Josep Moya Ollé
Opinión

Jóvenes y mayores quemados

Josep Moya Ollé

Martes 7 de abril de 2026

4 minutos

Los mayores niegan el conflicto generacional con los jóvenes por las pensiones: "No nos enfrentarán"

Martes 7 de abril de 2026

4 minutos

Este domingo pasado, 65YMAS publicaba un artículo, firmado por el periodista David Vargas, sobre el libro Quemados, cuyo autor es el periodista y ensayista Fernando Jáuregui. En la reseña del libro podemos leer que: “Aquí se habla de los quemados de verdad: los que pagan y no reciben, los que esperan y no llegan, los que cumplen y no cuentan. Los autónomos exprimidos, los jóvenes sin vivienda ni horizonte, los mayores descartados, los pueblos olvidados, los profesionales saturados, los ciudadanos que ya no protestan porque han asumido que no sirve de nada”. La reseña añade que el libro no va contra un partido ni a favor de otro, pero es crítico con todos. España es un país donde la burocracia humilla, la política se teatraliza, la desigualdad se normaliza y la mediocridad se premia. Donde se legisla mucho y se resuelve poco.

Confieso que, todavía no he podido leer el libro, pero me apresuraré a hacerlo ya que su autor hila fino y es valiente, cualidad poco frecuente en tiempos en los que, como dijo el psicoanalista francés Jacques Lacan, la cobardía es el síntoma de la sociedad actual.

Jáuregui se refiere a la situación de todo un conjunto de colectivos descartados, marginados, olvidados. Por ejemplo, detengámonos en la situación de los jóvenes españoles. En los últimos años, el camino hacia la independencia económica para la generación más joven en España se ha vuelto cada vez más arduo. La precariedad laboral de antaño ha sido reemplazada por una creciente crisis de la vivienda, que se ha convertido en el factor clave que retrasa la edad de emancipación. Incluso con un empleo, el alto coste de la vida, especialmente los gastos de vivienda, disuade a muchos jóvenes, obligándolos a posponer sus planes de vida independiente hasta después de los 30 años. Hace pocos días, un joven de 26 años, universitario, me explicaba que, a raíz de haberse separado de su pareja, con quien compartía un piso, se ha visto obligado a volver a vivir con sus padres, a la espera de poder encontrar un piso de alquiler compatible con sus ingresos económicos.

En la misma línea, un informe de RTVE, de fecha 18 de junio de 2025, afirmaba que los jóvenes afrontan muchos retos, también en lo económico. En España, una persona de entre 20 y 24 años cobra de media algo más de 15.300 euros, un 45% menos que el salario medio nacional. Este dramático escenario supone, además, la ruptura del pacto generacional. Así, en un artículo firmado por Esther García, publicado el 19 de junio del 2025, la autora afirmó que ser joven en España no es fácil y que la creciente brecha entre generaciones limitaba las oportunidades de los ciudadanos de menor edad que estaban en desventaja frente a los más mayores. Además, según la autora, estos desequilibrios se derivan, entre otras causas, de que el sistema actual de protección social presenta un sesgo muy importante a favor de los mayores ya que: “El déficit contributivo del sistema de pensiones exige, cada año, grandes y crecientes inyecciones de recursos procedentes de impuestos generales, que amenazan con dejar sin margen para afrontar otras prioridades como la educación, las políticas activas de empleo, las ayudas familiares, la crianza y la inversión pública en vivienda, tecnología y medio ambiente, que benefician más a los jóvenes”. O sea, que si las cosas van mal para los jóvenes es culpa de los mayores, que somos una carga insoportable para el sistema. ¿Es así? ¿Somos una carga? ¿Acaso las pensiones que cobramos no son el resultado de años y años de cotizaciones? ¿Somos los culpables de la precariedad laboral de los jóvenes? ¿Somos también los culpables del encarecimiento de la vivienda?

Y, por otro lado, ¿qué ocurre cuando los pensionistas hemos de dedicar parte de nuestra pensión para ayudar a nuestros hijos y nietos? Más aún, ¿qué hay del tiempo que hemos de dedicar a nuestros nietos ya que nuestros hijos e hijas no pueden conciliar su vida laboral con la familiar? Conste que no lo digo como una queja, lo hacemos con gusto y sin protestar, pero se trata de una labor no reconocida socialmente, invisibilizada.

Sí, parece que, para algunos, más o menos expertos, somos los culpables de la precariedad de los jóvenes, pero, nosotros pensamos que el desequilibrio hay que resolverlo con discursos que apunten a las raíces reales del problema. Es cierto que los jóvenes están quemados y nosotros, los mayores, también.

Sobre el autor:

Josep Moya Ollé

Josep Moya Ollé

Josep Moya Ollé (Barcelona, 1954) es psiquiatra y psicoanalista. Actualmente es presidente de la Sección de Psiquiatras del Colegio Oficial de Médicos de
Barcelona.

Ha trabajado activamente en el ámbito de la salud pública, siendo presidente del comité organizador del VII Congreso Catalán de Salud Mental de la Infancia y psiquiatra consultor del SEAP (Servei Especialtizat d'Atenció a les Persones), que se ocupa de la prevención, detección e intervención en casos de maltratos a mayores.

Es el fundador del Observatori de Salut Mental i Comunitària de Catalunya.

Su práctica clínica privada la realiza vinculado a CIPAIS – Equip Clínic (Centre d’Intervenció Psicològica, Anàlisi i Integració Social) en el Eixample de Barcelona.

Como docente, imparte formación especializada en ACCEP (Associació Catalana per a la Clínica i l’Ensenyament de la Psicoanàlisi), en el Departament de Benestar Social i Família y en el Centro de Estudios Jurídicos y Formación Especializada del Departament de Justícia de la Generalitat de Catalunya.

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