Preguntas

Cómo podemos detectar el deterioro cognitivo leve

Teresa Rey

Foto: Bigstock

Miércoles 22 de mayo de 2019

2 minutos

Se manifiesta a través de olvidos más frecuentes de lo normal y ciertos problemas en el lenguaje

deterioro cognitivo

En nuestra vida cotidiana los olvidos se producen en alguna ocasión, independientemente de la edad que tengamos. Sin embargo, a medida que nos hacemos mayores podemos empezar a notar que estas pérdidas de memoria son más habituales. Cuando esto sucede junto a otra serie de síntomas, hay que estar pendientes pues se puede estar experimentando un deterioro cognitivo leve. Este se considera como un paso intermedio entre el deterioro propio del envejecimiento y una situación más grave que es cuando ya se padece demencia, explican expertos de la Clínica Mayo (@ClinicaMayo).

Cuándo sospechar

Los signos que nos pueden alertar de que estamos sufriendo este trastorno, son por ejemplo que tenemos problemas a la hora de encontrar las palabras adecuadas cuando nos comunicamos, es decir, dificultades con el lenguaje; que se nos olvidan algunas cosas con más frecuencia de lo normal; o no nos acordamos de citas o lugares a los que tenemos que ir. En ocasiones, también se suelen perder objetos de manera constante o no recordar dónde los hemos dejado.

Es posible que en el entorno familiar perciban estas carencias porque se producen de forma continua, pero aun así no son limitantes, de modo que las personas que sufren deterioro cognitivo leve pueden desarrollar su vida normalmente. Al mismo tiempo, se pueden sufrir síntomas de depresión, ansiedad, apatía o irritabilidad.

Los expertos aseguran que cuando se produce esta situación no necesariamente tiene que ir a más y aunque puede ser un primer paso para desarrollar la enfermedad de Alzheimer, no siempre ha de ser así. De hecho, se pueden dar tanto casos de empeoramiento, como también de mejoría.

Causas y tratamiento

Las causas de este deterioro se deben a una acumulación de diversas circunstancias que hacen que una persona tenga más posibilidades que otras de desarrollarlo. Los cambios en algunas estructuras cerebrales pueden influir, pero también existen otros factores de riesgo aparte de la edad, como el tabaquismo, la diabetes, la hipertensión, la escasa actividad física, la obesidad o el colesterol alto, entre otros aspectos.

El tratamiento de este trastorno es individualizado. El experto debe evaluar qué grado de deterioro se tiene y en función de ello pautará las terapias más adecuadas. Generalmente, se recurre a programas para entrenar la memoria, centrados en la repetición de conceptos, hechos o imágenes, técnicas mnemotécnicas, métodos de relajación, y en ocasiones se recurre a algunos fármacos.

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