Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

¿Debemos leer los prospectos de los medicamentos?

Ramón Sánchez-Ocaña
Personas con discapacidad piden que los prospectos de fármacos sean de fácil lectura
Pildoras

 

Muchas veces le habrán aconsejado no leer el prospecto de un fármaco. Son tantos los posibles efectos secundarios, que los profanos nos asustamos ante la posibilidad de que alguno de esos efectos nos llegue de rebote.

Ese prospecto que acompaña a cada envase de medicamento –y que siempre se debe conservar– ¿debe citar TODOS los posibles efectos indeseados? Inicialmente, la tendencia era que, en efecto, deberían citarse los efectos que con más probabilidad pudieran presentarse. ¿Y podría influir su lectura en el consumidor? Muchos pacientes a los que se les prescriben fármacos relativamente normales los rechazan en cuanto ven que pueden plantear, por ejemplo, problemas cardíacos. Y como para añadir más peso a su temor dice: "Y lo dice el propio laboratorio". 

Han surgido reclamaciones que condenaron a la compañía farmacéutica “por no informar en el prospecto de todos los riesgos”. Pero otras sentencias dicen que el laboratorio no tiene por qué informar exhaustivamente “porque eso llevaría al nihilismo terapéutico”, Sin emabrgo, en efecto, el laboratorio sí debe ser responsable de todos los efectos secundarios.

Al margen de las tesis legales, lo que a nosotros como consumidores nos afecta, es si debemos leer y conocer TODOS los posibles efectos añadidos. O eso nos va a conducir hacia un rechazo total del arsenal medicamentoso de que disponemos.

Para la ley  hay una responsabilidad del laboratorio, porque la víctima no puede quedar desamparada por el uso de un fármaco en cuyas propiedades curativas confía. 

Nos movemos en un debate con dos polos. El médico, lógicamente, debe informar al paciente, forma parte de sus obligaciones. Pero  en puridad, es el paciente el que debe tomar la decisión sobre si acepta o no ese tratamiento. Y por tanto, para tomar esa decisión debe tener elementos de juicio que se basan en la información previa.

Sin embargo, en la práctica, casi todos los profesionales de la medicina están de acuerdo en que suministrar una información exhaustiva sobre los riesgos de tratamiento puede ser perjudicial para el enfermo; porque si tiene demasiada información o se le  plantean los posibles riesgos, quizá no pueda valorarlos debidamente, porque no tiene suficiente conocimiento médico. Y, además, puede estar influido por su propia personalidad y sobre todo por la coyuntura de la enfermedad.

La situación es difícil. Porque suele zanjarse con una ambigua solución: debe darse la información  “ suficiente”  para que el paciente decida si toma el medicamento o si quiere que se le amplíe la documentación. Y aunque este planteamiento podría ser útil cuando se trata de la relación médico-enfermo, la cosa cambia cuando se trata de un frío prospecto que no valora ni el estado del enfermo, ni su conocimiento, ni su ansiedad.

De hecho, en España solemos mirar las dosis recomendadas a ver si coinciden con las que el médico prescribe. Y suelen obviarse los efectos secundarios, porque realmente, pueden asustar.

Solo a modo de ejemplo, veamos lo que dice el prospecto de unos gránulos  para eliminar la gota. “Advertencias y precauciones especiales: vigilar con atención en caso de insuficiencia renal o hepatobiliar. Utilizar con un relentizado del tránsito intestinal o con un antidiarréico en caso de aparición de diarrea. Esta especialidad contiene lactosa. Se han descrito casos de intolerancia a este componente en niños y adolescentes. Aunque la cantidad presente en este preparado no es, probablemente, suficiente para desencadenar los síntomas de intolerancia, en caso de que aparecieran diarreas debe consultar a su médico.”

En el apartado de efectos secundarios se lee: “Puede producir diarreas y vómitos. En este caso, cesar la administración o reducir la dosis. Incidentes hematológicos excepcionales: leucopenia, neutropenia. Azoospermia: Excepcional y reversible al suprimir el tratamiento. Urticaria y erupciones morbiliformes. Trastornos neuromiopáticos reversibles al suprimir el tratamiento”

El paciente, de escasos conocimientos médicos, pero sí con algunos, deduce que si toma el fármaco, puede tener vómitos o diarreas,  puede ver reducidos sus glóbulos blancos, puede quedarse temporalmente sin espermatozoides, le pueden salir erupciones y urticaria e incluso trastornos nerviosos y musculares. Quizá le compense seguir con el dolor en el pie. Y es un ejemplo tomado al azar.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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