Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

Síntomas del Síndrome de Intestino Irritable

Ramón Sánchez-Ocaña
Gastritis

De los seis millones de españoles que lo padecen, cuatro son mujeres. Antes se hablaba de colon irritable y ahora se trata de generalizarlo un poco más y se llama síndrome de Intestino irritable (SII) porque sus alteraciones no afectan exclusivamente al colon, sino también a partes más altas del tubo digestivo y, concretamente del intestino delgado. Se caracteriza fundamentalmente por dolor abdominal y alternancia en las deposiciones pasando de periodos de estreñimiento a periodos de diarrea sin que haya una lesión orgánica. Los dolores son crónicos o intermitentes, con hinchazón abdominal.

Uno de los problemas que plantea este síndrome es que se desconoce realmente su origen, porque no hay una lesión orgánica que lo justifique. Por eso, hay quien se inclina por la diferente personalidad de estos pacientes ya que parecen tener una respuesta motora mayor que los demás. Y sobre todo, porque en ellos, la tensión física y psicológica puede alterar esa función gastrointestinal. Otros investigadores encuentran entre los pacientes con intestino irritable, una disminución en el umbral del dolor; es decir sienten más dolor o tienen una respuesta más dolorosa que los demás y su intestino puede tener igualmente disminuido el umbral de respuesta ante otros estímulos. Es como si el intestino reaccionara de manera excesiva a los alimentos, a las enzimas, a las hormonas o a las tensiones y entonces desencadenara -más y a destiempo- toda su actividad.

El trato médico-paciente es fundamental, puesto que uno de los  motivos de consulta, mas que por las molestias abdominales o por los trastornos en el tránsito intestinal, es por la cancerofobia de la población. En la mayoría de los casos son enfermos que tiene miedo al diagnóstico tumoral.

El tratamiento también es complejo ya que se suele dirigir a un síntoma especifico y no a todos los demás, desde el dolor abdominal a las alteraciones propias del intestino irritable. Para el Profesor Díaz Rubio, debe haber un tratamiento higiénico y dietético tanto para que el paciente excluya de la dieta aquellos alimentos que sepa que desencadenan los brotes de la enfermedad, como para que incorpore abundante fibra. Además no hay un tratamiento que se pueda considerar ideal, aunque es cierto que los gastroenterólogos disponen del arsenal terapéutico suficiente. Si a ello se unen las recomendaciones dietéticas con el incremento de fibra en la ingesta, la mejoría en un elevado porcentaje de casos, es evidente. Sin embargo, 20 de cada 100 enfermos no responden al tratamiento y es cuando suele aconsejarse psicoterapia, ya que ese “nerviosismo intestinal”, puede ser el reflejo local de una actitud psicológica general.

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