Sociedad

"Mujeres (mayores) libres y orgullosas de serlo”

Pablo Recio

Foto: Pablo Recio

Madrid, Viernes 8 de marzo de 2019

4 minutos

65Ymás asiste a una sesión del taller de empoderamiento femenino 'Lidera tu vida'

El taller 'Lidera tu vida' se realiza todos los miércoles en la Fundación Alicia y Guillermo.

Cada miércoles, un grupo de 8 mujeres se reúne en el local de la Fundación Alicia y Guillermo, situado en el barrio madrileño de Tetuán, para participar en el taller Lidera tu vida, una dinámica para empoderar a la mujer mayor. Dependiendo de la ocasión, las asistentes visualizan conferencias, charlan sobre lecturas o comentan experiencias personales, asesoradas por una psicóloga que guía las actividades.

El día que 65Ymás presencia la actividad, se proyecta una ponencia de un economista latinoamericano que da consejos sobre cómo no ser “una oveja más” y cómo convertirse en “una tigresa” que toma sus propias decisiones. Tras la visualización de la charla, las asistentes reflexionan y relacionan lo expuesto por el experto con sus propias vivencias.

La mayoría están de acuerdo sobre el hecho de que, en algún momento de sus vidas, han sido “ovejas” y han hecho lo que de ellas se esperaba. Aún así, muchas piensan que, gracias a estos talleres, están cambiando sus vidas. No obstante, el camino para liderar su destino no es fácil, reconocen.

Después de este interesante coloquio, las mujeres pasan a la actividad del día: al estar en vísperas del 8 de marzo, quieren confeccionar un lazo morado entre todas con una cartulina. Mientras la recortan, charlan sobre cómo será la manifestación del 8-M (que tendrá lugar dos días después) y debaten acerca de cuál es el origen del color morado del símbolo feminista. Cuando acaban la manualidad, escriben en él un mensaje que, según ellas, las representa: “Mujeres libres y orgullosas de serlo”. Acto seguido, con el símbolo feminista alzado, se dan la mano y corean este mismo lema, sonrientes y mirándose a los ojos. La actividad termina, pero la tertulia prosigue.

Las asistentes confeccionan un lazo morado por el 8-M.

La emancipación llegó con la jubilación

“Vengo al taller porque me parece una idea estupenda que nos ayudemos entre todas”, comenta Encarna Paniza, una mujer jubilada de 58 años. Es la primera vez que asiste a este tipo de dinámica no mixta. “Lo que aprendemos aquí nos lo llevamos a casa. Con las enseñanzas y pautas que nos dan conseguimos salir de situaciones complicadas”, explica.

La actividad sirve también para conversar sobre las barreras que se han encontrado en sus vidas por el hecho de ser mujeres. Un tema recurrente en la conversación es la maternidad. “Por ser madre lo tienes peor en el terreno laboral”, apunta. Y pone un ejemplo: “Una amiga mía tiene una hija que ha luchado toda su vida por ser piloto. Su marido también lo es, pero se ha quedado embarazada y la que ha renunciado al trabajo es ella. El problema es que cuando esta chica quiera volver a incorporarse se le habrá pasado el momento para su promoción”.

Aún así, Paniza piensa que, aunque quede mucho por hacer, también se han logrado avances. “Hemos sido una generación de rompedoras”, apunta. Y añade: “El hecho de haber dado a nuestros hijos una educación en igualdad, habiendo recibido una que no lo era, será digno de estudio”.

La voz de la experiencia

La más veterana (por edad) de todas las presentes es Paquita Rico. “Hace cinco meses empecé a acudir con regularidad al taller porque, hasta el momento, estaba dedicada a mi marido”, comenta. “Nos hace mucho bien”, explica. Pero, si con algo se queda, es con la empatía que se genera entre ellas cuando hablan de una situación concreta y la respuesta es: “Sí, sí, eso también me ha pasado a mí”.

Aunque quede mucho por hacer, Paquita es optimista. “En mi época, sólo estudiaban los hombres”, recuerda. Así, comenta que mira a su hijo y ve que, aunque él haya recibido una educación más tradicional, su comportamiento ha cambiado con los años y eso le llena de alegría. Además, no sólo es distinto el trato hacia las mujeres, sino también con respecto a los propios hijos: “Nos hemos puesto a su altura. Antes tenías un problema y no querías que se enterase tu padre. Decía una cosa y había que cumplir”, explica.

Encarna Paniza (izda.) y Rosa María Ferrero (dcha.).

Distintas formas de entender el feminismo

Otra de las mujeres presentes en la actividad es Rosa María Ferrero, “ama de casa, madre y abuela”. Asiste al taller, “para tomar conciencia de las cosas y conseguir armonía” en su vida. Para ella es importante que sólo participen mujeres en la actividad, por la confianza que se genera entre ellas y por el hecho de que piensan “de una manera similar”. “Aquí no tratamos temas de personas mayores, hablamos sobre mujeres”, sentencia.

Por su parte, entiende que aún queda mucho camino por recorrer para “lograr la igualdad verdadera”, que no es lo mismo “que ser como los hombres”. En cuanto a las diferencias entre ambos sexos, la mujer le da mucha importancia a la maternidad. “Los hijos necesitan mucha dedicación. No sé si me hubiese compensado estar menos con ellos”, comenta.

Rosa María tiene su particular manera de entender la lucha de las mujeres. “No me siento como las feministas de ahora. Pretenden representar a todas y no somos como ellas. Es por la forma de reivindicarlo, en el fondo de la cuestión estamos de acuerdo”, explica. Tampoco comparte algunas de las prácticas de las, según ella, “extremistas del aborto”. Para Ferrero, “cada una tiene su libertad” pero “tienes que cuidar de tu cuerpo también”. Además, “todo está politizado”, comenta. Y añade: “Iría a la manifestación del 8-M si no fuesen estas mujeres que me generan mucho rechazo”. A modo de conclusión, deja un recado a los hombres: “Les diría que respeten a la mujer y que nos vean como iguales”.

Paquita Rico (izda.) y Leticia Fuentes (dcha.).

Mujer mayor y extranjera

Por último, interviene Leticia Fuentes, una mujer venezolana que asiste con frecuencia a las actividades de la fundación. “Trabajé, durante 40 años, en una institución y estaba totalmente entregada a ello. No vivía en libertad, ahora sí. Además, a parte del trabajo, tampoco tengo ya la presión de un marido. He vuelto a la vida”, afirma.

Aunque vengamos de otros países, los problemas son muy similares”, añade la venezolana. En su opinión, “el Estado tiene que dar derechos a la mujer”. Para ella, “las empresas y la administración deben tratar con el mismo respeto a las mujeres que a los hombres”. Y concluye, recurriendo a un lema que sintetiza su pensamiento: “Para el mismo trabajo, el mismo salario”.

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Merche Hace 6 meses
Pablo, genial reportage, mi enhorabuena para ti y para, este periodico