Sociedad

Es posible combatir la soledad a través del urbanismo: "Queremos vivir con calidad de vida"

María Bonillo

Foto: Bigstock

Sábado 4 de diciembre de 2021

15 minutos

"Tenemos que proyectarnos hacia un futuro en el que convivamos y vivamos con salud y bienestar"

Es posible combatir la soledad a través del urbanismo: "Queremos vivir con calidad de vida". Foto: Bigstock
María Bonillo

Foto: Bigstock

Sábado 4 de diciembre de 2021

15 minutos

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la soledad es uno de los mayores riesgos para el deterioro de la salud de las personas mayores, y un factor determinante que favorece la entrada en situaciones de dependencia. Son muchos los estudios que se han realizado y que se están realizando sobre el tema, así como las intervenciones por parte de las administraciones públicas y el interés que muestran los propios colectivos de personas mayores.

En estos estudios se constata que con la salud y el dinero, la soledad no deseada es una de las principales preocupaciones de las personas mayores; la salud, el dinero y el amor, en definitiva. Circunstancias como la jubilación, la viudedad, asumir el cuidado de un familiar dependiente, influyen especialmente en el sentimiento de soledad que puede originar tristeza o ansiedad, sin contar, además, como constatan muchos estudios, un mayor peligro de sufrir caídas y fracturas.

Además de los factores relacionados con la edad, están los cambios en las estructuras y modelos familiares, los nuevos modelos de comunicación, las nuevas tecnologías, un urbanismo no pensado para la convivencia, la despoblación en las zonas rurales y una sociedad cada vez más individualista. Y en este sentido, la accesibilidad cobra especial relevancia, un factor al que muchas veces no se le da la importancia que realmente tiene.

Autoestima y sensación de soledad. Foto: Bigstock

“No a la soledad, sí a la convivencia”

Son muchas las ciudades con viviendas que tienen problemas de accesibilidad, como la falta de ascensores, que impide a muchas personas poder salir de sus casas. Cuestiones como esta han cobrado verdadera importancia este año, cuando nos hemos dado cuenta de que una de las claves para salvar la soledad de las personas mayores es “hacernos más accesibles en el mundo digital, es decir, romper la brecha digital, y poder decidir dónde queremos seguir viviendo y de qué manera.

“Si algo queremos los mayores es, además de una pensión digna, salud y vivir con calidad de vida y bienestar”, comentaba Javier García, Director gerente de CEOMA (@CEOMA_ong), en el XVII Congreso de Mayores de Telefónica. Y es posible tomar decisiones que contribuyan a este bienestar, también desde el punto de vista de la arquitectura, que nos da la oportunidad de “hacer que nuestras ciudades y urbanismos sean más accesibles y adaptados para todos”.

Queremos un buen trato, que se nos trate con respeto, con dignidad, porque la edad en ningún caso puede ser óbice para que suframos las consecuencias de una sociedad que simplemente nos olvida o nos aparta, cosa que no ha sucedido durante las crisis, porque las personas mayores siempre han sido las que dan la cara, las que ayudan y el primer apoyo para todos”, señala Javier. “A ser posible, hagamos las ciudades y las viviendas accesibles, y si no es posible porque ya está hecho, pensemos de qué manera podemos adaptarlo para que sea la mejor fórmula para todos y seguir viviendo en los puntos donde hemos decidido vivir”.

¿Cómo afecta la arquitectura a nuestro entorno?

Afecta “muchísimo”, asegura Nieves Peinado, arquitecta de CEAPAT-IMSERSO (@Ceapat). “Primero modelamos las ciudades y luego las ciudades nos moldean a nosotros”. Si nos fijamos, las ciudades que hemos construido muchas veces están construidas para coches o vehículos que se desplazan rápido, cuando nosotros nos movemos de forma muy distinta. Esto es algo que afecta a nuestro estilo de vida, a nuestros comportamientos y a cómo desarrollamos las actividades.

Y en este sentido, es importante entender que cuando hablamos de salud, en un sentido completo de la palabra (psicológico, social, moral y físico), cobran relevancia también los entornos en los que vivimos y el cómo nos movemos. “Son, al final, una dimensión muy importante para nuestra salud”, comenta Carolyn Daher, especialista en salud pública de ISGlobal. “Hay que pensar cómo, desde nuestros entornos, podemos favorecer estilos de vida, independencia, autonomía y el contacto social”.

“La soledad es una epidemia”, reflexiona Carolyn. “1 de cada 3 personas en entornos urbanos sufre de soledad. Es un gran problema que afecta a muchos aspectos de nuestra salud, física y mentalmente. Por tanto, debemos pensar en la necesidad de replantearnos el cómo diseñar las ciudades para que estén dirigidas a las personas y sus necesidades”.

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“Cada vez vivimos más años, pero se trata también de vivir bien”

“No podemos pensar únicamente en la movilidad, tenemos que pensar también en la felicidad y en la satisfacción de las personas”, señala Jaime Prior y Llombart, arquitecto de CTAC. “El urbanismo es muy importante: nosotros generamos ciudades y luego ellas nos condicionan a nosotros de forma absolutamente crucial”.

Normalmente, planteamos las ciudades atendiendo a una serie de criterios, y acabamos olvidándonos de cómo vamos a vivirlas, se lamenta Jaime, algo que es “fundamental”. “Hemos generado un modelo de ciudad que es más o menos universal y parecida, donde la deshumanización, los criterios del conocimiento y del contacto humano han desaparecido”.

Y, de nuevo, la Covid-19 nos ha hecho poner el foco en aquellas ciudades que están poco planificadas. “Nos hemos dado cuenta de que aquello que nos parecía poco estudiado, la experiencia del tiempo ha dado la clave de que eran las mejores maneras de vivir, no solamente por el ritmo, por el contacto con la naturaleza, sino también por las mismas tipologías de las residencias”, comenta Jaime.  “A veces es necesario mirar atrás para darnos cuenta de que aquello que considerábamos antiguo, inútil o carente de una perspectiva de futuro, sin embargo era lo más coherente con un modelo de vida que nos acercaba mucho más a la realidad de la persona”.

Hay un envejecimiento poblacional, es una realidad “indiscutible”. Sin embargo, el aislamiento también es cada vez mayor, y esa soledad lleva aparejada un mayor número de enfermedades. Pero el urbanismo también puede ayudar a paliar este problema.  

Actualmente tenemos una esperanza de vida de 83 años, y en este sentido, lo ideal sería que el hecho de ser mayor se considerara lo más saludable posible. Cuando una persona enferma, la enfermedad no solo afecta a la persona que la sufre, sino también al familiar o al cuidador que está al lado. Para estas personas, el día a día puede resultar difícil, sobre todo en las ciudades.

“En este sentido, debería haber una mayor conexión para poder llegar a un programa más individualizado acerca de estas personas, porque nuestros familiares pueden vivir en perfecta soledad aún teniendo a su enfermo al lado, y esto es realmente complicado y doloroso”, explica Beatriz Albaladejo Chevillard, neuropsicóloga de la Asociación AFA Marina Baixa. “Con la pandemia nos hemos dado cuenta de que la edad no debería ser un impedimento para llegar a cualquier tipo de recurso público. Los familiares quieren y desean ayudar a su familiar, y quieren hacerlo desde su entorno, en sus casas, y para ello deberíamos intentar acoplar ese urbanismo que normalmente genera tantas brechas y dificultades para ellos en su día a día”.

Son muchas las barreras arquitectónicas que podemos encontrar al movernos por las ciudades y, en este sentido, Beatriz considera que es necesario empezar a eliminarlas. “Creo que sería todo más factible si pensáramos en zonas en las que pudiéramos tener todos esos servicios juntos, disponibles en un mismo lugar”. Hay que recordar que estar enfermos no significa que la vida se detenga. “La vida sigue para todos, y deberíamos conseguir tener entornos que no sean hospitalarios, sino entornos lo más saludable y hogareños posibles”.

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Ciudades proveedoras de salud y bienestar, no de problemas

Aunque las ciudades que tenemos actualmente tienen muchos problemas que se hace necesario resolver, también se han mejorado mucho los entornos. Sin embargo, “es cierto que, por un crecimiento rápido, forzado, o por otros objetivos, hemos olvidado el cómo viven las personas en algunos momentos”, reflexiona Nieves Peinado, quien considera que la causa también se puede deber a que nos hemos “forzado” a vivir de otras maneras, olvidándonos de ese contacto con el entorno cercano, con el barrio, con los vecinos, con el apego al lugar. "Eso es en lo que hay que trabar, y es algo de lo que somos conscientes a nivel mundial”.

París es un ejemplo de lo que se conoce como “ciudad de 15 minutos”, caracterizada por tener aquellos servicios necesarios a no más de 15 minutos andando. Habrá servicios que tengan que llegar a casa, pero habrá otros que se hará necesario salir a la calle. “Es saludable salir a la calle, es el punto de contacto con los demás”, explica Nieves. “Lo que pasa es que en lugar de trasladarnos en una hora en coche o transporte, buscamos otro tipo de relación. Creo que ese es el camino que ahora estamos buscando, el volver a esa cercanía y proximidad. Hay cosas que no se pueden llevar al domicilio, como el calor humano, a no ser que lo preparemos expresamente”.

El modelo de movilidad actualmente no prioriza la dedicación de espacio público, lo cual ha distorsionado el cómo podemos vivir, y vivir bien, en las ciudades, lo cual es fuente principal de muchos efectos negativos (contaminación acústica, falta de naturaleza, aumento de calor).

Carolyn Daher considera que “tenemos unas buenas bases, pero tenemos que repensar el modelo de movilidad y trabajar las conexiones entre los espacios verdes, entre los espacios públicos que permitan el contacto social y el acceso a servicios. Tenemos que llegar a la vida de proximidad”.

¿Qué tenemos que hacer para lograr esto? Ese es uno de los retos más importantes a los que nos enfrentamos como sociedad. “Lo que pasa es que fallamos en cómo hacer las cosas”, señala Carolyn. “Las administraciones no están preparadas para trabajar de manera multisectorial, es decir, trabajar todos juntos en diferentes disciplinas. Tenemos muchas oportunidades, pero tenemos que trabajar más en cómo efectuar estos cambios”.

“Se nos ha ido de las manos”

Existen dos tipos de usos de la ciudad: por un lado, los jóvenes y los adultos la usan para desplazarse; en cambio, los niños y las personas mayores las viven y las usan. “Hay una diferencia entre usar y moverse”, insiste la especialista en salud pública. “Esto es un gran problema porque todo el sistema de movilidad prima la eficiencia, es decir, llegar de un punto a otro lo más rápido posible. Para los mayores, el objetivo no es llegar rápido, sino que la movilidad es un acto en sí de intercambio y de ocio.

En estos momentos nos encontramos en un punto “crucial” del desarrollo en cuanto al concepto de movilidad. ¿Tenemos claro que dentro de 15 años la movilidad será la misma que ahora? Esta es la pregunta que plantea Jaime Prior. “Yo estoy convencido de que no”, asegura. “No va a tener nada que ver la movilidad que tenemos ahora con la que tendremos dentro de poco, espero que para mejor, porque evidentemente, aunque las ciudades son los mejores hábitats para la humanidad, es necesario mejorarlas, y en este caso mejorarlas centrándonos en los usos que tienen de las personas mayores”. Y quizás habría que tener esa idea de futuro, porque si cada 5 o 10 años va a ir cambiando, “es un coste económico para las ciudades que igual no pueden asumir”, añade José Bernabé.

El urbanismo se ha centrado en el crecimiento, donde el tráfico ha merecido una “excesiva atención”. “Se nos ha ido de las manos. Lo hemos generado mal”, comenta Jaime. “Por una parte, habría que hacer una reflexión sobre la distribución de los servicios, algo que es fundamental para usar las ciudades, incluso para las personas mayores, como son las aéreas libres y zonas verdes”. En este sentido, se hace necesario darles esa proximidad e inmediatez a los ciudadanos, no solo en cuanto a servicios, sino también en cuanto a áreas libres y zonas verdes. “Nos encontramos en el momento de la regeneración urbana, y nos tenemos que enfrentar a ella”.  

Y esto afecta también al tipo de vivienda que hemos creado en la ciudad. Cada vez es más difícil poder optar a una vivienda grande con jardín. Hay que vivir en comunidad, pero “debemos transformar esa comunidad de manera que no resulte agresivo, sobre todo para las personas mayores”. Viviendo en un bloque de viviendas pueden pasar años hasta que se llega a conocer a los vecinos, con los que se comparten elementos comunes. “No hay un espacio intermedio. ¿Cómo no va a estar mal una persona mayor? ¿Cómo no va a encontrarse más en ese hábitat?”, reflexiona Jaime.

La Covid-19 ha puesto de relieve estas cuestiones, la necesidad de tener espacios de relación, no solo a nivel de la ciudad, sino también en el ámbito de la vivienda. “Hay que conseguir que ese urbanismo sirva para que los vecinos sean vecinos, que haya una cercanía de convivencia, de colaboración. Hacia ahí deben ir los nuevos modelos”, comenta Beatriz Albaladejo.

La clave estaría, por tanto, en unas unidades de tranquilidad, donde, dentro de una gran ciudad, haya barrios que cuenten con todos los servicios necesarios. “En realidad, todo lo que queremos es reducir el aislamiento, la carga financiera y el tiempo dedicado a la asistencia. Para ello, si tuviéramos esos barrios donde estuviese todo centralizado, sería una ayuda para las personas en general, y sobre todo para los mayores, para que continúen y residan en su lugar”.  

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¿Qué queremos el día de mañana?

El ser humano es un animal social y, por ello, la participación social es de gran importancia. En ese sentido, se hace “importantísimo” promover actividades en las que las personas mayores tengan maneras de interactuar.

Con la edad viene un enlentecimiento motor y cognitivo, “que no por ello es negativo, simplemente hay que aceptarlo, y para ello debemos trabajar en que tengamos unas ciudades acordes con estas realidades”, señala Beatriz, para acabar con las barreras y dejar de sentirnos encerrados.

“En CEAPAT recibimos muchas consultas de personas con discapacidad o personas mayores que se encuentran, por ejemplo, con el problema de que su vivienda ha dejado de ser accesible, porque no pueden habitarla”, explica Nieves Peinado. Pero no son solo las administraciones las que deben facilitar apoyos, sino que nosotros mismos tenemos que hacernos responsables de esa situación a la hora de elegir la vivienda que queremos habitar.

“A veces es solo falta de información”, señala Nieves. “Tenemos que hablar también de la responsabilidad como ciudadanos a la hora de crearnos los apoyos que vamos a ir necesitando. Ser conscientes de esa necesidad. Y, por supuesto, también hay que hacerlo bien por parte de los arquitectos, los urbanistas y de las administraciones”.

La pandemia del coronavirus y el cambio climático han ayudado a poner el foco en estos problemas que hay que solucionar y para lo que puede ser muy útil la tecnología. “Siempre ha sido un poco nuestra tabla de salvación”, comenta Jaime. “La técnica es lo que nos diferencia de otras especies y es la que nos va a hacer pervivir”.

La pandemia sin la tecnología no hubiera sido dura, hubiera sido “insufrible”. Sin embargo, la tecnología nos ha permitido de alguna manera “dulcificar un desastre”. “La movilidad es imposible de prevenir, pero todas estas posibilidades tienen que ser parte de la solución, siempre pensando en el individuo”, recuerda Jaime.  

Un urbanismo dirigido a paliar la soledad

Para José Bernabé, el factor humano, el calor humano, es esencial, y lo es para todos. Por esta razón, considera que el urbanismo y la movilidad deben dirigirse a paliar la soledad. “Es fundamental, sobre todo para las personas que viven en soledad, que representan un tercio de las personas mayores”.

Resulta esencial volver a esa parte más humanitaria, volver a trabajar el civismo, donde tengamos presentes los unos a los otros. “Sí queremos que nuestro futuro de mayor cambie, debe pasar por volver a incluir en los colegios la parte más humanitaria, porque esa es la única forma en la que podremos tener una ciudad o pueblo en el que distintas generaciones puedan trabajar y convivir, de esa manera evitaríamos ese aislamiento del que hablamos”, coincide Beatriz.

El diseño de las ciudades puede evitar este tipo de situaciones y, a partir de acciones comunes, resolver un problema que está afectando de forma tan grave, como la pandemia que actualmente estamos viviendo.

“El urbanismo, la vivienda, todo esto son intervenciones de salud, por ello, la salud tiene que estar en todas las políticas. Es fundamental y una buena palanca para la transformación”, comenta Carolyn. En la misma línea, José Bernabé considera necesario la implantación de un modelo de colaboración, de ayuda mutua, que tienda a eliminar la soledad de los mayores e intente que los últimos años sean “bonitos, felices y donde se sientan arropados y con calor humano”.

“Los enfermos no deben vivir ni aislados ni en un entorno hospitalario”, coincide Beatriz. “Deberíamos hacerlo en un ambiente que sea lo más acogedor posible, con menos medicamentos y menos batas blancas. Al menos así me gustaría que fuese cuando sea más mayor”.

Sobre el autor:

María Bonillo

María Bonillo, periodista.

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