Miriam Gómez Sanz
Sociedad
La Constitución de 1978 se convierte en la más longeva de la historia de España
Miriam Gómez Sanz
Martes 17 de febrero de 2026
ACTUALIZADO : Martes 17 de febrero de 2026 a las 15:14 H
5 minutos
Supera a la de Cánovas tras casi medio siglo de vigencia y solo tres reformas
La Constitución de 1978 ya es la más longeva de la historia de España. Este 17 de febrero ha igualado los 17.239 días que estuvo en vigor la Constitución de 1876, impulsada por Antonio Cánovas del Castillo. En sus 47 años de vigencia, la Carta Magna actual solo ha sido modificada en tres ocasiones y ha servido de marco para la alternancia política y el desarrollo del Estado de Derecho.
El nuevo hito rompe con una tradición de más de dos siglos marcada por textos efímeros, periodos sin constitucionalismo o proyectos que nunca llegaron a aprobarse. Desde el Estatuto de Bayona de 1808 –una carta otorgada bajo la ocupación francesa– hasta la Constitución de la Segunda República de 1931, España aprobó nueve textos constitucionales. La mayorái tuvieron una vida corta o interrumpida por golpes de Estado, cambios de régimen o guerras.
Por primera vez, una ley fundamental ha resistido casi medio siglo sin ser sustituida, pese a atravesar un golpe de Estado, un intento fallido de secesión y múltiples alternancias en el poder. Fue la primera aprobada por el pueblo en referéndum el 6 de diciembre de 1978, con un 88,54% a favor.

Casi dos siglos de intentos de estabilidad
La Constitución de Cádiz de 1812, conocida como la Pepa, supuso el verdadero nacimiento del constitucionalismo español al proclamar la división de poderes y la igualdad ante la ley. Sin embargo, solo estuvo en vigor de forma intermitente y sumó alrededor de seis años efectivos. La oposición de Fernando VII y de los sectores absolutistas truncó repetidamente su desarrollo.
Tras la muerte del monarca y en plena regencia de María Cristina, llegó la Constitución de 1837, que intentó un equilibrio entre el liberalismo progresista y la estabilidad monárquica. Reconocía derechos individuales y limitaba el poder real, pero mantuvo una estructura institucional flexible. Duró ocho años, hasta que el triunfo del liberalismo moderado impulsó un nuevo giro conservador.
Ese giro cristalizó en la Constitución de 1845, que reforzó el papel de la Corona y limitó la soberanía nacional. Apostaba por el orden y la centralización administrativa, con un sufragio censitario muy restringido. En este periodo se elaboraron otros proyectos que planteaban tolerancia religiosa y mayor reconocimiento de derechos, pero no llegaron a promulgarse por la inestabilidad política.
Con la revolución de 1867 y el inicio del Sexenio Democrático se aprobó la Constitución de 1869, la más avanzada del siglo XIX. Introdujo el sufragio universal masculino y amplias libertades civiles, pero apenas duró cuatro años. El fracaso de la I República y la restauración borbónica cerraron esta etapa.

La Constitución de 1876, impulsada por Antonio Cánovas del Castillo, inauguró el sistema del "turnismo" entre liberales y conservadores. Entró en vigor el 30 de junio de ese año y terminó de facto con el golpe de Miguel Primo de Rivera en 1923.
Ya en el siglo XX, la Constitución de 1931, aprobada tras proclamarse la II República, instauró una república democrática, laica y social, con importantes avances en igualdad y derechos laborales. Su vigencia terminó con el golpe de Estado del general Franco, la Guerra Civil y la dictadura posterior.
Tres reformas en casi medio siglo
La Constitución actual, impulsada bajo el reinado de Juan Carlos I y fruto del consenso político tras el franquismo, estableció una monarquía parlamentaria, un amplio catálogo de derechos fundamentales y un Estado descentralizado.
Desde 1978 solo ha sido reformada en tres ocasiones: para permitir el derecho de sufragio a extranjeros europeos (1992), para incorporar el principio de estabilidad presupuestaria (2011) y para reemplazar el término "disminuido" por "personas con discapacidad" (2024).



