Preguntas

¿A qué se deben los calambres en las extremidades cuando dormimos?

Mariola Báez

Domingo 5 de mayo de 2019

2 minutos

La contractura involuntaria de la musculatura puede resultar muy dolorosa

Calambres en extremidades (Bigstock)

Sucede de manera repentina, interrumpiendo el sueño por unos segundos o minutos en los que no sabemos qué hacer para que ese dolor, tan intenso, pase. Los calambres nocturnos son contracciones bruscas, involuntarias, que pueden tener su origen en distintas causas y que, generalmente, no son peligrosas ni síntoma de alguna enfermedad.

Estos espasmos que, una vez que se superan, pueden dejar dolorida la zona afectada durante varios días, se producen especialmente en las extremidades inferiores, sobre todo en la musculatura de las pantorrillas  (“subida del gemelo”), en la de los pies (dedos agarrotados) o en la cara interna o externa de los muslos. El problema es causa frecuente de consulta médica tal como señala la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN).

¿Qué provoca los calambres nocturnos y qué hacer para aliviarlos?

No están claras cuáles son las causas exactas que hacen que un espasmo muscular de este tipo consiga despertarnos retorciéndonos de dolor en la noche. Los expertos los relacionan con una inadecuada hidratación y un desequilibrio en los electrolitos y fluidos corporales. La carencia o insuficiencia de determinados minerales (y electrolitos) como el calcio, el magnesio, el potasio o el hierro podría estar detrás de estas incómodas contracturas.

Los médicos señalan que los calambres son más frecuentes entre las personas mayores de 60 años y que la prevalencia puede aumentar con la edad. Otro grupo con riesgo de padecerlos son las mujeres durante el embarazo. Episodios puntuales de diarrea, que implican pérdida extra de líquidos corporales, la acción de determinados medicamentos, especialmente de aquellos con efecto diurético, o la falta de algún nutriente esencial para el organismo, son algunas de las posibles causas de los calambres nocturnos.

También pueden producirse simplemente a consecuencia del desarrollo de una actividad física, tal vez demasiado intensa, que ha afectado a la musculatura de las extremidades inferiores, sobre todo si no se ha realizado el necesario calentamiento previo y unos estiramientos posteriores que devuelvan al músculo a su normal estado de reposo.

Aunque estas son las causas habituales, los calambres continuados y de intensidad considerable también podrían estar relacionados con determinadas enfermedades como la diabetes, las patologías renales, la esclerosis lateral o el síndrome de las piernas inquietas.

En cuanto al posible alivio, en el momento de sufrir el calambre hay que intentar que el músculo vuelva a su posición natural evitando la contracción. Intentar estirarlo, aunque resulte doloroso, suele ser el mejor remedio. Si el dolor no cede, aplicar calor en la zona y practicar un suave automasaje, también puede ayudar a que el mal rato pase cuanto antes. En los casos más severos, y tras diagnóstico previo, el médico puede indicar la necesidad de iniciar un tratamiento farmacológico.

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