Sociedad

"Hay mucha distancia entre generaciones. El único canal para conocerse son las asociaciones"

Pablo Recio

Foto: Pablo Recio

Domingo 10 de noviembre de 2019

3 minutos

Una persona mayor y su voluntaria de acompañamiento cuentan cómo acabaron haciéndose amigas

"Hay mucha distancia entre generaciones. El único canal para conocerse son las asociaciones"

Mercedes Villegas, directora de Grandes Amigos: "Hay que aprender a trabajar la soledad"

Todos los sábados desde el pasado mes de febrero, Margarita del Olmo (84 años) y Simona Guido (49 años), dos mujeres del barrio de Chamberí sin ningún tipo de parentesco, quedan para comer, ir al cine o para, simplemente, dar una vuelta. Y es que desde que se conocieron gracias a Grandes Amigos (@GrandesAmigos__), una ONG madrileña que nació para luchar contra la soledad no deseada de las personas mayores a través de programas de acompañamiento, las dos se han convertido en amigas inseparables e, incluso, planean irse de viaje juntas por Europa. 

"La primera vez que nos vimos nos acompañó Gracia, la coordinadora de programa. Me llevaron a la casa de Margarita para conocernos y, ya entonces, descubrimos que teníamos cosas en común. Por ejemplo, ambas estábamos solteras, nunca nos habíamos casado y no teníamos hijos. En Grandes Amigos intentan que los perfiles peguen lo más posible y, en este caso, lo han conseguido a la perfección. Con Margarita hablamos de todo, no hay tabús", relata Simona. Desde ese primer encuentro, Margarita espera impaciente todos los fines de semana la visita de Simona. "Quedamos los sábados y siempre está debajo de su casa cuando llego", apunta la voluntaria. A lo que Margarita responde: "Yo es que soy muy callejera". 

Una amistad intergeneracional posible gracias a las asociaciones de voluntariado

Nadie hubiese apostado por que estas dos mujeres, tan diferentes entre ellas, una, profesora jubilada desde hace más de 20 años y, la otra, trabajadora de una empresa de recursos humanos, hubiesen podido forjar una amistad tan fuerte, pero así ha sido. "No hay canales para encontrarse con personas de más edad. Cuando vas a un sitio y te cruzas con una persona mayor la saludas, pero no pasa a más. Hay mucha distancia entre generaciones y más en una ciudad. El único canal son las asociaciones y el voluntariado", sostiene Simona. Y Magarita le da la razón: "Si te cruzas con alguien más joven tampoco te atreves". 

Así, gracias a Grandes Amigos, ambas han podido fraguar una amistad muy fuerte. "Lo único que no puedo hacer es salir de copas con ella, pero, por lo demás...", ironiza la voluntaria. Y no es porque a la octogenaria le falten ganas, ya que "Margarita es la más dinámica de las dos", confiesa Simona. "Me acuesto muy tarde, pero es que no puedo beber", se excusa la jubilada. 

Sensibilidad por los mayores

Otro requisito fundamental para que este tipo de relación funcione es que el voluntario esté sensibilizado con los problemas de las personas de la tercera edad y, sobre todo, que le guste tratar con ellos. En el caso de Simona, es así: a los seis años se quedó huérfana y fue criada por su abuela, que vivió más de 100 años. "Doy mucho valor a los mayores. Son la memoria histórica", asegura. 

Por otra parte, también es importante que ambas personas tengan cosas en común. "Hablamos de dios, el karma, el alma o de cosas del día a día y personales. Nos hemos contado todo", señala Simona. Y Margarita añade: "Conmigo se puede hablar de cualquier cosa, soy joven por dentro". Es más, ya se presentan a sí mismas como amigas. "Me preguntan: '¿Es tu sobrina?' y yo les digo: 'No, es mi amiga italiana'", reconoce la mujer mayor.   

Simona y Margarita.

Luchar contra la soledad

"Para mí es muy importante este programa, porque ya faltan los amigos y familiares. Tengo dos sobrinas, pero mi hermana se ha quedado paralítica y la están atendiendo. Además, las vecindades no son como antes, estamos más aislados. En invierno, cuando hace mucho frío, hay días que no hablas con nadie", asegura Margarita.

Por ello, para luchar contra la soledad no deseada es muy importante también la fuerza de voluntad del mayor y esta mujer es un ejemplo de persona inquieta que practica un envejecimiento activo. "Voy a Tai Chi, biodanza, a conferencias, a La Caixa y pertenezco a una asociación que se llama Nosotras Mismas, contra la violencia de género", explica. No obstante, necesita este acompañamiento porque el "sábado y domingo no tienes a nadie".

Del igual manera, no sólo se benefician de este intercambio los mayores, también puede ser muy beneficiosa para los voluntarios. "Da mucho sentido a tu existencia. Sobre todo, saber que estás regalando tu tiempo a alguien que de verdad lo valora", apunta Simona. Y es que la relación entre ambas se ha vuelto totalmente horizontal. "Recuerdo que una vez estaba mala del pie y me encontré a Margarita debajo de mi casa: me había traído cena. Me pareció precioso. Me dije a mí misma: '¿Soy yo la que tenía que darle apoyo, no?'. Encima, sólo venía para traerme la comida y luego irse, porque vivo en un cuarto piso sin ascensor y, para ella, es muy difícil subir hasta aquí", relata. 

La historia de Margarita y Simona es sólo una de las casi 1.000 parejas intergeneracionales que Grandes Amigos logró crear, muchas de las cuales empezaron con una simple rutina de acompañamiento y que han terminado en una profunda amistad. Además, cuentan con otra iniativa paralela, Grandes Vecinos, para crear redes de apoyo a los mayores en los barrios de las ciudades. 

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