Sociedad

Un año de la muerte del inolvidable Quini

Antonio Castillejo

Miércoles 27 de febrero de 2019

6 minutos

'El Brujo' fue uno de los más queridos y admirados jugadores de la historia del fútbol español

Un año de la muerte del inolvidable Quini

Paseaba como de costumbre por la calle, cerca de su casa, de repente se sintió mal. Fue una crisis cardíaca. Intentaron reanimarlo sobre la acera y una ambulancia lo trasladó de inmediato al Hospital de Cabueñes, pero antes de llegar sufrió un segundo y fulminante infarto. El martes 27 de febrero del pasado año nos dejó a los 68 años y en su amado Gijón el gran Enrique Castro, Quini, uno de los más grandes y queridos jugadores de la historia del fútbol español.

Tras su muerte todo el mundo del fútbol se tiñó de luto. Diego Armando Maradona declaró: "Se fue Quini, El Brujo, un hombre excepcional y un delantero que le hizo goles a todos. Un goleador de los que ya no hay". Por su parte David Villa, que como Quini jugó en el Sporting y el Barcelona, aseguró: "tuve la suerte de ser bendecido por los consejos del mejor delantero español de todos los tiempos". "Con su adiós se nos va un caballero, un hombre querido por todo el mundo”, aseguró Vicente del Bosque.

El Brujo nació en Oviedo el 23 de septiembre de 1949 pero se crió en Avilés, porque en 1954 cuando a su padre, que trabajaba en Ensidesa (Empresa Nacional Siderúrgica De España Sociedad Anónima), le concedieron una de las viviendas que la empresa construyó para sus trabajadores en el barrio de Llanares. Fue el primer hijo de Enrique Castro, de quien heredó el apodo de Quini y como sus dos hermanos menores también jugaron en el Sporting de Gijón y ambos defendiendo la portería del equipo asturiano, Rafaél Falo que lo hizo en el Sporting Atlético, filial del primer equipo, y Jesús, guardameta del Sporting durante 17 temporadas y que falleció en 1993, ahogado en la playa de Amió después de lanzarse al mar para salvar a un niño que estaba a punto de morir.

Los comienzos de 'El Brujo' 

Sus primeros balonazos los dio en los infantiles del Deportivo Bosco, el equipo del colegio en que estudiaba, el de los Padres Salesianos de Llanares. Su primer campo, como el propio jugador explicó fue el de “‘La Carbonilla’ que se llamaba así era de carbón fino esparcido sobre un terreno duro”. Al convertirse en juvenil pasó a jugar en el Bosco Ensidesa “en el campo de La Toba que tenía césped y a mí me parecía magnífico, pero que en invierno se embarraba totalmente”.

Pronto dejó el colegio para entrar en la escuela de aprendices de Ensidesa y posteriormente en Montajes del Tera donde quería aprender a ser soldador, pero abandonó esa idea cuando fue convocado para jugar con la selección española juvenil en el campeonato de Europa de naciones.

Llegó al primer equipo del Ensidesa, que militaba en la Tercera División el año 1967, donde coincidió con algunos de los que en su momento darían sus días más gloriosos al Sporting de Gijón, Churruca, Megido y su propio hermano Jesús. Tras rechazar una oferta del Oviedo para jugar, también en tercera, con su filial, el Oviedo Vetusta. “Mi paso por el Ensidesa está asociado a momentos fundamentales en mi vida. Quizás el más importante fue conocer a la que hoy es mi esposa jugando de juvenil y también decidir definitivamente dedicarme al fútbol”, explicaba ‘El Brujo’.

Primera etapa en el Sporting de Gijón

Tras conseguir cuatro goles con el Ensidesa en un partido contra el filial del Sporting e impresionar a los responsables del club, fichó por el Real Sporting de Gijón en 1968 debutando en Segunda División en Sevilla contra el Real Betis. Fue la primera de las doce temporadas que jugaría con los gijoneses durante su primera etapa en el club.

Quini como jugador de la Selección Española

Ya en su segunda temporada con los gijoneses el equipo ascendió a Primera División, Quini logró el primero de sus siete trofeos Pichichi al máximo goleador y fue campeón de Europa con la selección española amateur. Su juego no pasó desapercibido para el entonces seleccionador nacional absoluto, Ladislao Kubala que le hizo debutar con la Selección en 1970, con 21 años, contra Grecia en el primero de sus 35 partidos con ‘la Roja’.

Precisamente con la selección tuvo que pasar por uno de los peores momentos de su carrera deportiva cuando en 1972, cuando España jugaba un encuentro contra Irlanda del Norte, recibió un codazo de otro grande de la historia del fútbol, George Best, que le fracturó un pómulo, una lesión que la mantuvo un año fuera de los terrenos de juego.

Quini en el FC Barcelona

Barcelona, títulos y secuestro

Con su novia de toda la vida, María Dolores Cañada, con la que tendría cuatro hijos, se casó en 1974, dos año antes de que, tras volver a ser Pichichi -lo cual no evitó el descenso del equipo a Segunda División-, el Barcelona hizo entonces una oferta de 40 millones de pesetas al Sporting para fichar al delantero. Pero por aquel entonces los clubes podían ejercer el derecho de retención de los jugadores y el club asturiano no dejó marchar a su estrella.

Aquello no gustó nada a Quini que años después confesó que “por aquel entonces medité mucho si retirarme o no”. Pero el Barcelona no cejó en su empeño y en 1980 el equipo catalán consiguió finalmente fichar al delantero por 82 millones de pesetas.

En Barcelona, donde jugó para el club blaugrana durante cuatro años y consiguió dos Copas del Rey, una Copa de la Liga, una Supercopa de España y una Recopa de Europa, sufrió Quini el peor momento de su vida. El 1 de marzo de 1981, después de jugar un partido contra el Hércules de Alicante en el que El Brujo marcó dos goles, fue secuestrado a punta de pistola por dos delincuentes comunes sin antecedentes que lo encapucharon e introdujeron por la fuerza en una furgoneta DKW. Fue el principio de 25 días de sufrimiento y angustia para el jugador y sus compañeros de equipo que se plantearon dejar de jugar hasta conseguir su liberación. “No jugaré, además de piernas tengo corazón, sólo quiero que vuelva Quini”, manifestó Bernd Schuster, pero la Federación Española de Fútbol se negó a alterar el calendario de la competición.

Al día siguiente La Vanguardia recibió una llamada reivindicando el secuestro por un supuesto “Batallón Catalano-Español”, una llamada que resultó ser falsa porque el verdadero motivo del secuestro era puramente crematístico como se supo el día 3 de marzo, cuando la prensa de todo el mundo se hizo eco de que los secuestradores se habían puesto en contacto con el Barcelona y le exigían 100 millones de pesetas como rescate que deberían ser depositados en una cuenta bancaria suiza.

El 25 de marzo el vicepresidente del Barcelona  Nicolau Casaus se trasladó a Ginebra para realizar la operación y la colaboración entre las policías de España y Suiza consiguió levantar el secreto bancario de aquel país. El titular de la cuenta, Víctor Manuel Díaz Esteban, un electricista de 26 años, acudió a retirar parte del dinero y fue detenido. Confesó la autoría del secuestro y que el jugador se encontraba en  un zulo en un taller mecánico en Zaragoza. Esa misma noche la policía liberó a un Quini que apareció totalmente agotado y demacrado.

Del tipo de persona que fue Quini da una idea el hecho de que tras ser liberado no sólo no tuvo una mala palabra hacia sus secuestradores sino que además, retiró la demanda contra ellos. Fue el Barcelona quién decidió continuar con el proceso judicial que terminó con la condena de diez años de prisión para los acusados y cinco millones de pesetas como indemnización para el jugador a los que Enrique Castro renunció. El propio Quini contó la historia de su secuestro en un libro que tituló ‘Quini, del secuestro a la libertad’ que contó con el prólogo del gran maestro, y confeso culé, Manuel Vázquez Montalbán, hoy también tristemente desaparecido.

Enrique Castro tras ser liberado

Vuelta al Sporting

Ya en 1984, con 34 años, el mítico Brujo decidió dejar el fútbol y abandonó el Barcelona que le organizó un partido de homenaje en el que participaron grandes estrellas del fútbol mundial. Sin embargo, un mes después de jugar aquel, en teoría, último partido, Quini decidió descolgar las botas para regresar a “su” Sporting de Gijón donde jugó hasta su despedida definitiva en un partido de Liga el 14 de junio de 1987, precisamente frente al Barcelona.

Aquél sí fue el último de sus 448 partidos en Primera División en los que consiguió marcar 219 goles -165 en el Sporting, un récord que aún mantiene- colocándose entonces como cuarto máximo goleador en la historia de la Liga tras Zarra, Di Stéfano y César. Pero Quini, el hombre que dijo que "el fútbol es para divertirse, hay cosas más importantes en la vida", siguió el resto de su vida ligado al fútbol y al Sporting de Gijón donde fué sucesivamente ayudante técnico, delegado y representante institucional.

Tras su muerte, el Ayuntamiento de Gijón aprobó el cambio de nombre del campo del Sporting que pasó a ser Estado El Molinón-Enrique Castro Quini, donde se ofició un tan sentido como multitudinario funeral al que acudieron 14.000 personas para dar su último adiós al jugador fue enterrado en Avilés junto a su hermano Jesús.

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José María Hace 6 meses
Cuando hablamos de Quini ,nos llega bondad,amistad,profesionalidad,grande como pocos y siempre una sonrisa,gran persona y extraordinario delantero,CHAPEAU