Sociedad

El burro, el animal con el que hacen terapia las personas con alzhéimer de las residencias de Huelva

Pablo Recio

Sábado 21 de diciembre de 2019

1 minuto

Un programa de la asociación El Burrito Feliz realiza estas terapias en estos centros andaluces

El burro, el animal con el que hacen terapia las personas con alzhéimer de la provincia de Huelva
Pablo Recio

Sábado 21 de diciembre de 2019

1 minuto

Las terapias con animales para personas con alzhéimer llevan años realizándose en diferentes centros residenciales de España. Ya sea con perros, halcones, búhos, gatos u otras mascotas, está demostrado que el contacto con muchos de estos animales puede ser beneficioso para personas con demencia, tanto a nivel psicológico como físico. Por esta razón, Luis Manuel Bejarano, presidente de la asociación el Burrito Feliz, una organización que cría burros en el parque natural de Doñana (Huelva), decidió que podía ser una buena idea acercar estos animales, generalmente dóciles, a los mayores que viven en las residencias de la provincia y realizar terapia con ellos. 

Y no lo hicieron sin conocimiento de causa, fue a raíz de mucho tiempo de estudio del comportamiento de estos animales, puesto que adaptar los equinos a las personas con alzhéimer requiere meses de entrenamiento. "Trabajé en Cuba en el Acuario Nacional e hice terapia con delfines. Fue entonces cuando me empezó a interesar la relación de los animales simpáticos con la sociedad", relata Bejarano. De esta manera, después de fundar su asociación, que en un principio usaba los burros como desbrozadores naturales para prevenir incendios en el parque, se dio cuenta de que algunos, en concreto "los burritos Magallanes y Chiclana", tenían un relación especial con los seres humanos y decidió probar a hacer terapia con ellos, creando así el programa Doctor Burro.

Doctor burro.
Personas mayores interactúan con el burro Magallanes. 

Entrenar a los equinos para los mayores con alzhéimer

Primero, los llevó con personas "con fibromialgia" y a colegios con "niños que recibían una educación especial". El resultado fue muy positivo: los niños interactuaban con los animales y este intercambio fomentaba que desarrollasen unas mayores aptitudes sociales. Por ello, la terapeuta de la asociación que realizaba las actividades propuso a los miembros de ésta, ir más allá y probar esta dinámica "en los centros de mayores".

Sin embargo, para dar este paso, debían adaptar la actividad a los nuevos usuarios de más edad. Era imprescindible domesticar y entrenar a los burros "para que no se alterasen rodeados de gente y que no hiciesen movimientos bruscos". Y dio la casualidad, de que con los dos burros con los que trabajaban, Magallanes y Chiclana, reunían todas esas cualidades. "Una vez hicimos todas las pruebas, fuimos a Jaraque, una localidad de la provincia de Huelva, y realizamos el proyecto piloto con los mayores del pueblo", explica. 

Fue todo un éxito. Los propios animales se acercaban a los ancianos que, aunque al principio se mostraban algo recelosos y "apáticos" (sobre todo los que padecían algún tipo de demencia), acababan cayendo rendidos ante los "besitos del burro" y terminaban interactuando con ellos, "tocándoles el hocico o la cara". "Era milagroso. La propia terapeuta dijo que no se lo creía. Veía como los ancianos se emocionaban y de repente sonreían", comenta. Y es que, según cuenta el presidente de la asociación, a los residentes con alzhéimer "les costaba interactuar" pero, gracias a esta terapia, lograron que volviesen, en cierto modo, a emocionarse y a sentir "empatía". 

Doctor burro.

Popularizar la terapia con burros

Ahora, tras el éxito de su proyecto y después de ver los resultados positivos de esta terapia en los mayores, les llaman de muchas residencias de la región para que traigan a sus animales. Por esta razón y conscientes del reto que supone, desde el Burrito Feliz quieren "indagar" más y especializarse en este tipo de actividad, ya que, según ellos, para que estas dinámicas tengan los resultados esperados, deben hacerse con "criterio" y realizarse con terapeutas profesionales. "Queremos especializarnos en base a algo más científico", apunta el presidente de la asociación.

"Veo que hay muchas personas que se han puesto a hacerlo, pero con poco criterio. Estas cosas se deben realizar con cabeza. Si no hay un protocolo, puede tener un efecto contradictorio", critica. "Hay que tener en cuenta que algunas personas sienten animadversión hacia ciertos animales, como los perros, o pueden ser alérgicas a los gatos", ejemplifica. De momento, su proyecto, pionero en la región, se consolida como un referente en este tipo de terapias en la provincia de Huelva y son cada día más los centros que demandan sus servicios. 

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