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¿Cuándo se inventó el bingo?

Carlos Losada

Foto: Bigstock

Sábado 29 de junio de 2019

1 minuto

Aunque en España se volvió a jugar en 1977, este juego de azar se inventó hace siglos

¿Cuándo se inventó el bingo?

¿Quién no ha jugado alguna vez al bingo, aunque sea en casa con la familia? A fin de cuentas se trata de uno de los juegos más populares del mundo. Ya sea por su sencillez –que facilita la participación casi de cualquier persona– o por la emoción de la incertidumbre cuando te quedan pocos números, lo cierto es que el bingo es uno de esos juegos de azar que parece que llevan toda la vida con nosotros.

Pero es que en realidad es así. El bingo no es un invento de inicios del siglo XX como tal, aunque en España no se autorizara hasta el año 1977, sino que su origen lo debemos buscar en el siglo XVI.

Lotería italiana

Aunque se ha hablado de sorteos similares en la época en que el Imperio Romano dominaba el Mediterráneo, la mayoría de historiadores coinciden en señalar que el origen del bingo se halla en Il Giocco del Lotto d’Italia, un juego que se hizo muy popular después de que en el año 1530 se unieran diversos reinos italianos. Este también sería el origen de la lotería que ha llegado hasta nuestros días.

El siguiente paso que encontramos en la historia nos lleva a Francia, donde a finales del siglo XVIII comenzó a ser jugado por la aristocracia. Este hecho tuvo su importancia pues fue cuando se establecieron la sencillas reglas que han perdurado hasta nuestros días.

Jugando al bingo

Conquista de América

El juego se popularizó en Europa en el siglo XIX y eso le llevó hasta el nuevo continente. Allí comenzó a jugarse en Norteamérica. De hecho, se puso de moda en pueblos y fiestas. Una persona sacaba discos con números de una caja y los asistentes los marcaban en sus tarjetas con frijoles. Y el que ganaba cantaba beano (bean significa judía en inglés), de ahí que se conociera con ese nombre.

No fue hasta el año 1929 cuando apareció el nombre por el que todos lo conocemos hoy en día. Y todo se debió a la casualidad. A un vendedor de juguetes estadounidense llamado Edwin Lowe le encantó el juego y lo replicó. Así, un día que lo jugaba con sus amigos, uno de ellos gritó bingo en vez de beano. A Lowe le gustó y lo patentó como uno de sus juguetes. Y claro está, el viaje desde Estados Unidos al resto del mundo no tardó en realizarse para que todos terminaran cantando ¡Bingo! cuando finalizaban su cartón.

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