El aplausómetro
Onega Fogonazos

 

Si usted fuese un veinteañero que se reúne a tomar copas en grupo, alguien le acusaría de irresponsable por no respetar la distancia. Si usted fuese el seguidor de un equipo de fútbol que celebra su ascenso, la imagen estaría por las teles con algún comentario editorial: he ahí la forma de contribuir a la expansión del virus. Y si usted formase parte de una familia como la de mi mujer, que reúne a más de treinta personas en cada encuentro, siempre oiría al cuñado de la conciencia crítica tan peligrosa reunión. Pero, si usted es diputado, sobre todo del PSOE, sintió la obligación de ir al Congreso a aplaudir al jefe. Cuantos más diputados haya, más reventará el aplausómetro. Un buen aplauso vale más que una buena salud. Ya puede Edmundo Bal denunciar el mal ejemplo, que la presidenta Batet dirá que carece de instrumentos para impedir que un diputado acuda al pleno. Y así estaban: no cabía un alfiler. No cabía ni un virus. Si París bien valía una misa, un Sánchez bien aplaudido vale un riesgo de contagio. Si de esta no sale ningún diputado infectado, empezaré a creer en su inmunidad. La auténtica inmunidad parlamentaria.   

 

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INMA Hace 2 meses
¿Y por qué aplaudían, qué motivos había para aplaudir? Son unos frívolos apesebrados. Dan miedo. Me dan miedo. Sr. Ónega, muy buenos sus apuntes, gracias.
Francisco Hace 2 meses
Buenos días, una auténtica vergüenza...llenar el hemiciclo de palmeros mientras a los ciudadanos nos exigen cada vez más medidas de higiene y distancia social. De pena