Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

La panacea del aceite de oliva

Ramón Sánchez-Ocaña
Beneficios del aceite de oliva crudo

​Si nos dijeran que uno de los alimentos más significativos de nuestra dieta mediterránea era capaz de reducir la tensión arterial y el colesterol y que mejora el metabolismo de los azúcares además de prevenir el envejecimiento, nos parecería estar soñando. Y sin embargo eso es lo que hace nuestro aceite de oliva al que se suma ahora la posibilidad de que de uno de sus derivados se obtenga un germicida que frene la transmisión del virus del SIDA.

Es sabido que cuando digerimos las grasas tratamos de obtener lo que nutritivamente nos interesa: los ácidos grasos. De todos ellos, el oléico, de gran presencia en el aceite de oliva tiene la función añadida de aumentar la fracción buena de colesterol. Quizá su propiedad más desconocida sea la de antioxidante. Nosotros necesitamos oxigeno para vivir; pero no todo el oxigeno que incorporamos con la respiración es bueno. Un pequeño porcentaje se transforma en radicales libres que aunque en una proporción adecuada pueden ayudar a nuestro sistema de defensa, su exceso resulta nocivo. Y la contaminación, el humo del tabaco, los rayos ultravioleta y en buena parte nuestro sistema de vida nos sitúa frente a esos radicales libres de manera peligrosa. Un radical libre es un electrón sin pareja que busca imperiosamente a su compañero. ¿Qué ocurre entonces?: que rompe una molécula para encontrar a “su” nuevo electrón. Y claro, el que queda suelto hace lo mismo; y el otro, y el otro... Es una reacción en cadena. Pero una reacción destructora en la que se puede ver dañado el ADN, las membranas celulares, los glóbulos rojos e incluso el revestimiento de los vasos sanguíneos. Y es, desde luego, la manera de acelerar el envejecimiento. Para luchar contra ello, tenemos unas armas específicas: los antioxidantes. Vitaminas A, E y C, y por supuesto, el aceite de oliva.

En resumen, ayuda a prevenir la arteriosclerosis y sus riesgos; mejora el funcionamiento intestinal; favorece la actividad del hígado y del páncreas; protege y tonifica la piel, favorece la absorción de calcio y al actuar sobre la membrana celular retrasa el envejecimiento.

¿La nueva panacea?

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