Miriam Gómez Sanz
Salud
Así afecta la tristeza a la salud del cerebro
La neurología alerta de su impacto en memoria, emociones y riesgo de enfermedades
Según datos recientes de la Sociedad Española de Neurología (SEN), más del 10% de la población adulta en España afirma sentirse triste o descontenta siempre o la mayor parte de las veces.
Las mujeres declaran tristeza con mayor frecuencia que los hombres y el dato es especialmente llamativo entre la población joven. Más del 17% de las personas entre 18 y 34 años reconoce sentirse triste de manera constante o casi constante, frente al 6,5% de los mayores de 60 años.
"Cuando realizamos la encuesta incluimos un apartado relativo al estado emocional, ya que sabemos que tener una actitud positiva, el buen humor y la risa fortalecen nuestro cerebro y que, por el contrario, un estado de tristeza sostenida en el tiempo produce alteraciones cerebrales que impactan en la salud", comenta el Dr. Jesús Porta-Etessam, presidente de la SEN. "No solo se producen cambios químicos en el cerebro, sino que el volumen y la conectividad de ciertas áreas cerebrales también se ven afectados".
En concreto, disminuyen neurotransmisores esenciales para la comunicación entre neuronas, como la serotonina, la dopamina o la noradrenalina, y se reduce la densidad de la sustancia gris, clave para procesar la información. A corto plazo, esto puede traducirse en problemas de concentración, memoria o gestión emocional. A largo plazo, el impacto es mayor.

Depresión y riesgo neurológico
Cuando la tristeza deriva en depresión, el riesgo para la salud aumenta de forma significativa. Según datos del informe Depresión y Neurología de la SEN, haber sufrido depresión incrementa un 66% el riesgo de ictus, duplica el de epilepsia y Alzheimer, y triplica el de Parkinson. Además, el 60% de los pacientes con depresión padecerán cefalea y hasta un 10% de los nuevos casos de Alzheimer podrían estar relacionados con antecedentes depresivos.
El vínculo también es bidireccional. "La depresión no solo es un factor de riesgo para ciertos trastornos neurológicos, sino que también agrava los existentes", señala el Dr. Porta-Etessam. En pacientes con patologías como Alzheimer, Parkinson, epilepsia o esclerosis múltiple, la depresión acelera el deterioro cognitivo, aumenta la discapacidad y empeora el pronóstico.
Los pacientes neurológicos con depresión tienen un riesgo hasta diez veces mayor de fallecer por ictus, el doble de riesgo de desarrollar una epilepsia farmacorresistente y presentan un mayor nivel de deterioro cognitivo en enfermedades como el Parkinson, el Alzheimer o la esclerosis múltiple. Asimismo, la presencia de depresión aumenta la frecuencia y la intensidad de los ataques de migraña, con una alta probabilidad de que se cronifique, así como de los brotes de la esclerosis múltiple.

