Fernando Ónega
Opinión

Qué nos jugamos en Cataluña

Fernando Ónega
Qué nos jugamos en Cataluña
Fogonazos

 

Hoy termina la campaña electoral de Cataluña. No podemos decir que haya sido una exhibición de propuestas originales, porque nadie entró tampoco al fondo de la cuestión catalana: los independentistas, muy enfrentados, repitieron su discurso habitual, y los españolistas, más enfrentados todavía, se dedicaron a pelear la supremacía entre afines. Que la idea más sonada haya sido la de Illa de rebajarse el sueldo si llega a la presidencia, no dice mucho de la profundidad del debate y las propuestas. Sin embargo, este país se juega mucho en estas urnas, que, aunque no se haya dicho, tienen algo de plebiscitarias. Se juega que el secesionismo alcance o no la mayoría social, porque la parlamentaria parece que la tiene asegurada. Se juega que una comunidad autónoma tan importante encuentre el gobierno que sea capaz de frenar la caída económica y de prestigio que ha sufrido en los últimos años de aventura secesionista. Se juega que quede atrás una política basada en el victimismo y se inicie una etapa donde cada agente asuma su responsabilidad con realismo. Y se juega que, después del cordón sanitario al PSC, esa perniciosa práctica del veto se extienda al gobierno de la nación. Porque, si así fuese, lo que se decidiría pasado mañana en las urnas sería también la estabilidad del país.