef, la acidez del tomate no se corrige añadiendo ingredientes, sino cocinándolo el tiempo necesario. Cuando la salsa se hace a fuego lento, el tomate pierde parte de su agua, se concentra su sabor y aparece su dulzor natural, sin necesidad de enmascararlo con azúcar.
Además, elegir tomates maduros y de calidad es fundamental para conseguir un buen resultado final.
Cómo hacer una salsa de tomate sin acidez: paso a paso

Este es el método recomendado por Berasategui para lograr una salsa equilibrada y sabrosa:
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Preparar las verduras. Lava y trocea tomates maduros (preferiblemente tipo pera). Pela y pica una cebolla, uno o dos dientes de ajo y, si te gusta, un poco de pimiento rojo o verde.
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Sofreír lentamente. En una cazuela grande, añade un buen chorro de aceite de oliva virgen extra y sofríe primero la cebolla y el ajo a fuego medio-bajo, hasta que estén blandos y ligeramente dorados.
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Añadir el tomate. Incorpora el tomate troceado y remueve bien para que se mezcle con el sofrito. Puedes añadir una pizca de sal y alguna hierba aromática, como laurel u orégano.
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Cocinar sin prisas. Deja que la salsa se cocine a fuego bajo durante al menos 30-40 minutos, removiendo de vez en cuando. Este tiempo es clave para que la acidez desaparezca de forma natural.
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Triturar y ajustar. Una vez cocinada, tritura la salsa hasta obtener la textura deseada. Prueba y ajusta de sal si es necesario.
El resultado es una salsa de tomate suave, equilibrada y mucho más digestiva, ideal para acompañar pasta, arroz, verduras, carnes o pescados. Además, se puede congelar en porciones y tener siempre lista para cualquier comida.
