Tecnología

Casas inteligentes que ponen en peligro nuestra intimidad

María Liébana

Sábado 11 de julio de 2020

3 minutos

Los elementos contectados son presa fácil de la piratería y el hackeo

Casas inteligentes que ponen en peligro nuestra intimidad
María Liébana

Sábado 11 de julio de 2020

3 minutos

¿Te has parado a pensar que puede que tengas una casa inteligente? Lo que hace unos años podía parecernos ciencia ficción, con la llegada de Internet y los avances tecnológicos, se ha convertido en una realidad.

Los dispositivos inteligentes son cada vez más habituales en nuestros hogares. De hecho, se calcula que actualmente más de 14 millones de los dispositivos que poseemos están conectados al Internet de la Cosas (IoT, por sus siglas en inglés). Se estima que para 2010 llegarán a ser 25.000 millones.

Cosas que ni imaginas están conectadas a Internet

El término IoT hace referencia a los sistemas de dispositivos físicos que reciben y transfieren datos a través de redes inalámbricas sin la intervención humana. Aunque lo primero que se nos pueda venir a la mente sea un reloj inteligente o altavoces con asistente virtual, puede tratarse de cualquier tipo dispositivos, ya no hay límite. El IoT ya ha llegado a nuestros hogares, introduciendo desde neveras, cerraduras o bombillas conectadas, sumando siempre el término “inteligente” a su descripción.

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Un sistema de IoT tradicional, como cualquiera de los mencionados anteriormente funciona enviando, recibiendo y analizando datos de forma permanente en un ciclo de retroalimentación. Paradójicamente, estos aparatos que nos facilitan la vida pueden también volverse contra nosotros, al tratarse de elementos que nos brindan comodidades ilimitadas, pero que también ofrece nuevos peligros, como la exposición de datos personales a través de la piratería y los hackeos.

Los ataques

Ante estos peligros no hay dispositivo doméstico que esté a salvo: cafeteras, robots aspiradores e incluso los pintorescos inodoros “inteligentes”. Una sola bombilla, mal diseñada, puede permitir que los hackers accedan en unos minutos a las credenciales del wifi de casa. Los juguetes no han salido mejor parados. Defectos de diseño en ositos de peluche y muñecas Barbie han dejado al descubierto información personal y millones de grabaciones de voz de niños. El hackeo incluso se ha extendido a juguetes sexuales, reduciendo completamente cualquier grado de intimidad de la información.

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Este peligro no es nuevo. Múltiples casos nos han ido avisando en los últimos años. Uno de los más sonados ha sido del virus Mirai. Ocurrió en octubre de 2016, cuando una red de bots que operaban desde dispositivos IoT lanzó el mayor ataque de denegación de servicio (DDoS, en sus siglas en inglés) de la historia: un virus que escanea la web en busca de dispositivos accesibles como webcams y routers, los infecta silenciosamente y los convierte en bots a la espera de órdenes.

También en diciembre de 2016, el Hotel See, en los Alpes austríacos, sufrió un hackeo que hizo que se bloquearan todas las cerraduras electrónicas de las habitaciones y que no desbloquearon hasta que pagaron un “rescate” de 2 bitcoins (equivalente a algo más de 1.000 euros por entonces).

Ser prevenido

La prevención es esencial. Conocidos fabricantes ya están incorporando medidas de seguridad en sus dispositivos, aunque nunca podemos estar seguros de que estén completamente protegidos. Desafortunadamente, hay muchos pequeños fabricantes de marcas más baratas, que destinan a la seguridad un presupuesto insuficiente, y muchos de sus dispositivos IoT no se diseñan, ni se fabrican, con la seguridad como prioridad, lo que hace que el riesgo siga estando ahí. Por eso debemos informarnos de las condiciones que nos ofrecen las marcas.

 

 

Sobre el autor:

María Liébana

María Liébana es redactora especializada en temas de economía.

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