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Opinión

Maliciosa hipocresía climática y más

Joaquín Ramos López
Maliciosa hipocresía climática y más

Un estimado lector y forofo defensor del combate a favor del cambio climático, a propósito de las imágenes de cientos de jets aparcados en el aeropuerto de Glasgow con ocasión de la reciente Conferencia COP26, me sugiere denuncie esa muestra de tanta hipocresía internacional ante tamaño problema mundial.

Pues a bodas me convidas buen amigo. De siempre he sentido aversión frente a la hipocresía conocida o deducida de muchas actuaciones privadas y públicas que denostan a quien las sostiene, con la rectitud que se espera de una personal cabal. Ni siquiera “para quedar bien”.

Si bien voy a aprovecharme de esta circunstancia y permitirme, con su paciente permiso estimado lector, expandir esa particular sensación de despecho tan mediatizada actualmente y emparentar su crítica con otros comportamientos igual de deleznables.

Alguien importante -los críticos no se ponen de acuerdo- dijo lo de “la política es el arte de lo posible” y un español debió decir tiempo ha que no, que lo es, pero de lo imposible, a lo que yo también me apunto. Y es que no se cuánto en otros países, aunque lo sospecho, pero entre nosotros casi nadie se cree muchas de  las promesas de nuestros políticos.

Parece que la clase política y sus bien pagados defensores, tienen por costumbre justificar y contraargumentar decisiones adoptadas opuestas a las prometidas, sea en campaña de elecciones u ocurra mandando ya desde la poltrona del poder (estatal, autonómico, provincial municipal, colegial, cameral, etc.) Y a eso yo lo califico de hipocresía política.

Hipócrita es prometer bajar impuestos y luego subirlos; lo es asegurar crear empleo para después hacerlo perder por legislar contracorriente; comprometerse a proteger la vida y la hacienda y enseguida incentivar el vandalismo al no constreñir al delincuente; asegurar sus principios democráticos y muy pronto asociarse con adversarios libertarios; anunciar el gobierno para todos y enseguida despreciar al votante opositor; decir mejorar las leyes y no hacerlo al decretar reformas vengativas.

Pero también hay comportamientos hipócritas entre particulares. A veces disimuladas con piadosa intención, o en la búsqueda de la favorable contemplación. Nunca sinceras y sí posibles de otras expresiones que enternecen y agradan sin necesidad de esconder un sentimiento o deseo no fingido y consecuente.

Tantas veces nos preocupa quedar bien, salir airosos de un compromiso social, aceptar y excusar un evento después, presumir de una amistad que solo es incipiente, loar a un jefe nada estimado, mostrar simpatía ante alguien a quien ciertamente no apreciamos. O sea, practicar una hipocresía obviando pueda tener un regusto áspero.

No estoy justificando la supuesta dureza de llevar la contraria, tampoco quiero negar la bondad de un oportuno apoyo moral ante un desespero, o la acertada empatía de compartir una felicidad ajena a nuestro sentimiento al respecto.

Estas manifestaciones no pueden considerarse hipócritas si tenemos claro que el no coincidir en algo debiera ser compatible con una sinceridad de diálogo que nos acostumbre a tomar por igual a quien no piensa lo mismo. Y ayudarnos con ello a despejar tanta envidia social que nos rodea.

Qué pena da ese falaz político, o persona influyente conocida, que se vale de la hipocresía para sentirse querido, admirado o debido, comportándose de manera artificiosa, no importándole otra cosa que su presunción ni preocuparse por la presumible maledicencia que pueda producir su manera de conducirse.

¿Qué sentido moral tiene hacerse querer en falso? ¿Cuánto puede valer una amistad insincera? ¿Cómo se puede conciliar el sueño si has engañado a un dependiente que espera tu favor? ¿Es correcto prevaricar contra todos por favorecer solo a unos? ¿Vale lo mismo ayudar sin publicidad que delante de las cámaras? ¿Es admisible besar el escudo de la camiseta si ya se tiene apalabrado con otro equipo el próximo contrato?

Piense usted sufrido lector, testigo y quizás sujeto a alguna hipocresía, en una reflexiva revisión de conductas que le sean cercanas, valórelas honestamente y podrá darse cuenta que estamos rodeados de ocasiones hipócritas y que, si bien podemos asumir algunas en aras de una convivencia ¿hueca, sostenible? otras deberían merecernos repudio y corrección.

Ahora vuelvo al eje de la sugerencia recibida, para remachar con mi total comprensión aquella demostración en Glasgow de descarada hipocresía. Sin duda el tema 'cambio climático' es controvertido por muchos motivos. Seguro que caben varias posiciones encontradas, tantas como puntos de vista de intereses nacionales, económicos, doctrinales y hasta de postureo.

Mucho bla, bla, bla político. Más, si cabe, parafernalia de tinte doctrinal. Y en su lugar, tenemos ahora menos acciones serias, sin la contundencia necesaria para, dejando a su tiempo natural -que habrá de llegar- el calentamiento terráqueo, poder acotar esa acelerada deriva de un sobre-calentamiento por la irresponsable acción de quienes podemos y no hacemos todo lo posible.

Digo que es una tarea de todos, gobiernos, corporaciones y habitantes del mundo. Cada uno en su posición y lugar aportando tanto desde el ingenio y el  dispendio económico institucional como desde la colaboración personal diaria, para reducir el ritmo galopante actual de emisiones contaminantes. Sin excepciones y con las cauciones personales exigibles.

Bueno y necesario es que miremos precios y calidades en nuestras compras. Mejor será ampliar el enfoque económico con una gestión racional de las energías disponibles y un disfrute de cosas y alimentos exentos de presentaciones contaminantes. Y, por cierto, dejemos tranquilas a las vacas que buena falta nos hacen.

Sobre el autor:

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Joaquín Ramos López

Joaquín Ramos López es abogado y autor del blog Mi rincón de expresión.

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