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Cuándo aparece la osteonecrosis y cómo afecta a los mayores

Teresa Rey

Foto: Bigstock

Domingo 12 de enero de 2020

3 minutos

Si el hueso no recibe suficiente flujo sanguíneo, sus células mueren y aparece este trastorno

Cuándo aparece la osteonecrosis y cómo afecta a los mayores

Los huesos son organismos vivos que necesitan un suministro constante de sangre para estar en condiciones óptimas de salud, ya que están compuestos de células vivas. A veces ocurre que una alteración del organismo hace que no llegue la cantidad suficiente de flujo sanguíneo al tejido óseo, lo que puede ocasionar que sus células se mueran y provocar un hundimiento del hueso. A este proceso se le llama osteonecrosis y, aunque puede padecerlo cualquier persona, es más habitual en hombres y en edades comprendidas entre los 30 y 60 años. A este trastorno se le conoce también como necrosis avascular, aséptica o isquémica.

Por qué se produce

Cuando el hueso no recibe la sangre suficiente para funcionar correctamente se colapsa, algo que también puede extenderse a las articulaciones que lo rodean. De este modo, causa dolor, artritis y una limitación de la movilidad. Dependiendo de los síntomas, en algunos casos será necesaria una cirugía de reemplazo articular. Asimismo, al hundirse puede aparecer una artritis degenerativa o artrosis en las articulaciones cercanas, sobre todo en caderas y rodillas.

Todos los huesos son susceptibles de sufrir este fenómeno, pero los más afectados suelen ser el fémur, que se encuentra en los muslos, el húmero o la parte superior de los brazos, las rodillas, los hombros o los tobillos.

Osteonecrosis

En la aparición de osteonecrosis influyen varias causas como, por ejemplo, el hecho de haber sufrido un traumatismo grave que interrumpe el suministro de sangre al hueso. Un hueso roto o dislocado, además de una lesión en la articulación, a veces desembocan en daños en los vasos sanguíneos cercanos.

Usar corticosteroides, sobre todo en dosis altas y durante un tiempo prolongado, es otro elemento desencadenante. También una ingesta excesiva de alcohol, que provoca la acumulación de sustancias grasas en la sangre, o tener lupus eritematoso sistémico.

Luego hay otros factores de riesgo menores como la enfermedad por descompresión o enfermedad descompresiva en buceadores, trastornos sanguíneos como la anemia drepanocítica, el síndrome de anticuerpos antifosfolípidos (APS, por sus siglas en inglés) y anticoagulantes lúpicos, la infección por VIH, estar recibiendo radioterapia o quimioterapia, la enfermedad de Gaucher o el trasplante de órganos, entre otros.

Dolor y limitación de movimientos

El síntoma más característico de la muerte celular del tejido óseo es el dolor y esto puede provocar a su vez limitaciones en la movilidad. Al principio de la enfermedad es posible que no se manifieste ningún síntoma, lo cual repercute negativamente en el diagnóstico y posterior tratamiento.

Después, las articulaciones son las que más van a acusar esta alteración, pues pueden presentar molestias aun estando en reposo. Estas serán leves o intensas, en función del estado del hueso, ya que si este se ha colapsado junto a la propia articulación, es probable que el dolor sea limitante.

Para detectar este trastorno no hay solo una prueba, de modo que si el médico sospecha nos pedirá someternos a distintos procesos. Los primeros indicios son los factores de riesgo asociados al dolor localizado. En el caso de que se presente en la cadera, las molestias suelen surgir en la ingle, y si es en la rodilla, suele aparece al incrementar la carga de peso o al andar.

Enfermedades de los huesos

Cómo se diagnostica y trata

Lo más común es efectuar una radiografía de la zona afectada y otros estudios de imágenes como gammagrafías óseas o resonancias magnéticas (RM). Hay posibilidades de que se solicite una densitometría o una biopsia del hueso.

Las personas que tienen osteonecrosis requieren tratamiento en la mayoría de los casos. Si se detecta de forma precoz, generalmente se prescriben medicamentos para calmar el dolor. Además, se puede establecer una limitación en la carga de peso en la zona afectada.

Para quitar peso a la articulación dañada, en ocasiones se recomienda limitar las actividades o utilizar muletas, ya que esto le permite mejorar un poco. Si se hace en combinación con medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE), a lo mejor se consigue evitar o posponer la cirugía. A la par, se puede aconsejar la realización de algún ejercicio para aumentar la extensión del movimiento o la estimulación eléctrica que, en ocasiones, se emplea para promover el crecimiento del hueso.

Los objetivos de la terapéutica se encaminan a mejorar la articulación, evitar que la lesión avance y proteger huesos y articulaciones. A veces esto no se logra, de modo que algunos pacientes se tienen que someter a procedimientos quirúrgicos para calmar el dolor e intentar evitar el hundimiento del hueso. En la actualidad existen cuatro tipos de cirugías para abordar este problema: cirugía de descompresión del núcleo, osteomía, injerto de hueso y reemplazo total de la articulación.

Es nuestro médico el que nos indicará la mejor opción en función de nuestra edad, la etapa en la que se encuentre el trastorno y la causa que la ha desencadenado. Si por ejemplo se debe al consumo de alcohol y esteroides, hasta que estos no se supriman probablemente ningún otro tratamiento sea efectivo.

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