Cultura

15 historias que posiblemente no conocías sobre Adolf Hitler

Antonio Castillejo

Domingo 3 de octubre de 2021

19 minutos

Su nominación al Premio Nobel de la Paz, la obsesión por su sobrina, adicciones, atentados...

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Antonio Castillejo

Domingo 3 de octubre de 2021

19 minutos

Si ha existido un personaje que para desgracia de la humanidad marcase más que nadie la historia del pasado siglo XX, ese sería Adolf Hitler. Sobre el hombre que sembró Europa de siniestros campos de concentración, segó la vida de seis millones de judíos y arrastró al mundo a un terrible enfrentamiento que se saldó con la muerte de más de 60 millones de personas (algunos historiadores hablan de 100 millones), se han escrito infinidad de libros, se han vertido ríos de tinta en los periódicos y rodado miles de horas de documentales. Sabemos mucho de la vida del dictador nazi, pero nunca está demás recordar algunas historias, quince, que tal vez no conocías o has podido olvidar.

Se hizo alemán seis semanas antes de llegar al poder

Hitler de niño

 

Pese a que llegara a ser el gran líder del pueblo alemán, el conductor que guiaría a Alemania por la senda del Reich destinado a "perdurar durante mil años", Adolf Hitler no era alemán.

Nació en Austria, entonces Imperio austrohúngaro, no en Alemania, el 20 de abril de 1889, en la pequeña localidad de Braunau am Inn, cerca de Linz, que hoy cuenta con poco más de 15.000 habitantes bastante hartos de las visitas de los turistas que constantemente les recuerdan el origen del dictador.

La segunda ronda de las elecciones a la presidencia de Alemania que terminaría por llevarle al poder tuvo lugar el 10 de abril de 1932, los nazis eran favoritos para la victoria y Hitler pensó que tal vez convendría que un futuro canciller de Alemania fuese alemán, así que decidió nacionalizarse seis semanas antes de las elecciones, el 25 de febrero de aquel 1932.

Su partido logró en aquellos comicios más votos que ningún otro, el 33%, y el 30 de enero de 1933, Hitler fue nombrado canciller. “Parece un sueño: la Wilhelmstraße es nuestra", escribió ese mismo día Joseph Goebbels, en su diario.

Hijo de un padre autoritario casado con su prima

Los padres de Hitler.

 

El padre de Adolf Hitler, Alois Hitler, era un funcionario de aduanas austríaco tremendamente estricto y temperamental, carácter que, al parecer, trasmitió a su hijo. 

Su madre Klara Pölzl, también austríaca, era la prima de su padre, lo que obligó a la pareja a pedir una dispensa papal para poder contraer matrimonio.

Alois estaba decidido a que Adolf se preparara para convertirse en funcionario y de hecho lo matriculó en una escuela para ello, pero el joven Hitler siempre fue mal estudiante, de hecho no llegó a finalizar la enseñanza secundaria, prefería dedicarse al dibujo y la pintura. Sea o no por las constantes discusiones con su hijo, Alois Hitler falleció por un paro cardíaco en 1903.

Muerto su padre, el futuro líder nazi solicitó el ingreso en la Academia de Bellas Artes de Viena, pero no fue admitido por carecer de talento. No obstante permaneció en la capital austríaca, donde vivió gracias a una pensión de orfandad y a algunos cuadritos vendidos a los turistas, hasta 1913. 

Soldado mediocre y con secuelas de la guerra

Hitler en la primera Guerra Mundial.

 

Tras abandonar Viena se alistó como voluntario en el ejército bávaro para combatir en la primera Guerra Mundial. Al parecer no fue un mal soldado, pero desde luego no fue brillante porque no logró conseguir más graduación que la de cabo puesto que, según los informes de sus superiores, carecía de dotes de mando.

Durante la guerra resultó herido en varias ocasiones. En 1916, a consecuencia de la esquirla de una granada que se clavó en su ingle y en 1918, a raíz de un ataque enemigo con gases que le dejó temporalmente ciego

Todo apunta a que en el incidente de 1916 Hitler perdió un testículo. El asunto, siempre comentado, volvió a las primeras páginas de los periódicos en 2010 cuando se publicó un informe médico en el que se aseguraba que padecía "criptorquidia del lado derecho".

Dicho informe fue elaborado por el doctor Josef Brinsteiner que examinó al futuro dictador el 12 de noviembre de 1923 durante su paso por la cárcel tras el fallido golpe de estado que llevó a cabo en Múnich. Así lo recoge el historiador Peter Fleischmann en su libro Hitler como prisionero en Landsberg am Lech, 1923/24.

En cualquier caso, lo cierto es que cuando esta información saltó a la prensa alemana no fueron pocos los medios que recordaron cómo los soldados ingleses cantaban en la segunda Guerra Mundial una canción, "Hitler has only got one ball", que no creemos que necesite traducción.

Tal vez fuese ese el motivo de la muy comentada difícil relación que mantenía con su sexualidad. Se ha publicado que se hacía inyectar testosterona, especialmente cuando Eva Braun estaba cerca. También se rumoreó, aunque parecen afirmaciones tan falsas como grotescas, que se inyectaba semen de toro y tenía fimosis.

Fulgurante ascenso y encarcelamiento

Hitler en la cárcel

 

Al finalizar el conflicto armado Hitler se unió en septiembre de 1919 al Partido Obrero Alemán al que siete meses después ya dedicaba todo su tiempo, precisamente en la época en la que el partido cambió su nombre por el de Partido Nacionalsocialista Alemán del Trabajo, o Partido Nazi por sus siglas, del que sería elegido presidente con poderes absolutos en 1921.

De hecho, en noviembre de 1923 encabezó como líder nazi un fallido golpe de estado, putsch de la cervecería de Munich, contra la República de Weimar.

El intento no tuvo éxito y Adolf Hitler fue sentenciado a cinco años de prisión como cabecilla del levantamiento, pero solo cumplió ocho meses de condena en los que aprovechó para dictar a su entonces íntimo amigo y compañero de celda Rudolf Hess, que moriría con 93 años como único prisionero de la cárcel de Spandau en 1987, la biblia del nazismo, su autobiografía bajo el título de Mein Kampf (Mi lucha).

Sus discursos, sus fotografías y las del gueto polaco

Las posturas que Hitler ensayaba

 

Hitler preparaba durante días sus discursos para causar la impresión que se había marcado como meta conseguir. Tan preocupado estaba por proyectar una imagen mesiánica durante sus apariciones en público que practicaba las posturas que adoptaba durante las mismas para acompañar a sus arengas y que eran retratadas por el prestigioso fotógrafo Heinrich Hoffmann para que el führer las estudiara.

Por supuesto, después de haberlas examinado, Hitler dio orden a Hoffmann de que destruyese tanto las fotografías como sus negativos, pero no se aseguró de que sus deseos se cumpliesen y después de la segunda Guerra Mundial las instantáneas se hicieron públicas.

Algo similar sucedió con otro fotógrafo muy cercano al dictador, Hugo Jaeger. Con el tiempo, llegó a convertirse  en fotógrafo personal de Hitler y hasta obtuvo permiso para fotografiar los guetos de Polonia. Pero tras la muerte del führer se ocultó él y a sus fotos y cuando los años pasaron y los juicios de Núremberg se olvidaron, vendió aquellas fotografías por una fortuna a la revista Life.

Ventosidades, catadoras, comida vegetariana... 

Hitler comiendo

 

Su nombre era Margot Woelk y fue la mujer que durante la segunda Guerra Mundial ejerció de 'catadora' para Hitler. Tras el conflicto bélico contó en los medios de comunicación cómo fueron los dos años que pasó al servicio del Fürer.

El trabajo de Margot consistía en probar los platos que Hitler comía para detectar la posible presencia de algún veneno en ellos y narró cómo era el estricto régimen vegetariano que seguía el dictador.

Según sus biógrafos, al parecer seguía esta dieta para combatir los problemas estomacales que sufría y que le producían gran cantidad de malolientes gases

De hecho, contaba para su servicio personal con un invernadero cerca del Berghof que le suministró abundante frutas y hortalizas frescas durante toda la guerra. Consumía sobre todo espárragos, guisantes, ensaladas y arroz. Además, ni fumaba ni consumía alcohol para no agravar los problemas de su estómago.

No obstante, bebía cerveza y vino cuando se encontraba en privado aunque dejó definitivamente esta costumbre en 1943 cuando comenzó a ganar peso.

Por lo que al tabaco se refiere, durante su juventud llegó a fumar 40 cigarrillos al día, pero dejó este hábito porque era "una pérdida de dinero". Pero cuando decidió que afectaba directamente a su estómago prohibió totalmente que se fumase en su presencia y declaró que se trataba de “un acto decadente” y la viva imagen de “la ira del hombre rojo (en referencia los indígenas americanos) contra el hombre blanco por haberle llevado el aguardiente”.

Barajó la idea de que los cigarrillos alemanes no tuviesen nicotina y suprimió la costumbre de incorporar paquetes de cigarrillos en las cestas navideñas que se enviaban a los soldados en el frente obligando a sustituirlos por caramelos.

Hipocondríaco y drogadicto

Hitler riendo junto a su médico personal

 

Adolf Hitler fue tremendamente hipocondriaco, también era sumamente nervioso y se automedicaba para tratar enfermedades inexistentes. Así se sostiene en un informe militar secreto norteamericano de 47 páginas en el que se afirma que también tomaba tranquilizantes para conciliar el sueño para posteriormente ingerir un sinfín de estimulantes durante el día y así contrarrestar su efecto.

Este mismo informe asegura que el Fürer comenzó a consumir Pervitin, un medicamento compuesto de anfetaminas en 1937, pero que durante la segunda Guerra Mundial, concretamente desde finales de 1942, se convirtió además en un adicto a la metanfetamina, una de las drogas más fuertemente adictivas que entonces se administraba a los soldados que combatían en el frente.

En el informe destinado a la Oficina de Servicios Estratégicos en 1943, el profesor Walter C. Langer, de la Universidad de Harvard, le describió como "psicópata neurótico".

También es bien sabido que su médico personal desde 1936 hasta su muerte, Theodor Morell, le recetaba infinidad de medicamentos y drogas y era famoso aquellos años en Alemania por sus controvertidos tratamientos alternativos y poco convencionales.

El fútbol, Disney, su perra, la astrología y el circo

Hitler y su perra Blondi

 

Adolf Hitler no le gustaba el deporte y sobre todo odiaba el fútbol. La razón era sencilla, éste es un deporte de masas en el que es imposible ganar siempre y el dictador no soportaba la posibilidad de que Alemania pudiese perder contra otro país por mucho que se hubiese sobornado al árbitro o a los jugadores del equipo contrario.  

Por contra, y aunque siempre fue un personaje abyecto, resultó ser un amante de los animales, sobre todo de su fiel perra pastor alemán a quién bautizó como Blondi.

Otra de sus pasiones fue la astrología. El dictador no tomaba ninguna decisión de envergadura sin antes haber consultado con su astrólogo personal, el suizo Kart Ernst Krafft. De hecho, el servicio de inteligencia británico, consciente de ello, consultaba a a su vez con el astrólogo húngaro Ludwig von Gol para intentar adivinar sus planes.

Hitler también disfrutaba enormemente del circo, sobre todo si en los espectáculos se representaba a mujeres en apuros o había artistas que arriesgaban la vida.

Pero es bien sabido que el Fürer disfrutaba cada noche de una película de cine, muchas de ellas prohibidas en Alemana, y una de sus mayores pasiones era el cine de Walt Disney y en cuanto tenía oportunidad, sentenciaba que Blancanieves era una de las mejores películas de la historia. 

Hasta tal punto fue así que tras el final de la segunda Guerra Mundial se encontraron varios bocetos de personajes de Disney dibujados por él mismo.

Obsesianado con su sobrina

Hitler y Geli Raubal

 

La madre de Geli Raubal, sobrina de Hitler, comenzó a trabajar para el dictador como ama de llaves en 1925, cuando su hija tenía 17 años. Desde entonces y hasta su muerte seis años después, Geli sostuvo un estrecha relación con su tío Adolf, 19 años mayor que ella.

La madre de la muchacha era el ama de llaves de Berghof, la casa de Hitler en Berchtesgaden, pero un año después de comenzar a trabajar su hija Geli se separó de ella y para vivir en el piso que Hitler tenía en la Prinzgentenstrasse de Munich.

A raíz de este traslado la joven comenzó a frecuentar el círculo de confianza del líder nazi y a tratar directamente con sus amigos y correligionarios aunque no todos ellos la aceptaron. Algunos, como el secretario de prensa Ernst Hanfstaengl, no veían bien que Hitler llegase a desatender los asuntos del partido por pasar más tiempo con su sobrina a la que tildó de "calculadora oportunista"

Por otra parte, Hitler estaba obsesionado con controlar todos los movimientos de su sobrina y cuando descubrió que había mantenido una relación con su chófer, Emil Maurice, la obligó a romper con él que dejó de estar a su servicio. A partir de entonces no la permitía tratarse con nadie, ni siquiera salir con sus amigas.

Otro líder nazi de aquella época, Otto Strasser asegurará años más tarde que Geli le confesó que su tío le pedía que "hiciera cosas simplemente repugnantes". Sea como fuere, lo cierto es que la muchacha terminó suicidándose con tan solo 23 años, en septiembre de 1931, en casa de de su tío y con el revolver del propio Hitler.

La historia del bigote

El bigote de Hitler

 

Si por algo se podía reconocer a Hitler en una fracción de segundo era por su pequeño bigote cuadrado a modo de mosca y cortado como a cepillo. Pero sin embargo no siempre tuvo ese aspecto.

Durante la primera Guerra Mundial el cabo Hitler lucía un espléndido mostacho, por otra parte de moda en aquellos años, cuyas puntas cubrían parte de su rostro.

Uno de sus compañeros de armas llamado Alexander Frey escribió en su diario que fue él quien le instó a recortarse el bigote para que pudiese colocarse adecuadamente las máscara antigás que de otra forma no podía ajustarse bien a la cara.

Años después, en 1923, el ya mencionado Ernst Hanfstaengl le aconsejó que o se afeitase el bigote o se lo dejase crecer porque su aspecto no tenía nada que ver con la moda del momento. Pero, según explica Thomas Fuchs en su  A Concise Biography of Adolf Hitler, el líder nazi le contestó:  “No te preocupes por mi bigote. Si no está a la moda ahora, lo estará luego porque lo llevo yo”.

Homófobo y... ¿homosexual?

Hitler en pantalón corto

 

El ya mencionado Thomas Fuchs refiere en A Concise Biography of Adolf Hitler que el Fürer nunca permitió que alguien lo viese desnudo, ni tan siquiera sus médicos.

Además proyectaba la imagen del perfecto homófobo ordenando matar a cualquiera que denotase tendencias homosexuales.

Sin embargo, el historiador alemán Lothar Machtan asegura en su libro Los secretos de Hitler que el Fürer era homsexual

Para sostener esta afirmación, Machtan se basa en las memorias de Hans Mend, compañero de Hitler durante la primera Guerra Mundial que a tribuye a este una hipotética homosexualidad.

En el libro se especula con la posibilidad de que su primera relación fuese con  August Kubizek, un estudiante de música que como Hitler era un entusiasta de la música de Richard Wagner y compartió habitación con él a los 19 años. Sea como fuere su amistad fe duradera y en 1951 Kubizek publico un libro con el título de Adolf Hitler, mi amigo de juventud.

También se ha citado como fuente un dossier del general Otto von Lossow que estuvo junto a Adolf Hitler en el putsch de la cervecería de Múnich del año 1923, de donde se desprenderían posible relaciones afectivas con varios correligionarios en los años veinte.

Machtan asegura que el Fürer utilizaba sus relaciones con mujeres como una tapadera y permitía la filtración de las noticias de posibles amantes.

Un kilo de chocolate diario

La dieta de Hitler

 

Se cuenta que a pesar de su preocupación por la obesidad, Hitler estaba absolutamente dominado por su afición al azúcar. Es de nuevo el historiador Thomas Fuchs quien sostiene que el líder nazi ponía en su taza de té hasta siete cucharadas de azúcar

Ernst Hanfstaengl, de quien también se ha hablado ya en esta pieza, aseguró que en más de una ocasión le vio incluso echando añadiendo azúcar al poco vino tinto que bebía.

Por su parte N. Enoch, mantiene en Death by Chocolate que Adolf Hitler comía casi un kilo de chocolate diario y que fue quien ordenó el intento de asesinar a Winston Churchill con una bomba de chocolate, plan que fue descubierto por los agentes del MI5 antes de que fuera llevado a buen término.

Nominado al Premio Nobel de la Paz

Hitler pasa revista

 

Aunque parezca increíble, Adolf Hitler fue nominado en 1939, el mismo año en que invadió Polonia, al Premio Nobel de la Paz.

Fue un miembro del parlamento sueco, el Riksdag, perteneciente al Partido Socialista del país nórdico, Erik Gottfrid Christian Brandt quien propuso al canciller alemán para recibir el galardón, si bien posteriormente, una vez ya formalizados los trámites declaró que su iniciativa fue un “sarcasmo”.

El socialista planteó la cuestión ante el Comité Nobel noruego, encargado de otorgar este premio, alegando el alegando el “ardiente amor por la paz" de Hitler.

El escándalo que se formó fue realmente mayúsculo y Brandt aclaró entonces que era su manera de protestar contra el nombramiento del conservador Neville Chamberlain como primer ministro británico después de haber pergeñado la política de apaciguamiento con el líder nazi y firmar los acuerdos de Múnich de 1938 por los cuales se cedía Checoslovaquia a Alemania.

Finalmente la propuesta fue retirada, pero como había sido oficialmente presentada se registró, y allí continúa.

En cualquier caso, a Hitler no pareció hacerle mucha gracia porque decretó que ningún alemán recibiese el Premio Nobel y creó el suyo propio, el Premio Nacional Alemán para las Artes y las Ciencias con el que se galardonó al ingeniero automovilístico Ferdinand Porsche por desarrollar el primer vehículo híbrido.

Intentaron matarle no menos de 42 veces

Operación Walkiria

 

Nunca se ha podido concretar, como es lógico, el número exacto de intentos de matar a Hitler, obviamente sería imposible, pero sí existe entre los historiadores un amplio consenso en cifrar en no menos de 42 tentativas de acabar con Hitler, todas ellas, claro está, fallidas.

Tal vez el intento de magnicidio fallido contra el Fürer más famoso fue el conocido como 'Operación Valkiria' que incluso fue llevado al cine en 2008 por Bryan Singer con Tom Cruise como protagonista.

El atentado se perpetró el 20 de julio de 1944, casi un año antes del final de la II Guerra Mundial, y fue orquestado por conspiradores civiles y militares convencidos de la necesidad de derrocar al régimen nazi y negociar el fin del conflicto bélico con las potencias aliadas.

Aquel día, Hitler había convocado una reunión de su Estado Mayor en su cuartel general de Prusia Oriental, en Ketrzyns -actual Polonia-. Allí estuvo presente como miembro de ese Estado Mayor el coronel Claus Philipp Maria Justinian Schenk Graf, conde de Stauffenberg, que fue el encargado de colocar un maletín con una bomba activada bajo la mesa donde el líder nazi presidía la reunión.

Murieron cuatro de las 24 personas que se encontraban en la sala en el momento en el que la bomba hizo explosión, pero Hitler sólo sufrió heridas leves. Aquel día tuvo la inmensa suerte de que uno de los asistentes al consejo empujó con el pie y sin querer el maletín instantes antes de la detonación.

Por supuesto, la posterior represión fue verdaderamente feroz. La Gestado detuvo a entre 700 y 5.000 sospechosos, según las fuentes que se consulten, y de ellos fueron ejecutadas 200 personas.

Un suicidio cuidadosamente planeado

Hitler y Eva Brown

 

El suicidio de Hitler no fue fruto de la improvisación, todo lo contrario estuvo cuidadosamente planeado.

Las tropas rusas estaban ya en Berlín a pocos metros del Führerbunker, refugio antiaéreo ubicado cerca de la Cancillería del Reich y Hitler procedió ordenadamente.

En primer lugar se despidió de su cúpula militar y política que se mantuvo hasta entonces junto a él en el bunker y seguidamente hizo lo propio con el personal administrativo y de servicio antes de entrar en su habitación con Eva Braun, la amante con la que, tras años de relación, se había casado en secreto 36 horas antes.

Fue Heinz Linge, su jefe de personal, quien más tarde relató cómo poco después se escuchó un disparo. Sus hombre esperaron un cuarto de hora antes de entrar. Adolf Hitler se había disparado en la cabeza con su pistola después de haber injerido una cápsula de cianuro. Eva Braun, que ya había intentado e suicidarse en dos ocasiones para llamar la atención de su amante, también tomo una cápsula y eso fue suficiente para causarle la muerte.

Finalmente, siguió las instrucciones precisas de su líder, Linge, junto con un grupo de otros oficiales nazis, trasladaron los cadáveres fuera del búnker, los depositaron en la zanja que había causado la la caída de un obús soviético y los quemaron. Ella tenía 33 años y él 56.

Sobre el autor:

Antonio Castillejo

Antonio Castillejo

Antonio Castillejo es abogado y periodista. Comenzó su carrera profesional en la Agencia Fax Press dirigida entonces por su fundador, Manu Leguineche, en la que se mantuvo hasta su desaparición en 2009. Especializado en información cultural y de viajes, desde entonces ha trabajado en numerosos medios de prensa, radio y televisión. Actualmente volcado con los mayores en 65Ymás desde su nacimiento.

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