¿Quién soy yo? La soledad de la amnesia

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Advierten sobre el impacto de la soledad no deseada en la salud mental de los mayores Miia

Hablar de la soledad está de moda, especialmente cuando se trata de la no deseada. Se trata de un fenómeno, de un síntoma más de nuestra sociedad neoliberal, un problema transversal ya que afecta tanto a jóvenes como a viejos, y que tampoco entiende de clases sociales, aunque, es preciso señalarlo, aquellos que tienen poder adquisitivo pueden “comprar” compañía, pero seguirán sintiéndose solos.

Pero, lo que quiero abordar hoy es otro tipo de soledad, la de la persona que sufre una demencia, sea ésta en la modalidad del alzhéimer, en la de cuerpos de Lewy o en la vascular. El filósofo Norbert Bilbeny, en su libro La enfermedad del olvido, publicado en el año 2022, realiza un análisis de la enfermedad de Alzheimer desde la perspectiva de la ética. Es un libro altamente recomendable del que destacaré algunos puntos.

Bilbeny, al abordar el tema de la realidad y mito de la identidad personal, escribe que la identidad personal es también, especialmente en los seres humanos, un resultado de la memoria, de esta capacidad cognitiva que nos permite adquirir el lenguaje, los hábitos de conocimiento y conducta, así como poseer la noción de nosotros mismos. La memoria es la facultad que hace posible la experiencia y el sentido de la identidad.

Más adelante, cuando trata la cuestión de la persona y la memoria, el autor explica que sabemos quiénes somos porque nos acordamos de muchas cosas; pero si una persona no se acordara de nada, de lo reciente y de lo pretérito, ¿quién sería? 

Es una pregunta dramática, que se plantea no solo en los casos de demencia, sino en todos aquellos en los que existe una gravísima alteración cerebral como, por ejemplo, en los casos de ictus masivos en niños prematuros. Esos niños o niñas no tienen recuerdos, noresponden a los llamados de sus padres, no tienen cognición, aunque sí experimentan angustia cuando una crisis epiléptica convulsiona su frágil cuerpo. En todos esos casos, no hay memoria y, por tanto, no hay historia, salvo la que les es prestada por sus allegados; estos si recordarán que aquel día su hijo tuvo seis crisis epilépticas y que vomitó el desayuno. Ese niño será historizado a pesar de su amnesia.

Y, ¿qué le ocurre a una persona con demencia a medida que su memoria se va desvaneciendo, a medida que va olvidando no solo los nombres de sus familiares y acaba por no saber quién es? 

Pero, antes de que la enfermedad llegue a afectar la identidad de la persona ocurre una experiencia muy dolorosa: la soledad generada por la pobreza de los recuerdos.

Sabemos que, en las fases iniciales de muchas demencias, los recuerdos que se afectan primero son los recientes. La persona olvida dónde ha dejado la cartera, el jersey o las llaves. Y, poco a poco, irá olvidando las visitas que ha tenido o los temas que han surgido durante el almuerzo. Progresivamente se irá desconectando del entorno, retirándose de las dinámicas hogareñas, sumergiéndose en la soledad. Y, en ocasiones, esa soledad se vivirá con angustia: “He pasado unos días terribles, ataques de pánico, angustia. He sentido que todo había terminado para mí. Sentí que no tenía futuro, que vivía una situación de tortura permanente que no podía tolerar”, me explicaba una persona con una demencia que le afecta diversos lóbulos cerebrales. Afortunadamente, este paciente conserva todavía algunos recuerdos pasados, aunque no los puede compartir en el centro geriátrico donde está ingresado. Unos días antes, había sufrido una experiencia alucinatoria: un reptil había devorado a su cuidadora.

La soledad, a menos que sea deseada, es un azote para quien la sufre. “Estoy aquí, prisionero”, me dijo un familiar ingresado en un centro sociosanitario. Las horas vacías, sin tener con quién conversar, con quién compartir, sin poder leer a pesar de disponer de libros y revistas porque “tanta información me confunde”, largas tardes con la mirada perdida hacia la ventana. Es la imposibilidad de articular el presente con el pasado, el no poder construir un discurso con el que interactuar con el otro. El presente se diluye en medio de datos con escaso o nulo significado. ¿Qué hago aquí? ¿Quiénes son esos? ¿Quién soy yo?

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