Alejandro Otero
Opinión

Los nuevos analfabetos del siglo XXI

Alejandro Otero Davila
Los nuevos analfabetos del siglo XXI. Foto: Dominio Público

Las personas mayores que no tuvieron la oportunidad de ir a la escuela o solo fueron poco tiempo en aquellas aulas unitarias, donde compartían las clases con alumnos de diferentes edades y un solo profesor impartía las clases de todas las materias, no fue suficiente para aprender a leer escribir y utilizar las cuentas básicas, o lo aprendimos en precario de manera que, aunque sepan en teoría leer, en la práctica son lo que se llamaban analfabetos funcionales. Esto lo hemos vivido en España, durante los años 40 y 50 del siglo pasado, que comenzábamos a trabajar a una edad de niños. En esos tiempos se decía que los hijos venían al mundo con un pan debajo del brazo, tan pronto tenías alguna fuerza, a trabajar, en el campo, o como chico de recados en cualquier negocio.

Esta situación dio origen en los años 60 y 70 a las escuelas de la tercera edad, donde se impartía formación para saber leer y escribir y las cuatro reglas a las personas de mediana edad y mayores, que no habían podido conseguir este objetivo en su juventud y los estudios nocturnos, en academias e Institutos, después de un día duro de trabajo, empleábamos para conseguir una formación que nos permitiese los conocimientos suficientes que habíamos notado de falta en nuestra actividad laboral.

Trasladar sin más este concepto a hoy en día, de otras épocas y sociedades, constituye un anacronismo que nos incapacita para entender esa realidad y ese proceso, donde ser analfabeto suponía un riesgo de exclusión social, laboral y origen de ocultación de esa situación. Para encontrarnos con los nuevos analfabetos del Siglo XXI. que en algunos casos presumen de no utilizar las Tics (Las tecnologías de la Información y comunicación) y que serán los analfabetos en estas materias si no son conscientes de su utilización.

Uno de los estereotipos de la sociedad actual, y nos atreveríamos a decir que también durante la historia de los medios de comunicación, es que los usos de las tecnologías se asocian por principio, a un perfil de la sociedad principalmente joven. Sin negar el hecho de que toda nueva tecnología es inicialmente utilizada en mayor grado por las personas más jóvenes, entre otros motivos porque el mundo en el cual se desenvuelven les ofrece más oportunidades para interaccionar con ellas; ello no debe entenderse como que están negadas para las personas mayores de edades diferentes. No hay “a priori” ningún elemento que nos lleve a señalar, por ejemplo, que Internet está reservada a personas situadas dentro de una banda de edad. 

 Una de las posibilidades más significativas que las nuevas tecnologías juegan para las personas mayores es la ayuda que les puedan prestar para superar uno de los mayores miedos que tienen estas personas: la soledad; tanto individual como en lo que respecta al aislamiento y capacidad de comunicación con sus familiares. Con su uso, se aumenta la interacción, facilitándose con ello su autonomía personal y social.

De hecho, numerosos estudios señalan la importancia de la I+D+i en el campo del envejecimiento. Así, por ejemplo, en la Agenda de Investigación sobre el Envejecimiento para el Siglo XXI, un proyecto conjunto del Programa de Envejecimiento de las Naciones Unidas y de la Asociación Internacional de Gerontología y Geriatría publicado en 2007, se destacan varias áreas de investigación críticas, en las cuales las TIC pueden desempeñar un papel relevante: Participación e integración social, envejecimiento saludable, funcionamiento físico y mental, calidad de vida, etc. El propio Informe de la I+d+i sobre envejecimiento de la Fundación General CSIC de noviembre de 2010, en el que se analizan las principales líneas de interés en este tema, señala la necesidad de impulsar investigaciones sobre aspectos tecnológicos para combatir, subsanar o paliar los efectos del envejecimiento humano.

Con la llegada de Internet de las Cosas (IoT) será necesario mejorar la formación en el uso de estas nuevas herramientas, para poder hacer frente a medida que la Internet de las Cosas vaya creciendo en los próximos años.

Una de las soluciones, es la formación continua a lo largo de la vida en estas nuevas formas de comunicarse e informarse y esto es un objetivo que desde hace años FEGAUS tenemos en marcha, en la formación de las personas mayores en Galicia, para evitar que sean los ANALFABETOS DEL SIGLO XXI, que serán las personas que no consigan tener las habilidades para poder utilizar estas nuevas herramientas.

En los humanos existen tres categorías de motivaciones: “Supervivencia”, “Vida Social” y “Entretenimiento”. Así el trabajo basado en las TIC tiende a abolir la distancia entre las dos últimas categorías (Luis Torvalds).

Sobre el autor:

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Alejandro Otero Davila es presidente de FEGAUS.

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