Gracias, señor
Onega Fogonazos

 

Este periódico, que es el portavoz de los mayores, sintió ayer un poco de emoción. Fue cuando oyó el discurso del rey en el homenaje de Estado a las víctimas y a los héroes de la pandemia. Su Majestad quiso resaltar a una generación, que fue la que más sufrió la crueldad del virus, “una generación admirable de españoles”. Fueron los mayores caídos. Fueron los que cambiaron el rumbo de nuestra historia, según sus palabras. Fueron los que hicieron posible el tránsito a la democracia. Fueron aquellos hombres y mujeres, entonces tan jóvenes, que dieron al mundo una lección de entendimiento, de perdón, de renuncia a sus convicciones en beneficio de un objetivo común, de generosidad de quienes salían de las cárceles o volvían del exilio. Unos cuantos miles se nos quedaron por el camino, muchos de ellos pidiendo que no los dejasen morir solos, como dijo la enfermera que habló en el acto. Este cronista no acostumbra a dar las gracias a nadie por lo que hace cuando es su trabajo. Hoy quiere hacer una excepción para decirle al rey: gracias, señor. Gracias por acordarse de unos grandes españoles que no fueron famosos, pero hicieron más que nadie, de forma anónima, por este país y su libertad.   

 

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