Fernando Ónega
Opinión

Un ejemplo, una obligación

Fernando Ónega
Rubalcaba

Alfredo Pérez Rubalcaba vio confirmado su diagnóstico: “En España se entierra muy bien”. Desde el fallecimiento de Adolfo Suárez, no hubo un líder político que recibiera tantos elogios escritos y tanto afecto popular. Incluso reconcilió a socialistas que se dividían precisamente por Rubalcaba, con algunas escenas de cinismo al lado de escenas de auténtico dolor. Terminado todo, esto es lo que tengo que decir: ningún político está obligado a tener la inteligencia y la brillantez de Rubalcaba. Pero todos están obligados a tener su sentido del Estado y del servicio público. Todos deberían aspirar a merecer el mismo afecto ciudadano. Y todos se deberían despedir con el ejemplo que él dio: marcharse con el mismo patrimonio con el que Rubalcaba llegó al poder.