Si vuelvo a padecer

Para algunas personas la vida es provechosa y para otras se les hace pesada. Para unos la vida es dulce y para otros, es agridulce. Incluso, para los primeros, es estable en situaciones de cambios. Cómo ves, cada persona tiene una experiencia subjetiva de la experiencia vital. Y no tanto por los sucesos, sino por las interpretaciones y los mal entendidos aprendizajes. Esto no es hecho aislado. Es bastante frecuente y así la psicología, lo ha señalado. 

Muy relacionado a lo anterior, está el culpar a factores externos de lo que nos sucede por decisiones que hemos tomado nosotros solitos. Una costumbre, mala, que reconozco haber dado por válida hasta no hace mucho. Ahora ya me aplico el cuento y evito responsabilizar a Dios de los males, del mundo y mis fracasos. 

He aprendido también, que no puedo evitar el dolor. Solo intentar paliarlo con la aceptación de que nada (ni nadie) es perfecto. Repitiéndome que no soy victima sino responsable, porque como me ha recordado mi amiga Dulcinea, en el lenguaje y la actitud está la clave de un buen envejecimiento.

Esta decisión es una vía para tomar el timón de nuestro destino y para no dejar que la mala climatología condicione el viaje. 

Si vuelvo a padecer, ya no diré ¿cómo puede Dios permitir esta tragedia? sino me diré que una mala acitud es la que puede durar 100 años y yo, puedo ponerle freno. Por lo que sí, paraiso o infierno son solo dos conceptos abstractos que están dentro de uno mismo, y no afuera. Como siempre hacemos, echar balones fuera.

El sufrimiento tiene su función y yo con la sabiduría de las personas viejas, ya sé que también es opcional. Por lo tanto si vuelvo padecer, como estoy seguro de que lo viviré, lo haré con mejor predisposición y mayor resiliencia. Ahora solo quiero que me vacunen y visitar a mi consentida. Para ella la vida es una rumba.


Francisco Olavarría Ramos, licenciado en Comunicación y Marketing y activista en favor de los derechos de personas mayores y personas con discapacidad.