Lo que funciona y lo que no en el nuevo modelo de cuidados
Derechos Sociales destina 56 millones a 35 proyectos, de ellos 2 millones enfocados en mayores
La innovación social y los proyectos piloto son clave para que el nuevo modelo de cuidados, iniciado tras la pandemia, pueda desarrollarse. Y es que estas iniciativas pioneras sirven para tener evidencia de qué funciona y qué no a la hora de atender a los mayores.
Por ello es fundamental la coordinación entre las organizaciones del tercer sector y la administración, que la información sobre las diferentes experiencias esté disponible para todos y contar con un marco jurídico, cultural y social que posibilite estos proyectos, permitiéndoles asimismo poder crecer si son exitosos –es uno de los puntos que se incluye en la nueva Ley de Dependencia que está actualmente en tramitación parlamentaria–.
Esta es una de las principales conclusiones que se desprenden de la jornada 'Consolidando la innovación social para un nuevo modelo de cuidados', organizada este miércoles por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, que ha contado con la participación del propio responsable de dicha cartera, Pablo Bustinduy, y de la secretaria de Estado, Rosa Martínez.
Durante el acto, se dieron a conocer los nuevos proyectos seleccionados e impulsados por el Ministerio. Se trata 35 iniciativas que serán cofinanciadas por el Fondo Social Europeo (FSE+), con un total de 56 millones de euros.
De esos proyectos, cuatro están enfocados a mayores y recibirán cerca de 2 millones de euros:
- EtxeZain (Provivienda): facilita el acceso a personas mayores a viviendas alternativas en País Vasco –499.170 euros–.
- Sosteniendo la vida en comunidades rurales (Confederación de Centros de Desarrollo Rural): desarrolla acciones y servicios de apoyo y cuidado en el medio rural, en Galicia, Castilla y León y Extremadura, para que los mayores puedan envejecer en sus domicilios –499.641 euros–.
- VigoSocialTV: una plataforma tecnológica interactiva accesible a través del televisor del hogar, para mejorar la calidad de vida de las personas mayores en situación de dependencia y/o soledad no deseada. El proyecto busca reducir la brecha digital, reforzar la socialización y el acompañamiento emocional, aliviar la carga de las personas cuidadoras y retrasar la institucionalización, combinando el uso de la tecnología con intervención psicológica y de terapia ocupacional a domicilio –494.000 euros–.
- SEAP +60: un servicio municipal del ayuntamiento de Reus especializado y descentralizado para personas mayores, orientado a prevenir la soledad no deseada, la exclusión digital y los malos tratos; a fortalecer la autonomía y el bienestar emocional; y a mejorar el acceso a los recursos sociosanitarios mediante un trabajo interdisciplinar y de coordinación comunitaria –494.374 euros–.

La cartera de innovaciones
Además, durante el evento también se ha presentado la 'Cartera de innovaciones', una herramienta basada en el aprendizaje colectivo que pone en común las experiencias y aprendizajes de proyectos innovadores anteriores –19–, con el objetivo de orientar las políticas públicas y acelerar un cambio profundo en el modelo de cuidados.
En concreto, esta cartera reúne 95 innovaciones y 179 hallazgos y permite identificar qué prácticas funcionan, en qué condiciones y con qué impacto para avanzar hacia procesos sostenidos de desinstitucionalización y vida elegida en la comunidad.
Con un presupuesto de 110 millones, en estos proyectos participaron 41.194 personas con necesidades de apoyo o cuidados de forma directa, y 259.957 personas si se suma a familiares, profesionales de administraciones o entidades.
Las iniciativas para mayores
En particular, de 19 proyectos piloto analizados que se desarrollaron entre 2022 y 2024, cinco se centraban específicamente en mayores:
- AICP.COM –Fundación Pilares y Lares Asociación–: calidad en residencias y acompañamiento en domicilios.
- Como en Casa –Fundación Matia y Matia Instituto–: transformación de centros residenciales y rehabilitación domiciliaria.
- Comunidades de cuidados –Jubilares, Andecha y UDP–: cohousing y redes vecinales.
- Reforzando Vínculos –Cruz Roja–: promoción de autonomía en entornos comunitarios.
- Vivir mejor en Casa –SEGG y CEOMA–: atención domiciliaria intensiva y desinstitucionalización.
Igualmente, se estudian dos proyectos transversales en los que los sénior también son protagonistas: Biocuidados, de la Confederación de Centros de Desarrollo Rural –cuidados en entornos rurales– y Crece, de Cruz Roja –abordaje de la soledad no deseada–.
Lo que funciona
Del análisis de estas iniciativas se desprenden una serie de conclusiones como, por ejemplo, que la rehabilitación en el domicilio, tras una fractura, acompañada de una "gestora de apoyos", puede ser más efectiva para los pacientes que la hospitalización, además de suponer un ahorro de entre 19% y 25% por persona y evitar una institucionalización no deseada, según la iniciativa Como en Casa.
El programa Vivir mejor en casa demuestra por su parte que intensificar la ayuda a domicilio –más horas, formación...– disminuye el riesgo de ingreso en centros sociosanitarios, un 25% menor a los 15 meses, y la sobrecarga de los familiares.
Por otro lado, según los hallazgos hechos por AICP.COM, la figura del "gestor de casos" –acompañamiento profesional– resulta fundamental para la permanencia en el domicilio: reduce la fragilidad, la soledad y el consumo de fármacos.
También se ponen en valor la creación de unidades de convivencia pequeñas en residencias, la privacidad y la personalización. Como en Casa relaciona todo ello con una mayor percepción de "hogar" y con más bienestar.
Otro de los aspectos que se analizan es el papel de la tecnología. En ese sentido, la aplicación de asistentes de voz o sensores se relaciona con una reducción de la soledad y un aumento la autonomía, siempre que vayan acompañados de mediación profesional y formación –Crece y Reforzando Vínculos–.
Además, según el programa Crece, evitar la segmentación por edad en las actividades comunitarias, es decir, mezclar mayores con otros colectivos, reduce el estigma y mejora la participación.
Finalmente, también se estudia la permanencia en el hogar en los entornos rurales y se destaca la figura del "facilitador comunitario", que conecta a la persona con los recursos existentes, así como el trabajo transversal de equipos polivalentes, sin segmentar por edad o perfil o la importancia de contar con viviendas intermedias de transición que pueden retrasar los ingresos en una residencia que pueda estar a kilómetros del pueblo –Biocuidados–.
Los límites
Por otro lado, gracias a la experiencia de estos programas, se descubre que ciertas prácticas deben ser corregidas o directamente pueden ser contraproducentes para los mayores.
Por ejemplo, uno de los aspectos a tener en cuenta en el cohousing es que, si no se incorpora la posibilidad de necesitar cuidados desde el comienzo, se puede derivar hacia fórmulas más institucionalizadas y sin participación cuando llega la dependencia –proyecto Comunidades de cuidados–.
En los procesos de desinstitucionalización –volver al hogar desde la residencia–, el proyecto Vivir mejor en casa detecta que el temor a ser una carga para la familia y la percepción de deterioro frenan la decisión de volver a la comunidad, incluso si la persona lo desea. La falta de servicios sanitarios inmediatos en la comunidad y la incertidumbre económica también limitan la capacidad de las personas mayores para ejercer su agencia en ese sentido, añaden.
El programa Como en Casa alerta de que cambiar muebles o edificios no sirve si no se modifican la cultura y la organización. Esto quiere decir que si se mantienen las dinámicas de control, la lógica institucional permanece intacta bajo una nueva apariencia. Dicha iniciativa también avisa sobre los efectos negativos de la rigidez administrativa que pueden hacer fracasar estos cambios.
También se advierte de la implementación de tecnología sin acompañamiento ni formación, ya que puede derivar en frustración y abandono o en menos autonomía –Crece–.
Y finalmente, se habla de una escasez de oferta de vivienda accesible en el mercado y se alerta de que vivir en la comunidad –por ejemplo, en pisos tutelados– tampoco garantiza la inclusión, si se mantienen dinámicas de control, horarios rígidos y falta de elección –esta conclusión se saca del programa Mi casa: una vida en comunidad, enfocado a personas con discapacidad–.

Plataforma Vidas
Durante la jornada, el Ministerio ha presentado asimismo la Plataforma Vidas, un espacio de cocreación y aprendizaje compartido que conecta a diferentes actores e iniciativas para abordar la desinstitucionalización de una manera compartida.
Además, ha anunciado que está trabajando con otros ministerios en la creación del Centro Estatal de Competencias en Innovación Social (CECIS), en línea con las recomendaciones de la Comisión Europea, que plantea la necesidad de que los Estados cuenten con centros nacionales de competencia en innovación social para reforzar capacidades públicas y articular ecosistemas de innovación.



