Fisioterapia

Contracturas musculares en mayores: posibles causas y cómo solucionarlas

Teresa Rey

Foto: Bigstock

Martes 3 de diciembre de 2019

3 minutos

Se producen debido a que el músculo pierde capacidad para relajarse o por un espasmo en el mismo

Contracturas en mayores causas y cómo solucionarlas

Las contracturas se producen debido a que el músculo pierde capacidad para relajarse o tiene lugar un espasmo muscular. Es por ello que pensamos que solo les ocurren a los deportistas, ya que son ellos los que más tensionan los músculos al trabajarlos, pero no siempre es así. Estos espasmos se producen en cualquier persona y también en los mayores. De hecho, según los expertos la mayoría de las personas han sufrido alguna en mayor o menor intensidad.

Dolor localizado

La consecuencia inicial de esta contracción del músculo de forma involuntaria es el dolor en la zona afectada. Esta es una molestia que se prolonga en el tiempo, es como una sensación de pesadez y un dolor más bien tenue que parece no terminar de manifestarse, pero que está presente de forma continuada.

En la palpación, el músculo afectado se muestra más duro y a la par más abultado e incluso puede presentar inflamación. A esto se le llama tono aumentado o hipertonía. En su interior es posible encontrar puntos de gatillo, que son una irritación localizada que surge en una banda tensa de un músculo esquelético presentado dolor cuando se realiza sobre ellos una compresión, distensión, sobrecarga o contracción del tejido.

La contracción del músculo se produce de forma natural, sus fibras aumentan y este se contrae dando lugar al movimiento de las articulaciones. Ahora bien, si al músculo se le somete a una situación estresante o de sobreesfuerzo, es posible que se le perjudique y como reacción se mantiene contraído durante un tiempo sin que nosotros lo queramos o estemos en movimiento. Si aparece dolor y una limitación de la movilidad entonces tendremos una contractura.

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Causas

Las causas desencadenantes de este fenómeno se hallan por ejemplo en una exposición al frío, que puede acontecer si empezamos a hacer deporte sin un calentamiento previo, dando lugar a una sobrecarga. El frío provoca una contracción defensiva en el músculo que si se mantiene en el tiempo origina una contractura.

Del mismo modo, en el ámbito deportivo tanto si sometemos de un forma repentina y muy intensa a un esfuerzo al músculo, como si lo hacemos de forma continuada, sin que se pueda relajar, entonces es posible que se contracture. Las posturas mantenidas, una mala técnica o gestos repetitivos dan lugar a esta condición.

Por el lado contrario, y aunque parezca contradictorio el sedentarismo también está detrás de estas alteraciones. Si permanecemos mucho tiempo sin hacer ningún tipo de actividad física, los músculos se tornan débiles. Por ello, si de pronto los sometemos a una sobrecarga estos reaccionan contracturándose en ocasiones.

Al mismo tiempo, un golpe o traumatismo es otra posible causa, así como problemas relacionados con la bioquímica del organismo.

Los malos hábitos posturales al sentarnos delante del ordenador, al usar el teléfono móvil o ver la televisión, también generan contracturas. Son posturas en las que permanecemos mucho tiempo y esto provoca un esfuerzo que al final puede pasar factura a nuestros músculos.

El estrés emocional o físico es responsable en cierta medida si lo somatizamos de esta manera. Un estado de nerviosismo continuado genera tensión que se traslada a uno o varios músculos del cuerpo. Las sustancias liberadas por el cuerpo cuando nos encontramos estresados son las que originan este problema.

Una hidratación inapropiada es a su vez otra consecuencia de esta condición. Si no hay suficiente cantidad de agua en el organismo, el metabolismo celular se ve alterado y la capacidad de contraerse y relajarse por parte de las fibras muscularse se distorsiona.

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Cómo evitarlas

Para evitar las contracturas musculares podemos adoptar distintas medidas. Una de ellas es la de respetar el calentamiento previo en las prácticas deportivas. Este debe iniciarse con movimientos lentos e ir incrementando la intensidad poco a poco.Tampoco debemos olvidar los estiramientos que deben hacerse antes, durante y después del ejercicio. Al estirar los músculos trabajamos sobre su flexibilidad y de este modo facilitamos su recuperación tras un esfuerzo físico.

Cuanto menos repitamos un movimiento será mejor para nuestros músculos, ya que así también evitamos la fatiga muscular. Y por supuesto, debemos intentar corregir esas posturas incorrectas que nos provocan dolor. Aprender a sentarse es vital para prevenir por ejemplo dolores de espalda al igual que saber cargar con el peso de la compra o de otros artículos.

En el caso de tener ya la contractura, tendremos que vigilarla para ver cómo evoluciona. Si en alrededor de una semana no ha cesado el dolor, lo mejor es acudir a un fisioterapeuta. Además, si impide movernos normalmente en nuestra vida cotidiana, también deberíamos pedir cita con este profesional de la salud.

La primera recomendación es descansar durante dos o tres días para ver si remite el dolor. Después el experto evaluará qué tipo de masajes se han de aplicar, si hay que utilizar otras técnicas como aquellas que suponen estiramientos, el uso de vendajes especiales y los métodos que estime oportunos.

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