"Vacía y sola…"

El sector de los cuidados, especialmente con la pandemia del coronavirus, ha vuelto a comprobar como todas las advertencias que éste venía compartiendo con las autoridades públicas y los medios de comunicación, estaban siendo minusvaloradas e ignoradas.

Las consecuencias de esta crisis humanitaria, en la que las personas mayores han sufrido la peor parte, podrían, en estos momentos, suponer el acicate para impulsar y así, hacer efectivos esos cambios que mejoren las condiciones asistenciales a este segmento de la población, que además son nuestro futuro próximo. Quiero verlo así, porque después de tanto drama, me niego a creer que demos pasos atrás en derechos, como así dicen las voces más pesimistas.  

En todo el mundo, las mujeres son las principales proveedoras de cuidados para los miembros de la familia con enfermedades crónicas o discapacidades, incluidos el de los adultos mayores. Siendo esto una realidad, lamento que esto no es una información positiva, porque intuyo que los espacios donde las mujeres son mayoría, como así ocurre con los cuidados a la vejez y la discapacidad, se acaban convirtiendo en un campo abonado para el trabajo precario.

Sin ser negativo, espero que aprovechemos esta oportunidad para poner en valor la profesión de los cuidados que hacen ellas en su mayoría, y en la que por otra parte, los hombres tenemos mucho que aportar. Quizá, y sólo así, cuando alcancemos esa igualdad, en capacidades y responsabilidades, las condiciones y los salarios, mejoren para ellas.

La sociedad civil, en una gran proporción seguirá ajena a esta injusta realidad, pero los implicados no nos dejaremos apenar por ello y es que debemos estar seguros de que todo lo que sembremos ahora, lo veremos florecer. 

Podríamos insuflarnos de un cierto optimismo diciendo “si no es ahora, ¿cuándo?” pero si no somos nosotros, serán otros los que vengan a impulsar las próximas mejoras, porque si echamos la vista atrás, cierto es que, tiempos pasados nunca fueron mejores. 

Ahora tú, estimado/a lector/a que todavía estás a tiempo, haz lo posible para no ser indiferente ante estas injusticias que hoy sufren las personas mayores y las cuidadoras. Unámonos a Mercedes Sosa cantando su himno de esperanza: “Que el dolor no me sea indiferente / Que la reseca muerte no me encuentre / Vacía y sola sin haber hecho lo suficiente”, poniendo el valor de los cuidados y las mujeres que hoy nos cuidan tan bien.


 

Francisco Olavarría Ramos (@OlavarriaRamos), director de Relaciones Institucionales de Depencare​, empresa de cuidadores a domicilio para personas mayores y personas con algún grado de dependencia y/o discapacidad.

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