Salud

Lo que necesitas saber sobre el síndrome de fragilidad en personas mayores

Toni Esteve

Foto: Bigstock

Domingo 19 de julio de 2020

3 minutos

Actuando sobre la fragilidad, se puede prevenir la discapacidad y mantener mayor autonomía

Lo que necesitas saber sobre el síndrome de fragilidad en personas mayores

La fragilidad constituye hoy una de las áreas prioritarias en la investigación geriátrica a nivel internacional. Según la Sociedad Iberoamericana de Información Científica (SIIC @SIICsalud), las personas mayores en riesgo de deterioro funcional son aquellas que “conservan su independencia de manera inestable y que se encuentran en situación de riesgo de pérdida funcional, bien porque tienen una serie de factores de riesgo para tener deterioro, o bien porque tienen ya un deterioro incipiente en su funcionalidad, todavía reversible, sin causar aún dependencia ostensible”.

Por su parte, la Guía de la buena práctica clínica en geriatría, de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (@seggeriatria), dice que la fragilidad se podría definir “como un síndrome que se caracteriza por una disminución de la fuerza y de la resistencia, con un incremento de la vulnerabilidad frente a agentes estresores de baja intensidad, producido por una alteración en múltiples sistemas interrelacionados, que disminuye la reserva homeostática y la capacidad de adaptación del organismo, predisponiéndole a eventos adversos de salud, mayores probabilidades de dependencia e incluso muerte”.

Actuando sobre la fragilidad, se pretende prevenir la discapacidad y mantener el mayor grado de autonomía en cada persona. Según el documento Detección y manejo de la fragilidad en Atención Primaria (SIIC, 2014) , algunos de los factores de riesgo que se tienen en cuenta para la detección del anciano frágil son los siguientes:

  • Edad avanzada (en general, si es mayor de 80 años).
     
  • Hospitalización reciente.
     
  • Caídas de repetición, alteración de la movilidad y equilibrio.
     
  • Comorbilidad o pluripatología, fundamentalmente si tiene enfermedad osteoarticular (artrosis, fractura de cadera, dolor osteomuscular, etc.), sensorial (trastorno de la visión y audición), cardiovascular (ictus, cardiopatía, insuficiencia cardiaca), y mental (deterioro cognitivo, depresión, psicopatología). Aunque la comorbilidad se ha asociado muchas veces a fragilidad, hay que tener en cuenta que no son lo mismo.
     
  • Deficiente soporte o condicionantes sociales adversos (pobreza, soledad, incomunicación, viudedad reciente).
     
  • Polifarmacia o polimedicación (consumo de forma continuada de cinco o más fármacos de manera habitual) o determinados tipos de medicamentos, especialmente aquellos con efecto sobre el SNC: neurolépticos, antidepresivos, ansiolíticos y analgésicos opiáceos.
     
  • Deficiente estado nutricional
Prevalencia de la fragilidad

 

Otra manera potencial de detectar ancianos frágiles se basa en la consideración de un estado “preclínico de la fragilidad”, en base a la determinación de marcadores biológicos. Según el informe del SIIC, estos marcadores pertenecen al sistema músculo-esquelético (sarcopenia y disfunción de las fibras musculares), endocrino (testosterona, leptina, hormona del crecimiento/IGF-1, cortisol, testosterona, dihidroepiandrosterona o vitamina D), mediadores de la inflamación e inmunidad (citocinas, PCR), albúmina, e incluso cromosómicos. De todos ellos, el más estudiado es la inflamación, y se ha propuesto que la fragilidad constituye un estado inflamatorio crónico de bajo grado.

El informe también enumera algunas de las principales recomendaciones en el manejo y tratamiento de la fragilidad:

  • Mantenimiento de la actividad y el ejercicio físico de cierta intensidad, adecuado a las características de la persona.
     
  • Mantenimiento de un adecuado estado nutricional.
     
  • Correcto abordaje de cuadros clínicos específicos y enfermedades crónicas (depresión, diabetes, osteoporosis, artrosis, episodios cardiovasculares y su prevención, etc.), síndromes geriátricos (delirium, incontinencia, deterioro cognitivo, inestabilidad y caídas, desnutrición) y otros que se relacionan entre las causas de fragilidad y dependencia.
     
  • Revisión periódica de la medicación habitual; considerar su indicación, y evitar el uso de medicación inadecuada en el paciente mayor, interacciones, yatrogenia y en la medida de lo posible la polifarmacia. Considerar también la indicación de fármacos recomendables por sus condiciones clínicas (“criterios START”).
     
  • Evitar o disminuir la repercusión de situaciones estresantes a las que son más vulnerables las personas mayores, como es la hospitalización (cambio en su medio ambiente, nuevas medicaciones, enfermedades agudas o reagudizaciones de las crónicas, inmovilidad… y conlleva pérdida de función al alta en alto porcentaje, que puede dejarle en un nivel inferior posteriormente).
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