Medicina preventiva

Cómo prevenir y curar las uñas encarnadas en los dedos de los pies

Mariola Báez

Lunes 25 de febrero de 2019

2 minutos

Esta patología requiere un tratamiento específico que siempre debe determinar un podólogo

Uñas encarnadas: prevención y tratamiento (Bigstock)

Aunque la llamemos uña enterrada, uñero o uña encarnada, el nombre de esta patología es onicocriposis, tal y como señala el Colegio Profesional de Podología de la Comunidad de Madrid (COPOMA) y se produce cuando, por algún motivo, las uñas del pie, generalmente la del dedo pulgar, crecen en exceso, alcanzan el borde del dedo y acaban “enterrándose” en la nuestra propia carne.

Puede tratarse de un fenómeno superficial, que se soluciona cortando la uña de forma apropiada, pero si esa uña se ha encarnado realmente a un nivel considerable, provocándonos una herida, la consulta con un profesional de Podología debe ser inmediata. Las uñas encarnadas pueden llegar a resultar muy dolorosas, afectando a la propia pisada y a la movilidad general.

A la hora de establecer las posibles causas de esta patología, los podólogos señalan que puede tener orígenes diversos. En ocasiones, es alguna alteración en el hueso que crece bajo la uña la que la provoca; otras, puede deberse a que la propia uña presenta alguna anomalía como una desviación o el hecho de ser excesivamente ancha. También es habitual que la uña encarnada sea fruto de pisar mal y no distribuir el peso corporal de manera correcta o simplemente que su origen esté en un mal corte que ha hecho que la uña crezca torcida.

uñas encarnadas visita podólogo (Bigstock)

Prevención y tratamientos posibles de uñas encarnadas

Si no existen alteraciones biomecánicas –las que afectan a la forma de andar–, ni tampoco has tenido un traumatismo por un golpe en el pie que haya podido incidir también en la uña, en principio, unos cuidados básicos de los pies que incluyan el corte periódico de las uñas deben ser suficientes para no tener que pasar por la dolorosa situación de tener una uña encarnada que parece "un clavo" que no deja de hacernos daño. Pero también podemos realizar unas prácticas básicas, muy sencillas, que ayuden a prevenirlas como:

  • Las uñas de los pies siempre han de cortarse rectas, sin utilizar tenacillas o cortacutículas para apurar en el recorte de los bordes, porque, con ellas, podríamos hacernos daño y, además, contribuiríamos a un mal crecimiento de la uña.
  • Utilizar calzado adecuado y de la talla exacta para evitar presionar la punta de los dedos y también el excesivo roce al andar.
  • No tocar nunca la uña si ya está encarnada porque podrías provocar un daño mayor.
  • Prestar atención a cualquier anomalía en el pie que podamos detectar, por ejemplo, una desviación en el hueso que podría derivar en un “juanete”.

En cuanto al posible tratamiento, es el podólogo quien debe determinarlo. En algunos casos bastará con un corte adecuado y la aplicación de las necesarias medidas antisépticas que eviten cualquier infección. En situaciones más graves, de uñas que provocan heridas profundas, puede ser necesaria la intervención quirúrgica.

 

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