Salud

Hasta un 20% de los casos sospechosos de demencia son en realidad depresiones

Laura Moro

Domingo 26 de abril de 2026

8 minutos

Expertos alertan del infradiagnóstico de esta enfermedad mental en mayores de 65 años

"Hasta un 20% de los casos sospechosos de demencia son en realidad depresiones"
Laura Moro

Domingo 26 de abril de 2026

8 minutos

Normalizar la tristeza a cualquier edad puede tener como consecuencia que muchos cuadros depresivos pasen desapercibidos en la consulta, especialmente a partir de cierta edad.

Para entender la gravedad del asunto, es necesario fijarse en los datos; según la Fundación Ramón Areces, el 50% de los casos de depresión en España permanece sin diagnóstico, una cifra que en el colectivo de mayores de 65 años se ve agravada por la tendencia de los pacientes a somatizar el dolor emocional en quejas físicas, según advierte la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).

Y es que, tal y como nos explica a 65YMÁS Lydia Giménez Llort, catedrática en Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona, es un “error pensar que la edad es un factor de riesgo de depresión. El problema, para la experta, es que “existe una tendencia a abordar a las personas mayores desde un modelo biomédico clásico, centrado en lo orgánico, sin integrar suficientemente los factores psicológicos y sociales”.

Por su parte, Eduardo Delgado, médico especialista en Psiquiatría y Geriatría, nos cuenta que actualmente existe una tendencia que invita a considerar que "el envejecimiento es un estado patológico que preludia inevitablemente la muerte y que aboca al sujeto a atravesar un camino de enfermedad y pérdida de capacidad, que lo constituyen. Ahí la tristeza formaría razonablemente parte de un devenir sin potencial de cambio. Sería lo “normal”. En todo caso, la tristeza es absolutamente normal a cualquier edad”. 

El experto considera que es importante “tomar conciencia de cómo nosotros entendemos, actuamos e interaccionamos con las personas mayores es clave. También diferenciar tristeza y depresión. La edad no es un factor de riesgo de depresión en personas mayores. Que algo resulte más probable en un grupo de edad en comparación a otro, no lo convierte en un elemento para explicarlo”.

Y es que uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los propios mayores es, en palabras de Manel Sánchez, uno de los mayores expertos en Psicogeriatría en España, el autoedadismo: “Muchas personas mayores, cuando experimentan síntomas de depresión, pueden atribuirlos a las adversidades por las que han pasado o están pasando, y no son capaces de calibrar que lo que necesitan es ayuda médica. Así, explican su malestar por esas adversidades y consideran que ‘es lo que les toca’, que no es motivo para acudir al médico, haciendo que muchas depresiones se cronifiquen o se agraven", afirma Sánchez.

Esta discriminación por edad es también para la catedrática parte del problema en el abordaje clínico: “Cuando reflexionamos sobre el edadismo, el punto crítico es que tratamos a la persona mayor como si fuera un adulto más, sin considerar que la etapa de vejez es dinámica y compleja. Por ejemplo, en pediatría nadie administraría un medicamento a un niño con la dosis de un adulto. Sin embargo, en personas mayores esto sí puede ocurrir, y ahí se evidencia el edadismo”.

Llort considera que es necesario que en edades más avanzadas se lleve a cabo un “abordaje distinto al de un adulto estable, de 20 a 50 años”. Para la catedrática, la vejez necesita un “abordaje integral, similar al de pediatría y diferenciar entre el  envejecimiento normal, la patología y la interacción entre ambos”. 

Esto es especialmente importante porque “los rangos de normalidad se confunden y se mezcla lo que es normal por edad con lo que es patológico”, apunta la catedrática, que nos lo explica de la siguiente manera: “Es esencial hablar de heterogeneidad más que de envejecimiento”, ya que esto es lo que nos ayuda a “identificar depresiones. En la vejez hay pérdidas inevitables: jubilación, hijos que se van, muerte de seres queridos. Todo esto impacta en la salud mental”, asegura.

La razón por la que el exceso de consumo de sal causa depresión. Bigstock

 

Delgado opina lo mismo y por eso cree que el "médico ha de estar abierto a situar el cuerpo que se presenta más allá de lo empírico y conocer a la persona".

Para Llort "el médico de familia es clave porque conoce la historia clínica completa, incluso de la familia, lo que permite anticipar problemas y coordinar con enfermería y otros profesionales". Y ve necesario que "a partir de los 75-80 años, la atención requiere un equipo multidisciplinar que monitorice enfermedades crónicas y síntomas, como dolor o depresión, de forma continua". En este sentido, la catedrática asegura que los profesionales sanitarios están continuamente formándose a lo largo de toda su carrera.

Sánchez cree que "no solo los médicos de atención primaria, sino cualquier profesional que tenga contacto con personas mayores, debe saber que, aunque ciertos síntomas sean más frecuentes con la edad, no siempre son normales".

Por eso, "es importante una mayor sensibilización social y sanitaria, más recursos, más profesionales formados y evaluaciones sistemáticas del estado de ánimo, igual que se hace con la tensión o el azúcar, para detectar a tiempo la depresión".

El papel del entorno

Si bien el papel del médico es esencial para que el mayor tenga un diagnóstico y reciba un tratamiento adecuado, en el caso de las depresiones, el entorno también es clave: "La familia, los amigos, al igual que el personal sanitario, están más familiarizados con síntomas y signos tangibles como fiebre, hipertensión, diabetes, por ejemplo. Sin embargo, si la persona mayor camina de un modo diferente, deja de manejar dispositivos móviles, no se entretiene el mismo tiempo ni de la misma manera, la respuesta es 'son cosas de la edad'", nos explica Delgado.

"Esta vertiente edadista es particularmente perjudicial para la salud de la persona mayor. La edad no explica que la persona mayor deje de hacer o haga de un modo diferente algo que antes hacía. Y no sirve la comparación con otra persona de la misma edad. La referencia es el transitar de uno mismo. Y ahí el entorno tiene un papel determinante en la posibilidad de detectar ese cambio y el sistema en darle un valor diferente a la edad", añade el experto.

Sánchez considera que el problema también es que el entorno "tiende a ver justificable ese malestar por motivos como pérdidas recientes, problemas de salud o cambios propios de la edad avanzada". Degado cree que "poco a poco vamos mejorando, pero todavía cuesta". 

No confudir depresión con demencia

Un paciente con demencia acompañado por un familiar. (Bigstock)

 

Sabiendo ya el papel tan importante que juegan los profesionales sanitarios y el entorno en la detección de señales que indiquen que algo no va bien, Sánchez pone sobre la mesa otra confusión muy habitual: "Envejecer no implica necesariamente un deterioro cognitivo o una demencia. La demencia es una enfermedad más frecuente con la edad, pero no es una condición normal ni inevitable. De hecho, hasta un 20% de los casos sospechosos de demencia son en realidad depresiones", aclara.

El psiquiatra nos cuenta que en "Atención Primaria, por ejemplo, es habitual utilizar herramientas para evaluar la cognición, incluso sin que el paciente consulte por memoria. Sin embargo, es menos frecuente que se evalúe el estado de ánimo con instrumentos sencillos que permitirían detectar cuadros depresivos".

Sánchez asegura que a nivel cognitivo, "cuanto más intensa es la depresión, más problemas cognitivos pueden aparecer. Existe incluso la llamada ‘pseudodemencia depresiva’, en la que una depresión grave puede simular una demencia".

Al parecer, "la depresión en mayores se manifiesta de forma diferente: es menos habitual que expresen tristeza espontáneamente. En cambio, aparecen apatía, indiferencia, quejas cognitivas o síntomas físicos.También son frecuentes los dolores, problemas de sueño, pérdida de apetito o peso, que pueden llevar a investigar causas físicas antes que emocionales", expone el psiquiatra.

"Y una de las complicaciones más graves es el riesgo de suicidio. En personas mayores, especialmente a partir de los 80-85 años y en varones, las tasas de suicidio consumado son más altas que en jóvenes. Mientras que en jóvenes puede haber un suicidio consumado por cada 30 intentos, en mayores puede haber uno por cada 3 o 4 intentos. Esto obliga a estar muy vigilantes", afirma Sánchez.

El psiquiatra nos explica que en consulta "muchas veces no se pregunta directamente por pensamientos suicidas por pudor o miedo, o por la falsa creencia de que preguntar puede incitar. En realidad, suele ayudar a que la persona exprese su malestar. Esto ocurre también con otros temas, como la sexualidad o los síntomas psicóticos, que a veces no se exploran por prejuicios. Sin embargo, son preguntas clave para detectar riesgos". 

Un riesgo que puede ser un poco menor si la sociedad, el entorno, los profesionales y los propios mayores dejan de creer que estar triste es normal por el simple hecho de ser mayor, y se liberan de los prejuicios edadistas que nos hacen creer que no hay que prestarle atención a los cambios de humor o a nuestro estado de ánimo, porque, como afirma Llort "cada persona mayor es única, con sus propias fortalezas, limitaciones y necesidades".

Sobre el autor:

LauraMoro

Laura Moro

Laura Moro es graduada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid. Su trayectoria profesional comenzó en Onda Cero Talavera. Actualmente, escribe sobre temas de actualidad y cultura, realiza tareas de community management y coordina eventos.

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