Sociedad

Cicatrices de una pandemia: la historia tras la foto del balcón más triste de Madrid

Andrés Ramos

Viernes 12 de junio de 2020

4 minutos

Plantas marchitas tras la muerte por coronavirus de sus dueños

Cicatrices de una pandemia: la historia tras la foto del balcón más triste de Madrid

Es una de las imágenes de la pandemia. La prueba fehaciente de la devastación que el coronavirus ha dejado a su paso. Y nuevamente un balcón, como desde de los que cada día se aplaudía a los sanitarios, es protagonista. En marzo rebosante de vida y ahora lleno de plantas lánguidas y flores marchitas. Un toldo a medio bajar, un molinillo que no encuentra quien le sople y una luz encendida que nadie apaga. Cicatrices de una tragedia que aún nos mantiene en fase de duelo. A él se asomaban, casi cada día, José Luis y Pilar, otras dos víctimas anónimas del COVID-19.

El autor de esta instantánea, metáfora perfecta de la desolación que se siente en muchos hogares de España, es José Antonio Bautista (@JoseAntonio_BG), un joven periodista que vive en la acera de enfrente, en la calle Martín de Vargas, en el madrileño barrio de Embajadores. A José Luis Fouce y María del Pilar Fernández, los que hasta hace poco regaban esas plantas, sólo les conocía de vista, pero su vecina Petra López, de 89 años, le contó su historia. Ella vive en el sexto y él en el quinto. El pasado viernes se encontró con ella en el rellano. Estaba triste porque no podía salir a la calle, ya que se había estropeado el elevador que salva las escaleras que hay en el portal y no se atrevía a bajar con su maltrecha rodilla. José Antonio, que tiene mucha confianza con ella, le invitó a su casa a tomar un café.

En esa charla le contó historias de muchos vecinos del barrio, a los que identifica por las macetas que tienen en sus ventanas y balcones. Al detenerse con la mirada en el balcón de las flores mustias se entristeció y le explicó que sus inquilinos fallecieron recientemente por coronavirus. José Luis, de 71 años, empezó con una tos seca que se fue complicando. Falleció después de tres semanas en la UCI de la Fundación Jiménez Díaz. Tras la muerte de su marido, Pilar, de 70 años, también empezó a presentar síntomas. Los sanitarios la recogieron en casa y la llevaron de emergencia al hospital, donde falleció el 1 de abril.

 

José Luis Fouce y María del Pilar Fernández
José Luis Fouce y María del Pilar Fernández

 

Dos días después, con la calma que brindan los domingos, José Antonio se asomó al balcón y al reparar de nuevo en esas plantas agonizantes subió la foto a su cuenta de Twitter, junto con una impactante reflexión: "Hace nada ese balcón era un vergel. Ahora está así de triste porque la pareja que le daba vida murió por Covid. Los balcones muertos son cicatrices visibles de la pandemia. Recuerdo de tantas personas queridas que se fueron. A veces cuesta creerlo". Su publicación, convertida en símbolo de la tristeza, se ha hecho viral, siendo compartida por miles de personas.

Después de que esta historia se haya popularizado, José Antonio ha publicado otro tuit con la imagen del mismo balcón hace un año, con hojas verdes y flores llenas de vida. "No esperaba esta repercusión ni que la gente empatizara tanto con ese dolor", cuenta a 65Ymás el autor de esta foto, al que le está escribiendo "gente de muy diversa índole, tanto españoles como extranjeros; de izquierdas y de derechas, jóvenes y mayores".

 

 
Balcón

"Muchos se ven en esas plantas porque se sienten mustios"

"A pesar de lo sucio que está el debate ahora mismo y de la incertidumbre que sobrevuela la vida de tanta gente, todavía estamos haciendo la digestión de lo que ha pasado. Tenemos mucho dolor dentro, tanto los que hemos perdido a alguien como los que no. La pandemia ha sido terrible y esta imagen ayuda a dar el primer paso en la resolución de cualquier problema, que es la aceptación", reflexiona este periodista. 

"Tengo la sensación de que se nos olvida el tsunami que ha barrido este país y esta imagen nos ayuda a poner los pies en la tierra y a ser conscientes de que esto ha sido muy grave. Hay aún mucho dolor en el aire y estamos todavía en el duelo a pesar del ruido de la normalidad. Somos vulnerables, efímeros y solo tenemos una vida. Quizás mucha gente se ve en esas macetas porque se siente mustia", afirma sobre el impacto que ha causado su imagen.

José Antonio destaca que José Luis y Pilar eran "muy queridos" en este céntrico barrio, con "una media de edad relativamente alta" y donde "su pérdida se ha sentido mucho". "Eran muy activos, estaban en asociaciones de ayuda a personas mayores, suscritos a una cofradía, les gustaba la música y tocaban... La gente del barrio les quería mucho", asegura. Otros dos mayores –aunque todavía jóvenes– con los que la pandemia se ha cebado, penalizados, en muchos casos, por protocolos políticos y sistemas de triaje que les han dado por amortizados.

 

José Antonio Bautista y Petra López
José Antonio Bautista y Petra López (Cedida por José Antonio Bautista)

 

"Es muy cruel este virus, pero por hacer una lectura positiva de todo esto, una vez más, deberíamos volver a ver a los mayores como ejemplo. Se han comido la cuarentena en muchas ocasiones solos y han demostrado una conciencia, resiliencia y fuerza tremenda. Ojalá esta imagen sirviera para hacernos ver que tenemos que escuchar con más paciencia y con más atención a la gente mayor, por su experiencia, porque han vivido situaciones terribles y han aprendido cosas que ahora nos han venido muy bien. Desde la capacidad de vivir con muy poco –que nosotros, los más jóvenes, no tenemos tanto– hasta la entereza y la forma de pensar en colectivo", señala.

Y, como ejemplo, su vecina Petra, de la que cuenta que, en los primeros días de confinamiento, fue a su casa para preguntarle si necesitaba que le comprara algo. Sin embargo, ella le sorprendió: se había adelantado y ya había comprado cosas para él. La historia de José Antonio, Petra, José Luis y Pilar reluce hoy en este barrio de Madrid, como esa bombilla encendida tras el balcón marchito, que todavía hoy nadie ha apagado. 

0

No hay comentarios ¿Te animas?