Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

Hemorroides: soluciones para un padecimiento pudoroso

Ramón Sánchez-Ocaña
Hemorroides, padecimiento pudoroso
Píldoras

 

Es como un secreto vergonzante. Y sin embargo es una de las afecciones más comunes en el mundo occidental. Más de la mitad de la población española las padece y por lo menos la tercera parte las sufre de forma aguda. Afecta sobre todo a personas entre los 25 y los 60 años y pese a la creencia de que los partos las provocan, son más frecuentes en varones que en mujeres, en una proporción de dos a uno.

El problema es que las hemorroides se sufren en silencio, porque ciertamente no es algo grave ni de ellas depende la supervivencia, aunque las molestias que pueden provocar alteran la calidad de vida. Por un mal entendido pudor no se suele ir al médico y la mayoría de la gente acaba automedicándose con lo que le recomiendan sus amistades.

Un curioso concepto

Tanto el nombre técnico de hemorroide, como el más popular y difundido de almorrana obedecen al mismo origen. El primero proviene de hemos = sangre y rois = flujo. El segundo toma el mismo origen en  otra fórmula: haima = sangre y rois. Es decir, hemorroide se identifica siempre con flujo de sangre. Y la primera referencia que se tiene de hemorroides, se debe precisamente a Hipócrates que las describió en el año 400 antes de Cristo. Bien es verdad que entonces se consideraban como una válvula de seguridad del cuerpo humano que dejaría vía libre a los malos humores como la "bilis verde o la bilis negra". Fluía lo que sobraba. Galeno mantuvo las mismas teorías.

En el período árabe, a través de la Edad Media y hasta el siglo XVIII, se siguen considerando válvulas, aunque se introduce un nuevo concepto. Se piensa que son válvulas que vigilan el nivel de sangre. Si hay un exceso, esas válvulas se ponen en funcionamiento y se sangra. Una hemorroide sangrante significaba, simple y llanamente, que el cuerpo había producido demasiada sangre y en vez de hacer una sangría, tenía su salida particular. Incluso este concepto llega hasta los años veinte del siglo XX, cuando se aconsejaba a los cirujanos que no deberían eliminar todas las hemorroides y que por lo menos había que dejar una para prevenir la hipertensión o las hemorragias cerebrales.

Qué son

Hoy, desterrado el concepto de válvula, se sabe que las hemorroides no son otra cosa que dilataciones venosas del plexo hemorroidal, que rodea el ano.

Desde el punto de vista de formación podría decirse que son auténticas varices a otra altura. Aunque las causas son muy distintas, muchos componentes son iguales. Un obstáculo fuerza la dilatación de la vena. La mayoría de las veces el obstáculo es la propia estrechez de la vena. Como si no tuviera bastante capacidad, bastante calibre, y entonces se dilata. La realidad también es que disponemos de un plexo hemorroidal interno que tiene como misión facilitar de manera total el cierre del ano para que no haya salida de líquidos o de gases cuando está en reposo. El problema es que cualquier presión en esa zona predispone a su dilatación. Incluso como antes decíamos, la del propio calibre de la vena.

A quién y por qué

Hay aspectos muy curiosos en torno a este tema. Por ejemplo, en Oriente Medio son tan frecuentes que resulta excepcional encontrarse con alguien que no las padezca. En el caso de las mujeres, el origen puede estar en el clásico estreñimiento femenino o en el esfuerzo de los partos. Bien es cierto que las hemorroides surgidas al parir suelen desaparecer posteriormente aunque pueden exacerbarse en siguientes embarazos. No suele aparecer en gente joven y, seguramente tienen  un componente racial y hereditario. En cuanto al por qué surgen, hay una serie de factores que favorecen su aparición. Uno es el embarazo, como decíamos. En los últimos meses de gestación se aumenta considerablemente la presión interna sobre esa zona dificultando por tanto la circulación a ese nivel. Por otro lado, durante el parto se realiza un esfuerzo grande de expulsión que favorece, lógicamente, la dilatación.

También favorece su aparición estar sentado durante mucho tiempo en lugares que no transpiran. Un asiento de plástico, por ejemplo. Al no transpirar, se calienta y se produce como consecuencia una vasodilatación.

Pero desde luego es el estreñimiento una de las causas principales, especialmente si se utilizan laxantes irritantes.

En general, debería de combatirse estar demasiado tiempo sentado, procurando cada hora o cada dos horas dar un pequeño paseo.

También es verdad que hay profesiones más expuestas. Por ejemplo, el jinete, o el ciclista. Esos pequeños traumatismos del jockey y los que puede producir el sillín de la bicicleta pueden provocarlas.

Hay que ser consciente de que las hemorroides no suelen ser graves; pero sí pueden representar un auténtico calvario.

Tipos y grados

Los especialistas distinguen la afección según las molestias que provocan y sobre todo según su tamaño. Hay un grado 1 que no es más que una ligera dilatación, con sangrado esporádico y picor; en el  grado 2 ya hay  más dilatación venosa, sangra, produce picor, escozor  sobre todo al defecar; en el grado 3 ya asoman por debajo del esfínter y es normal que haya que hacer una maniobra manual para volverlas a su sitio. Tras la defecación hay sensación de tener una masa carnosa en el ano. Y la fase 4 es cuando ya las hemorroides están fuera del esfínter de manera casi permanente. Sangran con frecuencia y se tiene la sensación de tener un cuerpo extraño en esa zona. El uso de pomadas antiinflamatorias se hace preciso cada vez que se va al baño y es cuando más indicada está la cirugía.

En todo caso, quien padece hemorroides debe saber que según el grado y según el tipo, en manos del especialista puede tener solución y sencilla. El miedo a la cirugía en el caso de que sea recomendable, está ya fuera de lugar. El postoperatorio es ya bastante menos molesto que hace algunos años; es menos doloroso y hay muchas técnicas que se pueden realizar de forma ambulatoria.

Soluciones

Lo primero que debe hacer ante unas hemorroides es visitar al médico. Perder ese pudor que no tiene sentido, pensando además que el especialista ve todos los días a pacientes que tienen el mismo problema.

Deberá evitar por todos los medios el estreñimiento y los excesivos esfuerzos para defecar. Incluya en la dieta fibra abundante, frutas y verduras que le ayuden en el tránsito intestinal (si es diarreico, debe evitar los alimentos crudos y las verduras. Es mejor ir directamente a la proteína de un buen chuletón).

Desde luego, en ningún caso se debe ir al retrete a pasar el rato. Se va a cumplir una necesidad y no a leer el periódico.

Procure que el papel higiénico sea suave. Debe lavarse con agua tibia y después, en el caso de que molesten, aplicar compresas frías o hielo.

Tanto en hombres como en mujeres es interesante hacer ejercicio. Todo ejercicio es útil, pero más aquellos que favorecen la circulación de retorno. Y uno de ellos es el clásico de la bicicleta: tumbados en la cama, se elevan las piernas y se simula el pedaleo del ciclista.

Para que no molesten  

Se pueden tener hemorroides sin padecer las consecuencias. Y para ello, conviene recordar unos consejos elementales:

Es fundamental la higiene y el uso del bidet después de cada evacuación.

Debe eliminar todo tipo de bebidas alcohólicas y las comidas excesivamente condimentadas, especialmente la mostaza, la pimienta, los picantes y los pepinillos.

Que las hemorroides sangren o no depende de muchos factores; pero sobre todo, de la fragilidad vascular de cada uno.

El problema serio es que, aun padeciendo hemorroides, sólo se va al médico cuando sangran, cuando aparece una hemorragia. Y eso es absurdo. Por eso decíamos que sobre esta afección, sin duda por el lugar en que se producen, ha caído una manta de vergüenza y de pudor que habría que desterrar. Las hemorroides deben vigilarse. Porque pueden ser síntoma de otra cosa o pueden acabar en un trombo hemorroidal que no es grave pero sí dolorosísimo y relativamente frecuente.

También deben vigilarse, porque si hay hemorragias no es difícil que haya una anemia declarada o subclínica que conviene controlar.

Cirugía

Una cosa debe estar clara: para las crisis siempre hay un tratamiento correcto. Y en último extremo, siempre está la cirugía. Además ha avanzado mucho. En este sentido, debe decirse que da espléndidos resultados, aunque hay que ser conscientes de que es como la cirugía de un callo. Se pueden quitar y se quitan. Pero no se elimina la causa que las originó por lo que siempre cabe la posibilidad de que vuelvan a salir. No es que la cirugía falle. Es que al no desaparecer la causa, pueden salir nuevas hemorroides.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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