Fernando Ónega
Opinión

40 años después

Fernando Ónega
Fernando Ónega
Fogonazos

 

Hoy, 23 de febrero de 2021, quizá sea oportuno hacer una simple pregunta: ¿sirvió para algo el intento de golpe de estado de hace cuarenta años? No me parece una pregunta absurda, por condenable que sea –y este lo sigue siendo– una sublevación militar y un atentado contra la Constitución y la democracia. Creo que hay un consenso general en que ha servido para algo histórico: para conjurar el golpismo de larga y penosa tradición en España y para que el pueblo español apreciase a su rey Juan Carlos, que fue quien desmontó la tejerada. A partir de aquel suceso, los militares levantiscos, los que fueron juzgados y los que se libraron de la acción de la Justicia, aceptaron la supremacía del poder civil, esencia de la democracia, y hoy los ejércitos son un ejemplo de respeto y de cumplimiento de sus deberes constitucionales. Los que escriben cartas son profesionales retirados y nostálgicos, sin ninguna representación ni impacto en la sociedad. Es tremendo decirlo, me cuesta mucho trabajo, pero, con perspectiva histórica, aquel golpe de estado resultó útil para este país. Organizado de forma chapucera, encargado a aventureros y sin apoyos, su desarticulación es una de las grandes noticias del último medio siglo.