Fisioterapia

¿Es efectiva la rehabilitación de las extremidades superiores tras un ictus?

Teresa Rey

Foto: Bigstock

Jueves 19 de septiembre de 2019

3 minutos

Trabajando una serie de ejercicios los expertos aseguran que se recupera gran parte de la movilidad

Telerehabilitación
Teresa Rey

Foto: Bigstock

Jueves 19 de septiembre de 2019

3 minutos

Tras sufrir un ictus hay personas que sufren hemiparesia, un síntoma que se caracteriza por la disminución de la fuerza motora o la parálisis parcial de un brazo y pierna de un mismo lado. Así pues podemos hablar de hemiparesia izquierda o hemiparesia derecha. Los expertos aseguran que un porcentaje alto de las personas que se someten a una rehabilitación de las extremidades superiores paréticas consiguen mejorar su movilidad.

Tono muscular y sensibilidad

La hemiparesia que se produce en los brazos afecta a la secuenciación y coordinación de movimientos y genera una disminución de los impulsos motores al igual que trastornos sensitivos.

Todo ello influye negativamente a la hora de mover con normalidad estas extremidades. Hay una disminución del tono muscular o flacidez, de modo que el paciente es incapaz de sentirlas. Aunque esta condición puede evolucionar si el trastorno avanza y la flacidez puede derivar en una espasticidad que aumenta en exceso el tono muscular y afecta a alguna cadenas musculares como los flexores del brazo, según se explica en el documento  Rehabilitación de extremidades paréticas tras un ictus, elaborado por las terapeutas Esther Fernández Gómez y Ana Ruiz Sánchez, y la fisioterapeuta Gema Sánchez Márquez.

Del mismo modo, estas personas pueden experimentar alteraciones en la sensibilidad de manera que no puedan distinguir texturas de los objetos o el frío del calor, entre otros.

Pulsera para prevenir el ictus

El espejo y otras terapias

Para la rehabilitación de estos pacientes se recurren a diversos métodos que pueden combinar terapias como la electroestimulación, ejercicios de fisioterapia y otras alternativas destinadas a restaurar la movilidad de los miembros afectados.

En estos casos es conocida por ejemplo la terapia con espejos. Esta consiste en poner frente a un espejo el brazo sano y esconder el afectado tras el mismo. A continuación el paciente mueve la mano que está bien y así se crea la falsa percepción de que la que se halla dañada funciona con normalidad. El cerebro percibe esa ilusión de movimiento, y según diversos estudios esta percepción favorece la recuperación en estos casos.

Los ejercicios específicos se centran en conferir de nuevo a las extremidades afectadas estabilidad, habilidad y fuerza. Se trabaja la coordinación y la normalización del tono muscular. Además, se puede recurrir a maquinaria ortopédica como andadores que ayuden en el proceso de rehabilitación. Del mismo modo, en ocasiones se emplean férulas posturales y para calmar el dolor se usan a veces infiltraciones de anestésicos locales o por otra parte se utiliza toxina botulínica para reducir la espasticidad.