Medicina preventiva

Los beneficios del yoga para personas mayores que sufren artritis

Victoria Herrero

Foto: Bigstock

Martes 13 de agosto de 2019

2 minutos

Gracias a esta disciplina milenaria, estos pacientes experimentan una mejoría en su calidad de vida

Los beneficios del yoga en caso de artritis en personas mayores

Cuando hablamos de artritis hacemos mención a una patología que afecta a 1 de cada 5 personas, independientemente de su edad. Sin embargo, es una enfermedad que tiene una importante incidencia en las personas mayores que sienten ese dolor en las articulaciones, en muchas ocasiones crónico, acompañado de un cansancio físico.

Por suerte para estos pacientes hay todo tipo de tratamientos que tratan de paliar, en la medida de lo posible, esas molestias y mejorar su calidad de vida.

Y el yoga es una de las disciplinas deportivas que resulta muy beneficiosa en estos casos tal y como demuestra un estudio de la Universidad John Hopkins de Medicina (@HopkinsMedicine). Así, estos investigadores defienden que la práctica regular de yoga hace que estos pacientes experimenten menos dolor, se mejore su estado de ánimo y puedan una llevar una vida más o menos normal pese a vivir con esta patología que afecta a su articulación. Por si fuera poco, estas personas notan cómo sus músculos se relajan y se mejora la circulación sanguínea. 

Los beneficios del yoga en caso de artritis en personas mayores

Algunas posturas recomendadas

Uno de los tipos de yoga más adecuados para estos pacientes que sufren artritis es el viniyoga; una modalidad que no resulta complicada ya que sus asanas son muy adaptables y se pueden modificar según las características físicas y la destreza de cada persona que las practique.

También son recomendadas en este caso aquellas posturas suaves que se realizan sentado en el suelo o el conocido como yoga restaurativo cuyo objetivo es relajar, descansar y activar la energía del cuerpo y la mente.

Así, algunos de los ejercicios recomendados para estos casos son:

  • Sentados en el suelo cruzamos las piernas (lo que la flexibilidad de cada uno permita), y comenzamos a hacer giros con el tronco con las manos apoyadas en las rodillas. 
  • En la misma posición inicial hacemos una torsión del cuerpo llevando la mano derecha hacia atrás (la mirada también se dirige a esta zona), mientras la mano izquierda reposa sobre la rodilla derecha. Hacemos esta misma postura con el brazo contrario. 
  • Doblamos una manta como si fuera un rollo y lo colocamos en el suelo sobre una esterilla. A continuación, nos tumbamos de tal manera que la cabeza descanse en el suelo y la manta quede debajo de las escápulas. Ponemos los brazos extendidos detrás de la cabeza y las piernas flexionadas. Permanecemos así un par de minutos mientras hacemos respiraciones profundas. 
  • Nuestra última postura se realiza sentados sobre la esterilla con las piernas juntas y estiradas. Cogemos una pierna, la flexionamos y la posamos sobre el muslo de la pierna contraria. Agarramos el tobillo con las manos y empezamos a hacer giros. Repetimos el mismo movimiento con la otra pierna. 
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