Diego Fernández
Opinión

Propósito de año nuevo: adoptar un abuelo

Diego Fernández
Propósito de año nuevo: adoptar un abuelo

La casualidad y el COVID han querido que pase la Nochevieja en soledad. “Cuarenteando” en mi piso, que se ha puesto de moda en estas fechas tan señaladas. El mismo apartamento en el que también en soledad sobreviví y sobrellevé el confinamiento de la primavera del año pasado. Parece que no ha pasado el tiempo. Vuelvo a estar aislado entre las mismas cuatro paredes, pero dos dosis de vacuna después y con unas cuantas PCRs y test de antígenos de experiencia.  Por cierto, todos ellos pagados de mi bolsillo, que la Sanidad Pública madrileña todavía no ha creído oportuno desvirgarse con mi nariz, pese a que soy más positivo que una frase de Paulo Cohelo. 

Con esta falsa sensación de casilla de salida, me asomo a mi balcón, miró hacía abajo y veo que los dos bebés que aparecían en los brazos de sus padres en los famosos aplausos de las ocho, ahora corretean y brincan por su salón y no paran de jugar. El tiempo sí que ha pasado, aunque para algunos es mucho más evidente que para otros. En mi soledad acotada y temporal, pienso en la gente que vive siempre en soledad. Es una especie de vida confinada. Un confinamiento social que en nuestro país es el día a día de hasta dos millones de personas mayores. Para ellos el tiempo por parecido, por aburrido, por solitario, parece detenido y eso cansa y entristece. 

Desde adoptaunabuelo.org intentan rebajar esa soledad. Esta navidad en su web pueden ser partícipes de una bonita iniciativa. Escribir una carta a una persona mayor que vive en una residencia y se siente solo. En España, el hogar de 360.000 personas son las residencias y se calcula que el 60% de sus habitantes no reciben visita alguna. Les animo a colaborar con la iniciativa y de paso, les dejo mi carta. Feliz año a todos. 

Querido abuelo, abuela o persona sin descendencia pero igual de extraordinaria: 

Y sí, digo extraordinaria porque con lo complicada que es la vida, que usted haya llegado tan lejos es algo muy extraordinario. ¡Felicidades! Que vivir buena parte del siglo XX con sus catástrofes y sobrevivir a la pandemia es para quitarse el sombrero. Enhorabuena y gracias por sacar unos minutos para leerme.

Permítame que me presente. Me llamo Diego, tengo 36 años y soy natural de Getafe, aunque hace ya doce años que vivo en Madrid. Por mi aspecto físico me encuentro en ese momento de mi vida en el que la gente más mayor me llama chico o joven y los niños me dicen señor o hombre.  Me gano la vida como periodista y me gusta escribir. Algunos de mis seres queridos y amigos dicen que lo hago bien. Yo creo que lo dicen por aprecio y que no lo hago mal, pero de ahí a hacerlo bien hay una distancia infinita. Y ahora basta de hablar de mí, que aquí lo importante es usted

Quiero escribirle esta carta querido abuelo desconocido (o abuela) porque me han chivado que se siente solo, y voy a ver si en estas fechas le pongo un poquito de remedio a eso. Para mí sentirse solo es echar de menos a la gente en general y a los seres queridos en particular. Lo entiendo porque a mí también me pasa. Yo tenía dos abuelos que ya no están y a los que también extraño. Uno de ellos se llamaba Diego, como yo. Recuerdo que me gustaba mucho que me llevara en bicicleta a hacer la compra por el pueblo. Él era de Tembleque, en Toledo y allí durante su juventud fue pastor. Una vez por reyes le regalé un peluche de una oveja y se puso muy contento. Debe ser que la vocación no se olvida por mucho que te toque padecer alzhéimer. El otro se llamaba Victoriano y con él lo que me gustaba era regar las rosas de su jardín. En toda mi vida no he visto rosas más grandes y más bien cuidadas. Las tenía mimaditas y todos los años por primavera cortaba el mejor ramo para llevárselas a una de las mujeres de su vida. En este caso no eran ni mi madre, ni mi abuela, era la Virgen de Los Ángeles de Getafe, a la que mi abuelo adoraba con flores. 

Imagino, querido abuelo desconocido, que al igual que a mis abuelos les gustaba estar con las ovejas o regar sus rosas, usted también tendrá aficiones y pasiones. Así que le propongo un intercambio, una especie de trato. Cuénteme qué le gusta hacer. Seguro que ha tenido una vida muy interesante que merece ser leída. Y así yo puedo saber algo de usted.  Además está bien que “adoptemos abuelos” pero también hay muchos nietos que se sienten huérfanos de abuelos y que seguro que quieren escuchar sus historias. Apuesto a que le puede salir más de un admirador. Los que me conocen dicen que no suelo equivocarme ¿Qué le parece? ¿Cerramos el acuerdo? ¿Yo le sigo contando cosas y usted me las cuenta a mí? Espero su respuesta y que tenga unas buenas fiestas con los compañeros de residencia. ¡Disfrute de la vida y a celebrar! Y que sepa que aunque no tengo el gusto de conocerle, le admiro. ¡Felices fiestas de todo corazón!

P.D: Le dejo mi email por si quiere responderme…

Sobre el autor:

Diego Fernández

Diego Fernández

Diego Fernández es periodista en La Sexta Columna (La Sexta).

… saber más sobre el autor