Cultura

CEATE y Fundación Repsol reivindican el papel de la mujer en la ciencia

Antonio Castillejo

Miércoles 22 de mayo de 2019

1 minuto

Dos científicas y la escritora Ana Alemany hablan de la experiencia de las mujeres en la Antártida

CEATE y Repsol "La aventura de hacer ciencia en la Antártida: femenino plural"
Antonio Castillejo

Miércoles 22 de mayo de 2019

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Dentro del ciclo de conferencias-coloquios del programa Energía Mayor, organizado por la Confederación Española de Aulas de la Tercera Edad (CEATE) y Fundación Repsol, se ha celebrado un encuentro en un repleto salón de actos de la Casa de Fieras del madrileño Parque del Retiro, bajo el título de La aventura de hacer ciencia en la Antártida: femenino plural.

La conferencia-coloquio ha corrido a cargo de Ana Alemany, autora del libro ‘Todos los caminos llevan a los Polos. 20 historias de mujeres en la regiones frías’ (Ediciones Casiopea - @EdCasiopea ), Henar Roldán, bióloga especializada en zoología y botánica que formó parte del equipo de investigación del CSIC en la Antártida (@CSIC) y Cayetana Recio, Master en Restauración de Ecosistemas que ha desarrollado su labor en la Antártida durante tres campañas.

Ana Alemany explica a 65Ymás que “el libro pertenece a una trilogía que se llama Caminos, porque primero todos los caminos llevaron a África, después a la India y ahora nos llevan a los Polos. Para mí ha sido un auténtico descubrimiento porque han sido 20 historias de mujeres que han estado en el Ártico o en la Antártida por diversos motivos, no sólo científicos sino también aventureros, deportivos… He contado la historia de todas ellas desde las pioneras de principios del año pasado hasta hoy, y todas tienen un nexo común: La aventura. Atreverse a ir a la Antártida o al Ártico es muy duro, pero eso del sexo débil se acabó, que vayan buscando otra definición porque eso ya no nos convence”.

(De izquierda a derecha) Ana Alemany, Pepa Lagares (voluntaria y coordinadora de CEATE), Cayetana Recio y Henar Roldán

¿Los polos no son lugar para mujeres?, la fantástica historia de Pepita Castellví

Durante su intervención en la conferencia Alemany sostuvo que la Antártida “es una gran desconocida para todo el mundo pero más aún para las mujeres”. La autora recordó que la primera mujer que pisó la Antártida lo hizo durante una hora en el año 1935 "porque era la mujer del capitán de un barco ballenero". Puede parecer una anécdota, pero los datos están ahí para confirmarlo. En 1914 se abrió una inscripción para realizar un viaje de exploración a la Antártida y se apuntaron tres mujeres que fueron rechazadas. En 1947 otra expedición también buscó voluntarios y en esta ocasión se presentaron más de 1.300 mujeres que también fueron rechazadas. No podemos olvidar que la mayor base sobre aquel continente de hielo es norteamericana y hasta principio de los años 70 no se permitieron mujeres con la excusa de que los sanitarios eran demasiado básicos.

“Se creían que los polos no era lugar para mujeres, pero se equivocaban. Ahí está Chus Lago, alpinista gallega que subió al Everest sin oxígeno, algo que ningún español había hecho, y en 2009 cruzó la Antártida sola sobre esquíes durante 59 días. Y su historia no se conoce, como tampoco se conoce la de la doctora norteamericana Jeny Nilsen que llegó en 1999 a la única base que está allí abierta durante todo el año para ser la médica de 50 hombres durante 8 meses de oscuridad absoluta y temperaturas de 80 grados bajo cero. Se detectó un bulto en el pecho, pero el rescate en esa época era absolutamente inviable. Se realizó a sí misma dos biopsias, el tumor resultó ser maligno pero ella misma se trató y sobrevivió. Para que luego digan que no es lugar para mujeres”, concluyó la escritora.

Pero tal vez la historia más tremenda de lo que una mujer es capaz de hacer y lo que es capaz de enfrentar es la Pepita Castellví, oceanógrafa, bióloga y escritora que en 1985, cuando aún no se soñaba con Internet ni los teléfonos vía satélite fue la primera española en participar en una expedición internacional en la Antártida. “En aquellos momentos los países del Tratado Antártico habían decidido no admitir más socios a no ser que tuvieran instalada una base en la Antártida y un proyecto de investigación en marcha. Pepita y otros tres compañeros llegaron hasta allí sin apoyo oficial, por sus propios medios y sin equipo y fueron capaces de ubicar el lugar donde está la actual base española de la Isla Decepción gracias a que un polaco les dejó una tienda de campaña, la base, y recogieron de aquí y de allá material científico con el que presentar un proyecto sobre la prospección de las aguas. Otra mujer injustamente olvidada que a sus 84 años continúa activa dando conferencias y charlas divulgativas”, señaló Ana Alemany.

Muy poco protagonismo de la mujer en la Antártida

Cayetana Recio se sincera con nosotros: “En el mundo laboral en general hay muy poca presencia de las mujeres y más aún en la ciencia y en particular en la Antártida que es un mundo de hombres. De hecho yo he llegado a estar en una base científica allí, sola con 27 hombres y está muy bien eso de estar rodeada de hombres, pero la verdad es que echas mucho de menos a las mujeres porque somos igual de capaces, o más, de aguantar aquellas condiciones y trabajar igual que ellos. Ahora mismo creo que estamos en un proceso de transición en el que cada vez se nos da más protagonismo aunque de todas formas hay que acelerar un poquito más las cosas”.

Después, durante la conferencia Recio explica: “Hay mucha gente, como la gente mayor que está aquí, que quiere saber lo que pasa en su planeta, se preocupa por él. La primera vez que estuve en la Antártida tenía 24 años y me di cuenta de que había que contarlo y también de que había que contar que el ser humano es extraordinario porque puede hacer cualquier cosa, lo que se proponga”. Ella ha trabajado en el continente helado para dos universidades, la de Alcalá de Henares (@UAHes) y la Politécnica de Madrid (@La_UPM). Para la primera realizó un estudio sobre el permafrost, “esa capa de hielo tan dura o más que el hormigón sobre la que se sustenta la Antártida y que a causa del cambio climático que algunos aún niegan se está descongelando” y para la segunda realizó “un estudio sobre el movimiento de los glaciares que le llevó a la misma conclusión. Y antes de terminar su intervención, la misma recurrente y vergonzante realidad: “Todos queremos solucionar este problema que es de todos, pero en mi grupo de estudio había 52 personas de las cuales solo cuatro éramos mujeres. La verdad es que a día de hoy, hay muy poco protagonismo de la mujer en la Antártida”.

El ladrillo de los científicos

Por su parte, Henar Roldán nos recordó antes de comenzar el acto que “conviene que se sepa algo que es alucinante. La primera mujer que entró en la universidad española lo hizo en 1916. Estamos en 2019, prácticamente un siglo, poco tiempo en realidad, y hoy somos doctoras, somos investigadoras... Es cierto que hay menos mujeres que hombres, pero vamos muy rápido, estamos empezando fuerte y se va consiguiendo. Desde hace muy poco tiempo la mujer estaba prácticamente anulada en el campo de la ciencia y ahora estamos alcanzando en la investigación cotas muy altas”.

Durante su intervención Roldán recordó que fue a la Antártida cuando aún estaba en cuarto de carrera. “Era una bióloga hippie que de golpe y porrazo se encuentra con que está aislada del mundo en una base militar rodeada de hielo por todas partes. En ese momento te pasas la goma por la cabeza y empiezas a vivir. La Antártida cambió mi vida, y no solo eso, también mi percepción del ejército. Nosotros investigamos, pero sin ellos sería imposible no sólo nos protegen de todo sino que además se ocupan de la logística sin la cual nada de lo demás sería posible. Mi agradecimiento hacia ellos no tiene límite”. Henar Roldán también explicó que a veces le preguntan que para qué van a los Polos, que para qué vale lo que hacen, que es lo que hacen allí y asegura que su respuesta siempre es la misma:  “Lo que hacemos los científicos es poner un ladrillo para no tener que vivir en la época anterior a Galileo, un estudio, una investigación, una vacuna… un ladrillo. Hay que estudiarlo todo, conocerlo todo y transmitirlo”.

 

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