Pildoras

 

Se ha dicho siempre que la envidia es el gran pecado de los españoles. Incluso desde nuestro país nos acusamos de ser sobre todo, envidiosos; que aquí no se perdona el éxito. Y merece la pena reflexionar sobre ello, porque nos llega a parecer un mal inconfesable. Nos podemos calificar de desordenados, ambiciosos, perezosos o soberbios. 

Literalmente, proviene de invidere, verbo latino que significa "no ver" y que por extensión podemos definir como "mirar con malos ojos".  Se puede definir como la tristeza ante el bien ajeno o el sufrimiento de una persona al ver lo que otra tiene o ha conseguido.

Es verdad que se puede tener una envidia razonable, pero se habla de envidia, no cuando se desea el triunfo o lo que otro tiene, sino cuando el bien o el triunfo de otro nos causa malestar.

Díaz-Plaja en su famoso El español y los 7 pecados capitales dedica un amplio capítulo a la envidia. Y tiene apreciaciones muy interesantes del idioma. Por ejemplo, recuerda que hablar mal de alguien es “darle gusto a la lengua”; o ese refrán presidido de “Piensa mal y acertarás”. O el trabajo que cuesta admirar a alguien cuando se emplea la frase “hay que reconocer que Fulanito lo hace bien” como si costara esfuerzo aceptarlo.

Es verdad que un poco de envidia puede ser sana y hasta estimulante, porque motiva un logro. Es la que nos mueve a conquistar algo; la que origina la movilidad social, el ascenso, las metas. Pero no tiene relación alguna con la envidia nociva, esa que hace sufrir por el bien ajeno. 

El envidioso sufre y mucho. No está contento con su vida. Le falta lo que envidia y no disfruta de lo que tiene. Incluso sus ambiciones están truncadas.

Pos eso, la dosis de envidia que todos tenemos debemos orientarla hacia la emulación, que es otra forma de reconocer el bien ajeno. O sea, reconocer los valores de los demás y tratar de emularlos. Eso es reconocerlos y admirarlos. Sería una forma de prevención de la envidia porque la sociedad ayuda a crearla. Si seguimos con la idea de que es más importante tener que ser, no cabe duda de que fomentamos la envidia. 

Tomemos conciencia de que en la vida hay muy pocas cosas importantes. Y si miramos con un poco de perspectiva podemos concluir que analizar lo que los demás tienen es una lamentable pérdida de tiempo. Y además no nos permite disfrutar de lo que cada uno de nosotros posee.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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