Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

El complejo del audífono

Ramón Sánchez-Ocaña
Paciente con un audífono (bigstock)

¿A que conoce a bastante gente que no oye bien, pero rechaza el audífono porque le parece una cosa de viejos? Es curioso ese complejo. Y sin embargo, se pone unas gafas que vienen a delatar de la misma forma que se va perdiendo vista.

El problema de la hipoacusia o pérdida de oído es complejo porque produce en el individuo una serie de reacciones muy diversas. La primera es que quien no oye, en principio reclama más atención. Pregunta constantemente y además hay que ir a su lado para responderle y que nos oiga. En segundo lugar, si no se le complace, se aísla, se retrae. Pero es que, además, quien no oye, padece con mucha mayor rapidez un deterioro mental importante, en un periodo mucho más corto que los que oyen bien de su misma edad. De hecho neurólogos norteamericanos están estudiando precisamente qué conexión puede haber entre la pérdida auditiva y el declive mental o la demencia. Y aconsejan que los mayores deben tomarse el problema de la audición muy en serio. Los investigadores del John Hopkins Hospital se basan en 1.984 adultos de 70 a 89 años de edad que no mostraban señales de problemas con la memoria ni con el pensamiento al inicio del estudio. Pero la mayoría (un total de 1.162) sí mostraban cierta pérdida auditiva.

Durante los seis años siguientes, 609 desarrollaron nuevas señales de deterioro mental, según una prueba estándar de la memoria: la concentración y las habilidades de lenguaje. La conclusión es que un adulto con problemas auditivos tardaría alrededor de ocho años en desarrollar el deterioro, frente a once años que tardaría si oyera bien.

Hoy más de tres millones de españoles mayores de 50 años sufren alguna pérdida auditiva. La baja audición, sin que pueda hablarse de sordera, es la patología más frecuente en la tercera edad, después de la hipertensión y la artrosis. En la gran mayoría de los casos este problema podría resolverse con la aplicación de un audífono. Pero la realidad es que el 70% de las personas que deberían ponérselo se niegan a utilizarlo. Hay muchos prejuicios que sin embargo, se han superado con las gafas. Es como si mostrar deficiencia auditiva fuera algo antiestético. O mostrar el audífono (en el caso de que fuera visible) tuviera connotaciones de otro tipo.

No se ha difundido suficientemente que llevar un audífono no es sinónimo de ser sordo, sino de querer oír mejor. Y según los últimos estudios, de prevenir el deterioro mental.

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Francisco Hurtado Bermejo Hace 2 meses
Lamentable el negocio montado con las prótesis auditivas con precios exageradamente elevados y sin ningún tipo de control. Dispositivos, a veces indispensables, para enfermos crónicos no están al alcance de todos ellos y las administraciones competentes no regulan el sector.