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Onicofagia: si te muerdes las uñas, debes dejar de hacerlo

Mariola Báez

Foto: Bigstockphoto

Jueves 31 de octubre de 2019

3 minutos

Aunque este hábito es más propio de niños y adolescentes, algunas personas adultas lo mantienen

Onicofagia: morderse las uñas

ACTUALIZADO

La onicofagia es lo que normalmente llamamos morderse o “comerse” las uñas. Es algo muy común entre personas jóvenes que, a medida que alcanzan la edad adulta, dejan este hábito. Pero no siempre ocurre así y, en ocasiones, esta costumbre está tan arraigada que las personas mayores no consiguen dejarla atrás.

Los psicólogos explican que la onicofagia es un hábito compulsivo que se manifiesta principalmente en situaciones de nerviosismo y estrés. El problema puede aparecer no solo en la adolescencia, sino en cualquier momento por un cambio drástico en la vida, por ejemplo, un divorcio o el fallecimiento de un ser querido. La persona que se muerde las uñas no es consciente de que lo está haciendo y, a veces, detrás de esta situación puede haber algún trastorno emocional o psíquico como la ansiedad, una baja autoestima o la depresión.

Aunque este tipo de casos son más reducidos, la onicofagia también puede ser un síntoma de un trastorno obsesivo-compulsivo que requiere un tratamiento médico inmediato para erradicarlo. En este sentido, puede ser consecuencia de una patología mental o del comportamiento que realmente perjudica la salud del paciente como, por ejemplo, la bulimia, un trastorno por déficit de atención o un trastorno oposicionista desafiante. No obstante, solo un especialista puede determinar si esta es la causa definitiva de la onicofagia.

Onicofagia

Consecuencias de la onicofagia

Las uñas mordidas son una cuestión de estética, porque realmente dan un aspecto descuidado y poco saludable a las manos, pero además son un tema importante que puede afectar a la salud. Con el tiempo, la onicofagia puede acabar provocando lesiones de consideración en la uña y pequeñas heridas en el contorno de la misma. Las infecciones dolorosas que tienen su origen en el daño provocado en la cutícula también son frecuentes.

Sin embargo, los dientes son quizás los más perjudicados por la onicofagia. En primer lugar, este hábito puede provocar que el esmalte de tus dientes se vea deteriorado, causando al mismo tiempo una sensibilidad extrema y un mayor riesgo de aparición de caries. Por otro lado, los adultos mayores que se comen las uñas también pueden astillar, romper o desgastar sus dientes frontales debido al estrés que acompaña a este gesto.

Asimismo, algunas personas que se muerden las uñas de manera compulsiva llegan a experimentar dolor en el área de la mandíbula y tienen más probabilidades de desarrollar un caso claro de bruxismo en el futuro, una afección que consiste en apretar o crujir los dientes de forma involuntaria y cuyos síntomas son dolor de cabeza, encías retraídas o incluso pérdida dental.

Por último, no hay que olvidar que el hecho de tener constantemente las manos en la boca, puede contribuir a que, sin darnos cuenta, estemos facilitando una vía de acceso a distintos virus y bacterias que podrían provocar distintas dolencias.

Onicofagia

Soluciones para evitar esta costumbre

Viendo los efectos que tiene sobre nuestra salud, dejar este hábito solo trae ventajas en todos los sentidos. Lograrlo no siempre es fácil, sobre todo en personas mayores que tienen esta costumbre muy arraigada. En estos casos, la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (@ansiedadyestres) recomienda intentar evitar las situaciones que provocan mayor nerviosismo y eliminar el consumo de sustancias que puedan incrementar excitación, como el café o las bebidas alcohólicas.

También existen algunos remedios caseros que requieren mucha fuerza de voluntad, pero que pueden complementar otros tratamientos más formales como cubrir tus uñas naturales con uñas postizas, masticar chicle sin azúcar o regaliz, o envolver los extremos de tus dedos con unas tiritas.

Igualmente hay que recordar que tienes a tu disposición distintos productos que pueden ayudar. Se presentan en forma de esmaltes que, además de proteger las uñas, por su sabor determinado servirán de recordatorio para evitar que recurras a las uñas en momentos de estrés.

En los casos persistentes y más graves, la terapia psicológica puede ser necesaria, pues te ayudará a crear pautas de comportamiento que favorezcan el control. Y no solo eso, "también se puede recurrir a un odontólogo para que éste confeccione una férula especial que impida que se puedan juntar los incisivos superiores e inferiores e imposibilitar así que se pueda cortar la uña con los dientes", tal y como recomiendan desde Sanitas (@sanitas). Eso sí, en este último supuesto, debe ser un especialista quien aconseje dicho método.

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