Fernando Ónega
Opinión

La gran decisión

Fernando Ónega
La gran decisión
Onega Fogonazos

 

No os voy a confesar mi edad por pura coquetería. Pero sí la que pone en el carné de identidad: 72 años. Salvo por algunos fallos estructurales, lo mejor de la vida. Así que fui a mirar los horarios de recreo que nos deja el maestro Illa y me concede dos turnos: uno de mañana, de 10 a 12, y otro de tarde, de 7 a 8. Miré los turnos del resto de mi familia: mi mujer, mis hijas, mi hijo y mis nietos. Los más pequeños salen por la mañana justo cuando yo me tengo que recoger y por la tarde se recogen ellos cuando me toca salir a mí. Los que pasan de 14 años, empezando por mi mujer, se recogen a las 10 de la mañana, cuando a mí me toca salir, y ellos vuelven a salir a las 8 de la tarde, que es cuando a mí se me termina el recreo. Oiga, señor maestro, le tengo que decir al ministro, que me condena a no ver a la familia. Tengo dos soluciones. Una, contratar a mi mujer como asistente y darla de alta en la Seguridad Social, por si la Guardia Civil me pide la documentación. Y la otra, copiar a Rosalía de Castro y escribir: “Adiós mujer, adiós hijos, / adiós mis nietos pequeños, / adiós vista de mis ojos, / no sé cuándo nos veremos”. Entre hoy y mañana decidiré.