Sociedad

"Pelillos a la mar": El origen de algunos refranes y expresiones populares

Marta Vicente

Domingo 28 de marzo de 2021

6 minutos

La mayoría de las expresiones populares forman parte de nuestro lenguaje desde hace siglos

El origen de algunos refranes y dichos españoles
Marta Vicente

Domingo 28 de marzo de 2021

6 minutos

Los refranes y dichos españoles pueden perdurar en el tiempo varios siglos y no tienen fecha de caducidad. Por esto, es muy difícil conocer el origen de muchos de ellos. Sin embargo, gracias a pruebas escritas y algunas deducciones, muchos historiadores nos explican por qué las nueces hacen ruido o si ‘Sevilla’ y ‘silla’ están en la misma frase por una simple rima.

En nuestro día a día, solemos acudir estos proverbios y frases populares porque expresan justamente lo que queremos decir. Estas expresiones ingeniosas, fruto de la sabiduría popular, pasan de generación en generación y llevan en nuestro vocabulario desde tiempos inmemorables.

Quien se fue a Sevilla perdió su silla

Esta famosa expresión se refiere a la persona que pierde privilegios o posesiones por abandonar su lugar momentáneamente. Es una de las frases más utilizadas por los pequeños, cuando quieren hacerse con una ubicación que antes no les pertenecía.

El origen se remonta a un hecho histórico que tuvo lugar en el siglo XV, durante el reinado de Enrique IV, rey de Castilla. La frase original es al contrario, es decir, ‘Quien se fue de Sevilla, perdió su silla’.

La historia del refrán la protagonizan dos arzobispos que eran parientes: Alonso de Fonseca el Viejo y Alonso de Fonseca el Mozo.

Alonso de Fonseca el Viejo era el arzobispo de Sevilla y su sobrino, Alonso de Fonseca el Mozo, fue nombrado arzobispo de Santiago de Compostela. Este último acudió a su tío en un momento en el que el reino de Galicia estaba muy revuelto y le pidió que ocupara su lugar mientras él tomaba posesión de la sede episcopal de Sevilla.

Después de intercambiarse los cargos, Alonso de Fonseca el Viejo consiguió calmar las aguas gallegas y regresó para recuperar su silla arzobispal, pero se encontró con la sorpresa de que su querido sobrino se negaba a devolvérsela. Por esto, se deduce que quien se ausenta de Sevilla es el perjudicado y no al revés.

El Centro Virtual del Instituto Cervantes muestra algunas variantes del refrán que incluyen frases adicionales como ‘quien fue a Sevilla, perdió su silla, y quien fue a Aragón se la encontró’, ‘quien fue a Sevilla, perdió su silla, y quien fue a Jerez, la perdió otra vez’ o, incluso, ‘quien fue a Sevilla, perdió su silla; quien fue y volvió, a garrotazos se la quitó’. 

Irse de picos pardos

Son varios los posibles orígenes de esta expresión, la cual despierta curiosidad porque, a priori, no parece haber ninguna relación entre irse de juerga y los picos pardos.

Algunos historiadores encuentran su procedencia en el siglo XVIII, época en la que gobernaba Carlos III. El rey ordenó a las prostitutas coser trozos de telas oscuros en las esquinas de ssu faldas de cuatro picos para diferenciarlas de las mujeres que no se dedicaban a la prostitución. Los hombres empezaron a usar ‘ir de picos pardos’ para referirse a cuando iban a los prostíbulos.

También se dice que fue la Iglesia durante la Edad Media quien hizo llevar a estas mujeres un distintivo, el cual consistía en vestir una falda con una obertura donde sobresalían cuatro picos de color pardo.

Igualmente, otro posible origen se remonta al Siglo de Oro, cuando los estudiantes tenían la costumbre de acudir a estas mujeres de compañía y ellas, también como elemento diferenciador, llevaban un cintillo pardo en el borde de la falda.

Como Pedro por su casa

Esta expresión es una de las más usadas en la lengua española. Se refiere a aquel acude a un sitio y se comporta con exceso de confianza. Aunque parezca un dicho muy simple, el nombre de ‘Pedro’ no está ahí porque sí, tiene una explicación que data del siglo XI.

Esta frase popular nació en 1094, pero ha evolucionado desde entonces. En sus inicios era 'como Pedro por Huesca' haciendo alusión a Pedro I de Aragón, Rey de Aragón y Pamplona, quien protagonizó muchos enfrentamientos con los árabes de la Península Ibérica. Muchos historiadores aseguran que este rey era un gran estratega militar y conquistó los territorios de Huesca y Barbastro con mucha facilidad. Además, después de la conquista, se dice que entraba y se paseaba por sus calles como si llevara allí toda la vida.

El origen de algunos refranes es imposible de saber

 

Mucho ruido y pocas nueces

Lo curioso de esta frase popular es que surgió de una traducción de la obra al castellano de Shakespeare “Much ado about nothing” publicada a finales del siglo XVI. En lugar de traducirla literalmente, decidieron titularla con este dicho.

Algunos historiadores señalan que la analogía entre el ruido y las nueces proviene de que, antiguamente, este fruto seco era utilizado como un petardo y se lanzaba al suelo en momentos de celebración–por ejemplo, en las bodas–.

Muchos afirman que podría haber existido con anterioridad, pero fue esta comedia la que popularizó el dicho en la lengua hispanohablante.

Año de nieves, año de bienes

Este proverbio, que hace alusión a la meteorología, fue dicho por primera vez por nuestros antepasados que trabajaban en el campo. Los agricultores solían hacer sus predicciones en base al clima que hacía en un momento determinado. Al saber que todo era cíclico, crearon refranes que les servían para pronosticar con seguridad cómo iba a ser ese año.

Es por esto que en el mundo rural, un año que comenzaba nevando significaba que le acompañaban magníficas cosechas ya que, como dice el Instituto Cervantes “gracias a la nieve la tierra labrada se mantiene húmeda y esponjosa para el correcto crecimiento de los cereales”.

Pelillos a la mar

La RAE recoge la siguiente acepción sobre la expresión: “expr. U. por los muchachos para afirmar que no faltarán a lo que han tratado y convenido, lo cual hacen arrancándose cada uno un pelo de la cabeza, y soplándolos dicen: Pelillos a la mar”. El inicio de este dicho viene de un antiguo juego infantil en el que los pequeños, después de hacer las paces, se arrancaban un pelo de la cabeza y soplaban, para que así el viento lo llevase hacia el mar.

En Cantos populares españoles (1882-1883) de Francisco Rodríguez de Marín aparece el siguiente canto de los niños del sur de España en el momento de la reconciliación:

  • ¿A dónde va ese pelo?

  • Al viento.

  • ¿Y el viento?

  • A la mar

  • Pues la guerra ya está acabá.