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Qué ocurre cuando nos diagnostican dislipidemia o una alta concentración de grasas en sangre

Teresa Rey

Foto: Bigstock

Lunes 16 de septiembre de 2019

2 minutos

Esta condición incrementa el riesgo de padecer ateroesclerosis o enfermedades cardiovasculares

Qué ocurre cuando nos diagnostican dislipidemia o una alta concentración de grasas en sangre

La dislipidemia o dislipemia es cuando en conjunto se observa una alta concentración de grasas en sangre, principalmente de colesterol y triglicéridos. Esta condición es un riesgo para padecer ateroesclerosis o enfermedades cardiovasculares. Se considera que en su aparición puede, influir factores primarios, que tienen que ver con la genética, o secundarios, relacionados con los hábitos de vida y otros motivos.

Más lipoproteínas en el torrente sanguíneo

Como bien se sabe con el paso de los años la concentración de lípidos y en concreto de colesterol LDL o “malo” en la sangre, aumenta. En los hombres este suele ser mayor, pero tras pasar la menopausia los niveles se equiparan en las mujeres. A esta situación, por tanto, a la que se llega con la edad y que supone un mayor número de lipoproteínas en la sangre, se la define como dislipidemia.

La posibilidad de padecer ateroesclerosis en estos casos es mayor porque el hecho de poseer el colesterol LDL más alto es un factor de riesgo para desarrollarla, pero también para sufrir un infarto o accidente cerebrovascular. Otro elemento en contra es presentar de forma paralela niveles bajos de colesterol HDL.  No ocurre lo mismo con los triglicéridos, dado que no se ha demostrado que un valor superior a 150 mg/dL, el considerado como normal, esté vinculado a estos posibles episodios, aunque es una situación que también se da en la dislipemia.

En general, esta es una característica que se observa con frecuencia en patologías como la diabetes, la gota, el alcoholismo, la insuficiencia renal crónica, el síndrome metabólico, el hipotiroidismo y que puede aparecer por la ingesta de determinados fármacos.

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Cambio de hábitos

Este trastorno no genera síntomas evidentes en principio y es una anomalía que suele detectarse a través de un análisis de sangre.  Si se detecta un nivel de lípidos muy elevado, se suele recomendar un nuevo un análisis de sangre, pero más específico para así determinar las causas subyacentes.

En un primer momento, el tratamiento se orienta a cambiar los hábitos de vida de los afectados. Se iniciará una dieta para perder peso en el caso de que sea necesario, se tendrá que hacer ejercicio y eliminar grasas en la alimentación. Además, es posible que haya que medicarse. Se aconseja llevar una alimentación rica en frutas y verduras y cereales integrales, principalmente.

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