El doctor Ribera, sobre la exclusión de los mayores de los ensayos clínicos: "Va contra la ética"
Quienes tienen más edad y varias patologías están infrarrepresentados en estas pruebas
Buena parte de los medicamentos que consumen las personas mayores apenas han sido probados en ellos antes de salir al mercado y, menos, en quienes tienen varias patologías o son más frágiles, muchos de los cuáles acaban tomándolos y combinándolos con otros fármacos.
Esta realidad, denunciada por 65YMÁS, en reiteradas ocasiones, va contra la "ética" y "el sentido común", en opinión del profesor José Manuel Ribera, académico de número de Geriatría y Gerontología de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME) y catedrático emérito de la Universidad Complutense.
Según explica el experto a este diario, son pocos "creíbles" las excusas que, en ocasiones, da la industria, alegando que buscan "proteger al mayor", al infrarrepresentarle.
Por contra, el académico entiende que las verdaderas razones que mantienen esta discriminación, argumenta, tienen que ver con un factor económico.
El geriatra expone que "la realidad, lo evidente, es que a mayor edad de la población escogida más probables son los problemas con los que uno se va a encontrar".
En la práctica clínica diaria, la inclusión de este colectivo exige un esfuerzo logístico inmenso: "Más tiempo necesario para cada encuentro, mayores dificultades para la comunicación, un número más elevado de abandonos por todo tipo de causas y, evidentemente, un costo económico mayor del ensayo para quien lo patrocine". Y estas barreras financieras son el auténtico freno, opina.
Ahora bien, matiza, representar correctamente a este grupo de población en los ensayos es crucual.
"Si alguien quiere testar las ventajas de un nuevo fármaco o de un nuevo proceder terapéutico de cualquier naturaleza, debe hacerlo sobre aquel segmento de población hacia la que se dirige esa forma de proceder", afirma.
Para demostrar la falta del lógica del modelo actual de ensayos clínicos, el profesor recurre a ejemplos.
"Valorar maneras de actuar a cualquier nivel frente al cáncer de próstata o sobre la insuficiencia cardiaca en personas menores de 55 años no tiene sentido cuando sabemos que más del 90% de los casos con estas patologías van a ocurrir en gente que ha superado los 65-70 años", comenta.
Con todo, a pesar de esta evidencia estadística, la medicina contemporánea sigue basándose en deducciones arriesgadas.
En concreto, el académico advierte que "extrapolar los resultados obtenidos a partir de una población más joven, que es algo que se hace habitualmente, no tiene sentido". "Va contra la ética, pero también contra el sentido común", indica.

Pocos cambios
Pese a las advertencias de los expertos y las denuncias de medios como 65YMÁS, esta realidad no parece cambiar sustancialmente.
Ribera confiesa que "la sensación es la de que se ha avanzado poco". Y la demostración empírica de este estancamiento reside en que hoy en día "siguen apareciendo trabajos originales y también comentarios editoriales en revistas de primer nivel denunciando el fenómeno".
Es más, existen casos recientes que, lejos de marcar el camino, generan desaliento. "La Covid-19 fue un antiejemplo a este respecto", sostiene.
Durante el año 2020, detalla el profesor, la urgencia global impulsó "más de 800 trabajos en busca de vacunas o fármacos para luchar contra una patología nueva y muy severa". Pese a que era un hecho irrefutable que "más de la mitad de los fallecidos fueron personas de edad muy avanzada", la respuesta del diseño de investigación no estuvo a la altura en lo que tiene que ver con inclusión. "Un cuarto de esos trabajos rechazaban de oficio la incorporación de mayores de 65 años en sus estudios y más de la mitad limitaban de alguna manera las muestras en función de la edad", apunta.
El camino a seguir
Finalmente, de cara al futuro, Ribera percibe que existe una mayor conciencia teórica sobre el problema, indicando que "tanto las entidades que patrocinan los ensayos clínicos como los propios profesionales que los llevan a cabo" son sabedores de esta necesidad.
No obstante, lamenta que este conocimiento ético no haya "trascendido aún de forma operativa al día a día de manera generalizada".
Para erradicar definitivamente esta discriminación e impulsar la creación de ensayos realmente representativos, el académico de la RANME asegurado que "lo fundamental son dos cosas muy ligadas entre sí, la educación y la constancia".
El profesor hace un llamamiento a la comunidad investigadora y a la sociedad civil para "insistir una y otra vez en la necesidad de incluir a personas mayores en cualquier tipo de ensayo que vaya dirigido al colectivo". Todo ello, con un objetivo: que se creen unas normativas justas y equitativas.

